Category Archive: Redecuentos

Mónica

-Fuego en el alma. Areli Lizbeth Carrillo Vázquez. Preparatoria Regional de El Salto.

Al frente está ella. Tiene 13 años, y anda con su uniforme azul celeste. Yo la llevaba a la escuela o, en este caso, al concurso. Es una tarea que disfruto. Pienso que se debe a que es de los pocos momentos en los que puedo sentirme cerca de ella. Después de todo, sus estudios la ocupan mucho, y yo, bueno, también tengo mis propios asuntos de vida “adulta”.
—Así que… la Olimpiada de Matemáticas—, le digo en tono casual mientras caminamos—. Eres un genio, Mel, seguro que esta vez sí ganas.
—Sí, eso espero, ¡No voy a conformarme con un segundo lugar de nuevo!—.
Esta vez su expresión se vuelve más determinada—. Y sabes que me siento rara cuando me llamas de esa forma.
Me cambio del lado de la calle para estar junto a ella y le sonrío travieso.
—No puedo evitarlo—, le digo y continúo—: Entonces ¿Tengo que recordarte que le prometiste una invitación a tu persona favorita?
—Ah, ¿lo hiciste? —. Tomó mi mano y la apretó ligeramente—. Yo te dije que tal vez. Nunca aseguré nada.
Ya veo, entonces creo que simplemente podría comerme la caja de mazapanes yo solo. —¡Qué torpe! Es cierto. Tengo tu invitación justo aquí—. Golpeó el bolsillo delantero de su mochila.
—Me alegro mucho de que te hayas recuperado de tu amnesia, mi pequeña Mel—. Ella hizo un gesto acompañado de una risita. Luego, me abrazó.
—Bueno, ¡nos vemos, Charlie! —. Se da la vuelta y se dispone a entrar siguiendo una estampida de niños.
—No tan rápido—, le llamo la atención y apunto a mi mejilla. Mel me planta un beso en el mismo—. Ahora sí, nos vemos.
La despido con la mano y la veo irse hasta que desaparece, con una larga melena castaña flotando detrás.
Me doy la vuelta y camino por el vecindario de manera más solitaria. Iba a regresar por ella tan pronto acabara la prueba.
Mientras caminaba, no pude evitar echar un vistazo a su casa, donde podía ver a sus padres conversando en la sala.
—¡Querida! ¡Llegó! ¡Finalmente está aquí!
Me acerco lentamente al lugar de donde provienen las voces, recargado sobre la pared de afuera procurando ser discreto.
—¡La han aceptado!
—¿De verdad? ¡Esto es asombroso! Finalmente podrá tener la oportunidad que se merece.
—¡Debemos darle la noticia en cuanto llegue! Estoy seguro le encantará un ambiente más a su nivel.
—Así es. Y además… Tendrá más privacidad—. El tono de angustia de la mujer es perceptible.
—Sí, lo sé—, le da la razón el padre, y despeja las cosas—. Yo me encargo de recogerla y después podemos darle la noticia.
Me quedo paralizado con cada palabra. Siento mi corazón acelerado y de pronto me siento aterrado de que me encuentren y descubran que escuché todo. Sin pensarlo mucho, salí de allí hacia mi destino original. Mi propio hogar. Tomé las llaves de la mesa y encendí el carro.
Ira corre por mis venas. Estaba seguro que lo hacían por mí. Mi presencia siempre les había incomodado, pero ahora se habían pasado.
No iba a dejar que la alejaran de mí. Después de todo ¡era mi hermana! ¡Ni el accidente, ni ninguno de sus estúpidos papelitos de adopción podían cambiar eso!
La espero estacionado afuera de la escuela hasta que el concurso acaba.
La llamo desde la ventanilla.
—¡Mel, Meli, ven!
—Oh, estás aquí. Pensé que mi papá vendría…—. Hace un gesto de extrañeza, mientras yo abro la puerta para que entre.
—Cambio de planes—. Veo por el espejo retrovisor. A unos pocos coches de mí, estaba él, caminando por la misma acera donde nosotros veníamos hace apenas una hora. Eso me obliga a apresurarme.
—¿Qué… tal el concurso?—. La veo de reojo encogiendo los hombros.
—Me fue perfectamente. Estoy segura de que el idiota de Bruno no me va a quitar el puesto esta vez—. Me mira con esa confianza suya.
Eso me ayuda. Aunque aún me siento tenso. No han puesto denuncia pero evadir las estaciones de policía no estaba de más, ¿cierto?
—¿No vamos a mi casa, Charlie? —, pregunta de pronto y me desorienta un poco.
—Quiero dar un paseo y de ahí llevarte a mi casa para darte los mazapanes que te prometí— Trato de lucir tan tranquilo como podía.
—Perfecto. Me alegra saber que eres alguien de palabra—. Me sonríe ganadora.
—Espero lo mismo de ti, niñita—, respondo imitando un tono gruñón. Ella sólo sostiene su expresión.
Sigo conduciendo. En un silencio un tanto incómodo, que se rompe un par de minutos después por una pregunta de mi pequeña Melissa.
—¿A dónde vamos de paseo?—. Me siento feliz y complacido a penas pregunta eso.
—¿No reconoces por donde estoy yendo?—. Sus ojos se llenan de confusión y niega despacio con la cabeza.
—¿En lo absoluto? Anda, mira bien—. Coloco mi mano sobre su pierna acariciando su palidez. El gesto parecía desconcertarla, mas siguió mirando a los alrededores como buscando pistas.
Mel de verdad no parecía reconocerlo. Fui deteniendo el carro lentamente en la orilla, mirándola con los ojos abiertos como plato, con el corazón latiendo tan rápido que dolía.
—Quiero que recuerdes, enfócate—. La tomo por los hombros y la obligo a mirarme. Quizá demasiado por sorpresa, ya que se sobresalta al instante. —¡Aquí fue el accidente, Mel! ¡El que acabó con la vida de nuestros padres! ¡El que nos separó! ¿Te han lavado el cerebro, no es cierto? ¡Ellos te han lavado el cerebro! —. En menos de lo que me doy cuenta estoy gritándole.
—Charlie…—, su voz sale como un hilo tembloroso. Sus ojos están húmedos y llenos de terror.
Rápidamente, suavicé mi voz. No quería asustarla.
—Sólo te traje para que recordaras. Para que accedieras a irte conmigo. Así podremos estar juntos de nuevo—. Fuerzo a las comisuras de mis labios a elevarse. Eso no pareció reconfortarla.
—N-no puedo, Charlie, estás… muy confundido—. Quitó mis manos de sus hombros.
—¡No es así! Vamos.
—No soy quien crees. Soy… tu vecina ¿te acuerdas? Mi nombre es Mónica. Mónica Martínez— Noto cómo una de sus manos, temblorosa, se dirige a la manija del carro. Con lentitud. —Sé que… yo—, Soltó un quejido desesperado. Como si quisiera decir muchas cosas, pero no supiera cómo hacerlo. —Sé que podemos arreglar esto si tan sólo me llevas a casa, ¿sí? Por favor, por favor, volvamos…—, ruega.
Pero ya no puedo escucharla. Pongo seguro a las puertas y arranco pisando el acelerador con tanta fuerza como puedo.
Era definitivo. La habían arruinado.
Mas voy a recuperarla. Porque voy a asegurarme de que nadie va a volver a quitármela.
Nunca más.

