¿Hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo?

Christopher Josué Medrano González

Preparatoria de Tonalá

Participante del Encuentro Filosófico del SEMS 2018

Ganador del primer lugar del I Concurso

Nacional de Ensayo Filosófico 2017-2018

Resumen

Considero que todos somos conscientes de que algo anda mal en el mundo, de que en los últimos años, o quizá décadas o siglos, la crueldad humana se ha visto incrementada. Estamos llenos de malas noticias, día tras día. ¿Cuál es el problema, el origen de todo esto? Lo atribuyo a la forma en que opera el actual sistema social, específicamente hablando, al individualismo mismo, al que deberíamos de culpar por muchas de las problemáticas por las que pasamos hoy en día. Sólo nosotros podemos erradicar ese sistema y salvarnos, y así salvar al planeta porque, aunque no lo parezca, nos dirigimos a un camino que apuesta, en el peor de los casos, a la extinción y, esta vez, las circunstancias no me dicen que sea ficticia. La solidaridad es la solución, es decir, hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo para erradicar ese sistema.

El siglo XXI será ético o no será

Gilles Lipovetsky

Así está el actual sistema social a nivel mundial: uno que privilegia al yo por encima de todos, uno en donde vemos un auge del individualismo (Ojeda y otros, 2007: 128). Ese sistema ha sido el detonador de los más grandes problemas que ahora enfrentamos los humanos: la terrible contaminación del ambiente, la pobreza de millones de personas, la violencia, entre muchos otros problemas. Lo menos confortante en este momento sería decir que estamos viviendo una especie de apocalipsis, mas lo estamos viviendo y está bien disfrazado, con un traje de múltiples progresos tecno científicos por aquí y por allá, que nos hacen creer que vamos por el rumbo correcto, pero hemos retrocedido en lo que respecta a la moral.

          Ahora los humanos, como producto de esas consecuencias negativas del sistema social actual en el que estamos inmersos y por el que hemos sido afectados, tenemos dos objetivos claros, totalmente radicales y determinativos: la lucha por la subsistencia de nuestra especie y la reconciliación con la naturaleza (ibídem: 129), pues ¿de qué valdría otro interés (económico, cultural, religioso, político) si ya no hay vida humana? Sócrates decía que conocernos a nosotros mismos es conocer nuestras capacidades para lograr el fin que perseguimos (ibídem: 144). Para valorar y tomar buenas decisiones es necesaria una reflexión constante, un aprendizaje profundo de quiénes somos y qué queremos (ibidem: introducción). En este caso, me atrevería a afirmar que ya sabemos qué somos (humanos), con qué capacidades contamos (la razón como la mayor de todas) y qué queremos: erradicar, contra atacar a ese sistema, un problema social, al lograr dos objetivos claros. Con todo esto, estamos en el mejor de los estados para valorar y así lograr el fin que perseguimos. Y ya que nuestro problema es uno de tipo de social, propongo a la ética como solución, específicamente a un deber moral de la aplicación del valor de la solidaridad, por todos y para todos. Porque la ética es nuestra posibilidad, como diría Fernando Savater, “vivir una buena vida” (1999, cap. 1), en todos los aspectos.

          La tesis que defenderé en este ensayo es acerca de la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo, que al ser adquirida por todos permitirá erradicar ese actual sistema social, que es individualista, al lograr dos objetivos por medio de la solidaridad que demostremos. Pero, ¿por qué no elegí otra cosa que no fuera la obligación de ser solidarios con todo el mundo como solución? Porque en un sistema individualista en donde sólo importa el yo, es justo la solidaridad o el apoyo o ayuda mutua la que hace falta para que se logre el bien común (el de los humanos y el de la naturaleza), antes de que sea tarde.

          Para desarrollar este ensayo es pertinente expresar en forma de pregunta o problema filosófico (por ser la solidaridad parte de la moral, y el objeto de estudio de la ética, uno de los campos de análisis de la filosofía): ¿hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo? Buscaré responder con un sí, basándome en argumentos sustentados.