Itzel Alejandra Ambriz Saldívar

Preparatoria 10

Pecado y Tentación

Mis manos temblaban ante aquel pensamiento que fue transformándose en insufribles gotas de agua que escurrían hasta mis dedos, temerosas de ser descubiertas al caer a la madera vieja.
Me mantuve absorto mirando fijamente la cruz que colgaba como una broma cruel que me abofeteaba como el rostro. El hombre que me tenía sometido en ese colchón sobre las sabanas era quien veía de pie detrás del púlpito guiando a su rebaño de corderos. Irónico, pensé, porque era el Padre que profesaba que la homosexualidad y los actos mundanos se castigarían con el pase directo a las brasas del infierno para quienes se atreviesen a blasfemar contra la palabra sagrada de Dios.

Karla Janette Lara Ramírez

Preparatoria 7

– Calor mío. Aranza Berenice Fernández Segura. Preparatoria Regional de El Salto.

La única testigo

Secándose las lágrimas, prometió a la Luna ya no sufrir más. A la noche siguiente la Luna fue testigo de un suicidio.

Selma Rubí Cortez Vaca

Preparatoria Regional de Autlán de Navarro

Canicas Verdes

Estaba tan enamorada de sus ojos, no podía dejar de contemplarlos. No le costó mucho sacárselos con una cuchara para besarlos ya en sus manos.

Gabriela Villaseñor Villaseñor

Preparatoria Regional de Unión de Tula

La liberación de la oscura realidad

Sin título. Josselin Vianey Pulido Romo. Preparatoria Regional de El Salto.

No puedo ver. Todo a mi alrededor es oscuridad.
He perdido la noción del tiempo. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi la luz del día. Tampoco recuerdo qué fue de mis amigos, mi familia, ni mis compañeros de clase, mucho menos del mundo.

Las únicas preguntas que no dejan mi mente me carcomen por dentro. ¿Alguien está buscándome? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me llevaron? ¿Por qué me hicieron esto? ¿Cuándo me dejarán ir?
Tengo muy pocos recuerdos desde que me llevaron ese día de invierno, fue hace mucho tiempo atrás, o al menos así se siente. Lo único que recuerdo desde ese día es la oscuridad. Puedo escuchar algunos murmullos de vez en cuando, pero nunca logro comprender lo que dicen.

Extraño tanto a mi familia, a mis amigos, incluso a mis compañeros de la universidad, a pesar de que no nos lleváramos muy bien. Extraño tanto a Olivia, a esa hermosa chica castaña que era mi todo…
Aún me pregunto si Olivia todavía me quiere, si sufrió con mi partida, o si sigue esperando que me liberen para poder estar juntos de nuevo. ¿Logró ser la bailarina exitosa que siempre soñó? ¿Pudo viajar a Francia como siempre quiso?
Está fuera de mi comprensión por qué me llevaron a mí. ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué es lo que quieren? ¿Cuál es el motivo por el que me tienen en esta oscuridad? ¿Por qué aún no me liberan? ¿Por qué me arrebataron mi vida?

Sigo sin encontrar la respuesta a alguna de esas preguntas, ya no puedo continuar más aquí, no puedo seguir así. Mi mente me está matando, ya no pienso con claridad, no puedo ni formular una respuesta para mantenerme tranquilo. Quiero irme de aquí, sólo quiero irme.
Pero no puedo. No puedo ver, ni escuchar, tampoco me puedo mover. Ni siquiera soy capaz de hablar. Solo escucho las torturas que mi propia mente crea para mí. Ya no puedo con esto.

Trato de gritar, pero nada sale de mí.Trato de moverme, pero no lo logro. Busco una salida, pero no puedo verla.
Trato de escuchar algo de lo que dicen los murmullos…
…y es una canción.
Una canción de los años 1950, tal vez.
Mi mente colapsa de emoción, por fin puedo distinguir algo. Intento de nuevo, pero sigo sin poder ver. Intento de nuevo, pero aún no puedo hablar. Intento de nuevo y ahora me pude mover.

La felicidad me invade de lleno, mis sentidos estaban despertando, por fin lo hacían. Me muevo un poco, siento que un peso me impide moverme con libertad. Forcejeo para tratar de liberarme, no paro hasta sentir que lo consigo. La canción aún no se termina, puedo escuchar ese ritmo característico de la época. Siento que poco a poco me pongo de pie. Ahora mismo podría llorar de alegría.

Estiro mi mano y logro tocar mi rostro. Mi mano tiembla, llena de nerviosismo causado por la descarga de emociones y sentimientos que estaba sintiendo. Una pequeña risa se escapa de mis labios involuntariamente y no puedo sentir más euforia ahora.
Puedo hablar.

Me cuesta unos segundos acostumbrarme a la habitación tan iluminada. Cuando mi vista se acomoda a la iluminación, puedo reconocer la habitación en la que me encontraba. Era la mía. La cama continúa donde mismo, tan desordenada como la recuerdo. El escritorio está a mi lado, impecable, el pequeño estéreo que siempre usaba está sobre el escritorio, apagado. Miro mis manos y son más grandes de lo que recordaba. Incluso yo soy más alto, mi complexión es delgada, más de lo que esperaba. Siento mi rostro, mis labios, mi nariz, mis ojos…

Mis ojos no están cubiertos.
Comienzo a asustarme, ¿qué está pasando? ¿En dónde había estado? ¿Qué me sucedió?
Miro al frente y puedo ver a la persona que estaba tocándome. Es Olivia. Ella me mira con cautela, intriga y un poco de miedo. La miro sin poder creerlo. Después de todo este tiempo, aquí está. Ella me sonríe un poco y yo no puedo con la sorpresa. ¿Qué está sucediendo?