          Entonces, lo que estoy tratando de defender es la solidaridad entendida como la adhesión o apoyo a una causa, o al interés de otros1  (en esencia, ayudar a otros, no ser individualistas, como el sistema) forme parte de los valores de la moral de todos los seres humanos, la cual se define como ese conjunto de valores (como la solidaridad), normas y reglas que regulan la convivencia de los hombres en sociedad (Ojeda y otros, 2007: 21), para evitar el individualismo que afecta a muchos hombres y a la naturaleza misma. Con el fin de que el ser solidarios sea en nuestras vidas un acto moral de día a día, el que se hablaría de un acto libre (es decir, no impuesto a manera de ley, que es totalmente contraria a un valor, norma o regla moral, sino impuesto por nosotros mismos), consciente (sabiendo que se está ayudando a otros siendo solidario) y determinado por un valor (ibídem: 61), en este caso, la solidaridad. Todo esto para que en nuestras andanzas por la vida siempre busquemos, además de a nosotros mismos, apoyar a los otros (nuestros semejantes) directamente (con esa moneda que nosotros damos a ese mendigo que nos la pide, por ejemplo) e indirectamente (cuando, por ejemplo, plantamos un árbol sabiendo que será capaz de purificar el aire que todos respiramos, lo que nos beneficia o ayuda) en la medida de lo posible (sin caer en la cuenta de decir que no se tiene nada para dar, puesto que esto nunca es posible, pues se puede dar no sólo con dinero, sino también con una decisión o acción encaminada a ayudar) con nuestro hablar (al dar consejos, por ejemplo), actuar (al donar algo a alguien que lo necesita) y decidir diario (que pueda llegar a provocar algún efecto sobre alguien más, siempre buscando no perjudicar a otro, sino beneficiarlo, ayudarlo).

          Pero, ¿dónde quedó la parte de nuestra reconciliación con la naturaleza, que también será fundamental para erradicar a ese sistema individualista? Al ser solidarios unos con otros lograremos la subsistencia de nuestra especie (pues ya no habrá humano que mate a otro humano, es decir, no habrá humano que no busque ayudar, apoyar a otro hasta el punto de matarlo) y en consecuencia nuestra reconciliación con la naturaleza, pues, por ejemplo, yo, siendo solidario, sabré que con mi fábrica que desprende grandes cantidades de gases tóxicos perjudicaré (no ayudaré o apoyaré) a mis semejantes al contaminar el aire que respiran, por lo tanto busco y aplico la forma de producir de tal manera que los perjudique mínimamente, es imposible hasta ahorita que no nos veamos perjudicados tan siquiera en un mínimo grado, y en consecuencia me reconciliaré con la naturaleza, pues la beneficiaré también.

          El aseguramiento de la existencia de nuestra especie a través de la solidaridad dará como resultado nuestra reconciliación con la naturaleza, y esto ya habrá roto, erradicado a ese sistema individualista, egoísta. Se trata de que con lo que hagamos, digamos o decidamos siempre, busquemos ayudar a los otros (ser solidarios) pues, en palabras de Jean Paul Sartre, “nuestra resposad abarca a la humanidad entera” (ibidem: 210). De nosotros depende hacia donde la dirigimos, si le damos fin al relato o le damos una saga.

          Entonces, ¿hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo? Sí, porque de acuerdo con la concepción histórica del hombre en la época clásica, la Edad Media y la modernidad, el hombre tiene una naturaleza que lo identifica como tal y ésa es la que determina cómo debe de actuar. Lo que determina cómo debe de actuar es la moral, el deber ser (ibidem: 38-52). Por lo tanto, si se incluyera el valor de la solidaridad en la moral de todos los humanos como un deber ser, todos actuarían de forma solidaria, y ya que la guía para actuar moralmente (conforme al deber ser) es nuestra razón (William, 1965: 132; Ojeda y otros, 2007: 65), todos actuarían de forma solidaria y racionalizada (conscientes de que ayudan, buscando el bien común).

          La solidaridad como un acto moral es la que ha asegurado la vida hasta hoy y la solidaridad como un acto moral obligatorio es la que asegurará la existencia de la especie humana. Todos, para poder llegar hasta este día, tuvimos que haber recibido cuidados, apoyo, ayuda, solidaridad. Es decir, lo que ha permitido que a la fecha de hoy todavía existan humanos (transcendentalmente, vida) es la solidaridad practicada no como un deber.