—¿André?, ¿eres tú?
Su pregunta me descoloca de inmediato, ¿cómo que si soy yo?, ¿tan diferente luzco?
—Sí, por supuesto, ¿qué sucedió? No entiendo nada.
Su rostro se suaviza y ahora me mira tranquila y con algo de pena.
—¿No recuerdas nada?
—No, nada.
—Bienvenido a casa, te extrañamos.
—¿A qué te refieres?, ¿qué está sucediendo? Necesito que me digas, por favor.
Mi desesperación es clara, estaba a punto de volverme loco. Nada parecía tener sentido. Todo se veía tan irreal, ¿en dónde había estado?, ¿qué significa todo esto?
—Respira, ya todo va a estar bien, estás recibiendo ayuda desde que tus otras personalidades aparecieron. La doctora nos explicó que algún día saldrías tú. Todo está bien. Estaremos bien…
 

Rubí González Orizaba

Escuela Vocacional

Atrapada en una pesadilla. Wendolín Murguía. Preparatoria Regional de El Salto.

Monstruos

– Yayo. Omar Adonai Rosales Flores. Preparatoria Regional de El Salto.

Tengo siete años, soy una niña pequeña; le tengo miedo a los monstruos, ellos me quieren atacar, no son buenos. Pienso que deben ser malvados pero mi papá me protege en las noches cuando tengo miedo. Él viene a las 3:00 a. m., cuando todo está oscuro, me abraza y me acaricia el cabello suavemente con su mano peluda, además de que tiene una respiración fuerte y fría que ayuda a espantar a los feos monstruos. No sé por qué mi mami se asustó cuando le platiqué que mi papi me protege de mis miedos. Ahora estoy yendo con el psicólogo y mi mami siempre deja encendida la luz de mi cuarto y me prohíbe apagarla. Extraño las manos peludas y la fría y potente respiración de mi papito, esa era la única forma en que puedo saber cuándo está conmigo luego de que murió cuando lo secuestraron. No entiendo por qué me hacen esto, pero al menos los monstruos ya no aparecen más. 

Luis Emilio Velázquez Torres

Preparatoria Regional de San Miguel El Alto

Fátima

Plus ultra. María del Rosario Gómez Sánchez. Preparatoria Regional de El Salto.

Hacía un calor del demonio y, además, la luz estaba tan intensa que le calaba los ojos… bueno, quizá no era tan así, a lo mejor la luz brillante sólo era consecuencia de la insolación.

Llevaba trabajando bajo ese semáforo todo el día y casi no estaba vendiendo las campechanas.

Le gritó su patrón. Él la miraba sin trabajar, y así era desde que ella tenía memoria. La verdad no sabía si su patrón era su pa’ o si era huérfana; no se atrevía a preguntar tan poco.

—Te estoy viendo, no te hagas pendeja ¿crees que con esa cara de ojete vas a vender mis productos? Órale, culera, a trabajar o a la chingada —le amenazó.

Ella respiró profundamente y se fue con la cabeza gacha. En otros tiempos habría estado feliz de irse a la chingada, muy lejos de ahí, pero ahora, con sus siete meses de embarazo, la idea de una vida distinta se había diluido, como acuarela en un vasito de agua.

Sonrió como pudo y siguió vendiendo, coqueteando un poco con los conductores, cubriendo su vientre con las bolsas de productos, esa era la clave, lo había aprendió a muy tierna edad, como cinco años atrás, quizá, a los 12 años… a más tardar a los 13.

En ese momento, nos notó, mirándola desde la ventanilla del carro, juzgando a su pancita y a su rostro quemado, a su sudor y a sus pies llenos de ampollas detrás de sus zapatos viejos, su ropa vieja y sucia, su pelo enmarañado. No dijo nada ni pretendió hacer nada al respecto, estaba ya muy acostumbrada a que la juzgaran, aunque no supiéramos nada de su vida ni su historia.

Nos miró de reojo, nos mentó la madre en voz bajita y siguió vendiendo, caminando entre los carros, disimulando su vientre, coqueteando.

Todo el problema de su vida había comenzado… desde siempre.

Desde que tenía memoria estaba en los semáforos, fingiendo ser la hija de algún otro vendedor o haciendo malabares… el negocio de la lástima.

Entregaba todo su dinero al patrón y ella a cambio podía dormir en lo que consideraba su casa (un prostíbulo disfrazado de antro) y se le daba de comer, aunque no mucho.

Dejó de ser suficiente cuando cumplió 15 años, ya le habían crecido los senos, y era hora de sacarle más provecho a lo que podía dar, eso decía el patrón.

La primera vez que la vendió, le dolió mucho, sangró y lloró. El tipo que la penetró la mordió y le dejó el hombro sangrado; la ventaja fue que no duró mucho, su problema más grave (según la chica con la que compartía cuarto) fueron las ampollas que le brotaron en los genitales. Qué fácil se convierten las flores en tormentos.

Cuando le comentó el problema al patrón, la golpeo y le gritó: —¡pinche puta!, ni para abrir las piernas sirves.

Terminado el regaño, se puso un condón y la violó, a ella le dolió más la primera vez, pero le dio más asco esta. El rostro del patrón era vómito y la sensación que su cuerpo le causa era peor aún, sentir cómo algo tan desagradable le penetraba, sentir cómo se movía dentro de ella le causaba una sensación incomparable, tan terrible que no tenía nombre, tan asquerosa, que sólo quería que su vagina desapareciera para siempre, de todos modos, ya estaba pedida.

A partir de eso, sus clientes comenzaron a usar condones, el patrón no quería comprar más pastillas.

La parte buena de esto (le había dicho su compañera de cuarto) era que ya ningún cliente le parecía repulsivo.

Después de un tiempo, uno de los hombres que la visitaba se quiso pasar de listo y, sin que ella lo notara, se quitó el preservativo. En esa ocasión había sido concebido su bebé. Intentó abortar varias veces. Con misoprostol, con un gancho. Casi se muere. Mejor muerte a cargar con el brote de eso que tanto odiaba.

Siguió trabajando en eso hasta su primer trimestre, después de eso su vientre parecía incomodar a los clientes y, como los ahuyentaba, el patrón decidió mandarla otra vez a los semáforos, a vender cacahuates y campechanas. Cuando terminaba, hacía la limpieza del prostíbulo.

Le daba asco ver todas las porquerías que había en las habitaciones de ese lugar, pero no hacía nada, le daba miedo. Paró de recordar.

Pasó de nuevo junto a nuestro carro, la volvimos a juzgar desde nuestros privilegios, pero nosotros no sabíamos sobre su gancho.

Terminó el día y regresó a limpiar ese lugar. Se había encontrado una mancha enorme de sangre en la cama de una de las chicas, ella estaba en el baño vomitando, pero no preguntó nada, aunque se preguntó qué le había pasado.

Mientras fregaba los pisos, sintió una contracción fuerte en el vientre, húmedo entre las piernas.

La chica que estaba vomitando salió del baño al escuchar el grito y llamó a sus compañeras, que llamaron a una ambulancia.

Ella veía borroso, había mucha sangre, sentía mucho dolor y escuchaba las sirenas de la ambulancia.

Tenía mucho frío, estaba temblando y se apagaron todas las luces.

Respiró hondo.

   P

             A

                         Z

Sofía Zazhil Román Verde

Preparatoria 9




Lo que dejó tu adiós. Lizette Jacqueline González Turrubiartes. Preparatoria Regional de El Salto.

Las Estrellas

Irreal. Yuli Itzel Flores Hernández. Preparatoria Regional de El Salto.


Él prometió que un día me llevaría a conocer las estrellas. Qué irónico que eso fue lo último que vió cuando el auto impactó con él.

Rubí González Orizaba

Escuela Vocacional

Adán

Adán soñó toda la noche. Su sueño le fue desconocido y horroroso, mientras su cuerpo sudaba y se estremecía. Justo antes de despertar sintió un vacío en su costado. Al despertar, con una mirada desprendida de todo, sólo observando su costado, se supo frágil y finito, pero completo y amante.

Angélica Bricio Martínez

Preparatoria 19

Correcta forma de presentar una denuncia

Comenzó a decirles desesperadamente: —¡Oficiales, tienen que ayudarme!, por favor… ese hombre… ¡ese maldito asqueroso! se llevó a mi niña… es tan dulce, tan pequeña. No quiero ni imaginar qué estará haciendo con ella, con su pequeño y débil cuerpo… es una tortura… ¡Ella sólo tiene 11 años!… ¡Rápido, no tenemos mucho tiempo! Si de verdad quieren atrapar a ese enfermo deben irse ya… ¡Vamos, háganme caso!… por favor… su cabello, largo y oscuro, sus mejillas, rosadas y tersas, su piel tan delicada, su suave y excitante aroma… sólo yo puedo tocarla… acariciarla… lamerla…
 

Brandon Martínez Medina

Preparatoria Regional de Tala

Inocente

Creerte para caer en un rezo. Dolor que me pica el cerebro. Sólo se escucha eco en la habitación conocida. Agua cayendo. La siento por todo mi cuerpo. Me pregunto sin palabras. A falta de piel me toman por los huesos y me abren las piernas. Me azotan contra la pared. Tatuajes narcisistas. Me introduce el pene de manera violenta. Siento cómo mi ano se abre, me carcome por dentro. Pienso en matarme, pero no sé en qué momento soy este pedazo óseo que ahora desentierran junto a otros.