          ¿Entonces por qué no seguir así, sin la necesidad de que la solidaridad se vuelva un deber para asegurar la vida del futuro? Porque justo aquellos que con su actuar por ejemplo, amenazan la existencia de la especie humana en el futuro, son los que no practican la solidaridad como una obligación moral. Immanuel Kant, como resultado de su arduo trabajo filosófico, una vez se atrevió a afirmar que el hombre no sólo es merecedor de la solidaridad, sino producto de ella. Y con esto la idea está clara: existiremos en tanto que la solidaridad exista. Y no hay mejor forma de asegurar la existencia de la solidaridad que practicándola, haciéndola parte de nuestra moral.

          El planeta Tierra es el único lugar que conocemos en donde es posible la vida y que podemos habitar para vivir, por lo tanto lo que digamos, hagamos y decidamos siempre debe de estar orientado no sólo a beneficiarnos a nosotros, sino también a apoyar, a ser solidarios, a beneficiar al género humano, en su totalidad, para que así cuidemos del planeta, en beneficio de todos. Se trata de que se rompan las fronteras y nos convirtamos en ciudadanos del mundo, de que nuestro yo particular englobe a la humanidad entera, de que encontremos el sentido trascendente de lo que hacemos, decimos y decidimos, es decir, no es sólo decidir hacer algo para beneficiarnos, sino pensar en si ese algo ayuda o beneficia también a nuestros semejantes, si es solidario o no lo es y entonces actuar solidariamente para así también beneficiar al planeta.

          Kant afirmaba que el hombre debe actuar de tal forma que su acción pueda convertirse en ley universal, lo cual significa que el hombre debe pensar que su acción debe ser benéfica no sólo para él, sino para todo el género humano (ibídem). A partir de ese momento sería bueno que la pregunta siguiente forme parte de nuestras vidas: ¿lo que estoy decidiendo, haciendo o diciendo me beneficia a mí y a los de mi especie? Elijamos nuestro beneficio y ayudemos al planeta.

          Si bien Friedrich Nietzsche escribió que nadie puede construirnos el puente por el que hemos de caminar sobre la corriente de nuestra vida (Nietzsche, 1999: 28), tarde o temprano las condiciones del puente o las propias nos imposibilitarán para seguir el camino o pasar por la vida, pues con una vida llena de factor humano (todo ese mundo físico e intelectual que hemos creado) y de factor biológico (lo que somos capaces de hacer y lo que no en cada una de las etapas del ciclo de la vida, por ejemplo), se corre el riesgo de que en cualquier momento ya no sepamos cómo seguir o ya no podamos seguir por nuestros propios medios. Es entonces cuando nos damos cuenta de que en algún punto de nuestras vidas requeriremos del apoyo, de la solidaridad de otros para poder continuar. Y es entonces también cuando reflexionamos acerca de la importancia del acto moral de ser solidarios siempre, lo cual radica en hacer consciente que el día de hoy debemos de ser solidarios con los otros, para que el día en que nosotros caigamos, ellos sean solidarios con nosotros y nos ayuden. Y esa consciencia será la que sea capaz de erradicar al sistema individualista e implantar uno solidario.

          Para finalizar este ensayo me gustaría hacer uso de un contra argumento. Protágoras de Abdera, sofista de la antigua Grecia, alguna vez dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en tanto que no son y de las que no son en tanto que no son”. Esta frase implica una cierta visión ética: si el hombre es la medida de todas las cosas, entonces es correcto hacer cualquier cosa. No hay nadie más que el sujeto para definir qué es lo bueno y lo malo, es decir, no existe la posibilidad de un consenso o ley universal (Ojeda y otros, 2007: 180).

          De acuerdo con Protágoras, no es posible que la solidaridad se vuelva parte de la moral de todos, que sea universal. Sin embargo, si el ser humano tiene una naturaleza que determina cómo actuar y esa es la moral, que es un acto racional que nos dice cuál es el deber ser (lo bueno, para no hacer el no deber ser, lo malo), y si Jean-Jacques Rousseau dice que el hombre es esencialmente bueno, que la vida en sociedad es lo que lo hace malo (ibídem: 129-130), entonces sólo el hombre será capaz de actuar conforme a su deber ser, el ser bueno (de acuerdo con Rousseau), cuando aplique la racionalidad moral dentro de la sociedad de la cual forma parte y así descubra que el verdeber ser (que es la moral) que debe llevar a cabo es ese, ser su esencia (porque ¿cómo es posible que el ser humano sea la única especie que se vuelva contra sí misma hasta el punto de amenazar su propia existencia?), pues actuará conforme al bien (deber ser), se dará cuenta que iba por el camino equivocado del no deber ser, actuará de acuerdo con todas esas virtudes que existen y que van en contra del no deber ser (lo que se opone al bien, la maldad), las cuales se entienden como aquellas cualidades que tienden al bien (ibídem: 147), una de ellas la solidaridad (que va en contra del egoísmo, el individualismo).

          Bien lo decía Sócrates: no hay hombres malos, sino ignorantes (ibídem: 182), que no son racionales y no descubren el deber ser para así ser hombres buenos, que es nuestra naturaleza humana, como él también lo defiende (ibídem: 39-40).

          Entonces, existe la posibilidad de que la solidaridad pueda convertirse en una especie de ley universal, pues ese es nuestro deber ser, de todos, sólo falta razonar moralmente para hacerlo consciente y llevarlo a la práctica.

          En resumen, sólo cuando nos atrevamos a detenernos un momento a reflexionar, racionalizar sobre nuestro deber ser y los argumentos que se defendieron en este ensayo, se verá que debemos de ser virtuosos (hacer el bien), que debemos ser solidarios, y así nos reconciliaremos con nosotros mismos, no habrá lucha por la subsistencia de nuestra especie, y nos reconciliaremos también con nuestro planeta. Por lo tanto, sí hay la obligación moral de ser solidarios con todo el mundo para así erradicar al sistema social actual.

          Otro aspecto a considerar es la naturaleza humana reflejada en este caso en los estados de ánimo, eso inmaterial que hace que el hombre se sienta enojado, triste o feliz. El estado de ánimo de un hombre influye mucho en su percepción sobre el mundo, su percepción de la realidad hace que tenga sentido su existencia y encuentre su lugar en el mundo. Entonces, en el terreno de las experiencias y la naturaleza humana es y será indispensable para él mismo expresar dichos estados de ánimo hacia sus semejantes y que estos tengan cierto grado de comprensión y entendimiento.

          Desde el comienzo de la historia se puede apreciar en los discursos de las ciencias “a la humanidad como un todo”, generalizando así a la especie humana como la administradora del mundo. Al pasar del tiempo (la historia) se puede observar que el hombre tiene su lugar como especie en el mundo por un grado de naturaleza distinta, llamado conciencia de sí mismo, y la existencia puede ser sólo concebida teniendo en cuenta que se existe —me refiero a “tener en cuenta” en el sentido de ser consciente (Descartes, 2008).

          La evolución del hombre en cuanto a producción de ideas (pensamiento sistematizado, o como se le llama en la modernidad, ciencia) está invadida en muchas ocasiones de ideologías que arrastran a ciertos grupos sociales a actuar de cierta forma sin cuestionar sus propuestas.

Bibliografía

DOMINGO Moratalla, A. (s. f.). “Solidaridad”. Consultado el 3 de marzo de 2018, disponible en: http://www.mercaba.org/DicPC/S/solidaridad.htm

FRANKENA, W. (1965). Ética. Madrid: UTEHA.

NIETZSCHE, F. (1999). Schopenhauer como educador. Barcelona: Biblioteca Nueva.

OJEDA, M. E. y otros (2007). Ética. México: Pearson.

“¿Qué es solidaridad?”, consultado el 4 de marzo de 2018, disponible en: https://www.significados.com/solidaridad/

SAVATER, F. (1999). Ética para Amador. Barcelona: Ariel.

 

Sergio Jaír Sáenz Uribe. Omnipresencia

Omnipresencia. Sergio Jaír Sáenz Uribe. Egresado de la Preparatoria 10.