Adriana Guadalupe Navarro Venegas

Preparatoria 12

Leche

Siempre estoy atenta a lo que pueda pasar. Hoy, más que otros días, pues sé que falta poco para que él venga. Y como si del diablo se tratara, aparece abriendo la puerta y soltando maldiciones. No puedo huir, estoy encerrada. Al parecer no le gusta que haga ruido, no detiene su manoseo. Resignada, me quedo quieta. Sólo soy un producto para los humanos.

Itzel Liliana Torres Ríos

Preparatoria 18

Lana

Afonía. Sergio Toscano Aceves. Preparatoria Regional de El Salto.

A Lana le gusta tomar mi mano cuando vamos hacia la heladería a comprar nuestro postre favorito cada viernes después de la escuela. Ella cree firmemente que el helado de vainilla cura un alma cansada luego de una ardua jornada escolar. A mí… a mí me gusta cómo se preocupa por ayudarme a siempre estar feliz.


También le gusta coleccionar las hojas secas de los árboles que yacen en el suelo para después pegarlas en su libreta favorita y decorarlas un poco. Ella afirma que, a pesar de estar secas, nunca dejan de estar vivas. A mí… a mí me encanta ver lo emocionada que llega a estar al terminar sus collages de naturaleza marchita.


A Lana le fascina ir al parque que está a unas cuadras de su casa y lanzarse al césped para admirar el cielo azul sobre nuestras cabezas. A mí… a mí se me acelera el corazón cada que se recuesta en mi pecho y me pide que la abrace para después mirarme con sus ojos avellanas con toques rojizos.
A Lana le gusta escribirme pequeñas notas con dibujos de flores para divertirme en clase de Historia, porque sabe que la detesto. Y yo… yo agradezco esos pequeños detalles que me hacen sonreír.


Nadie puede negar que el tiempo que pasamos cerca es demasiado, pero no quiero alejarme ni un segundo de ella. Lana es magnífica, en todos los sentidos posibles, es tan adorable y peculiar al mismo tiempo, y siempre busca el lado positivo de todo. Lo hizo incluso cuando mi hermana falleció hace un par de años. Me ayudó a ver que, así como las hojas marchitas, mi hermana nunca dejará de estar viva para mí.


Recuerdo cómo hace unos días nos encontrábamos en el sillón de su casa mirando una película. No podía dejar de asombrarme con la forma en la que se metía en el filme, sin importarle el género de éste. Tampoco puedo alejarme de todas esas llamadas nocturnas acompañadas de su receta especial de té y sus leves ronquidos cuando se duerme al teléfono. Sé que lo nuestro es complicado y un poco arriesgado. Sé que no la merezco y que debo mantener mis sentimientos en secreto. O al menos eso pensaba hasta que ella me besó en el patio de la escuela con todos observando. Quisiera demostrarle a todos lo mucho que la amo y la fortuna que tengo al poder besarla.


Lana es la chica de mis sueños, la niña a la que amo desde hace años, y yo… yo soy su mejor amiga. Y a mí, a mí me gusta Lana.
 

Rubí González Orizaba

Escuela Vocacional

Estimado Señor

– Internally screams. Pablo Macías Sánchez. Preparatoria Regional de El Salto.

13 de julio de 2013

 Señor Satanás:

Antes que nada, reciba un cordial saludo de mi parte. Le deseo sinceramente que se encuentre muy bien, ¿o muy mal? En fin, que se encuentre usted como de costumbre, haciendo maldades.


Le escribo para decirle que el demonio que le encargué salió defectuoso, o al menos eso parece. Se la pasa dormido en una esquina del techo de mi cuarto. Las pocas horas que está despierto, se dedica a robar la comida del refrigerador y la alacena, se divierte asustando a mi hermanita por las noches y hasta algunas vecinas se han quejado de que les “jalan las patas” en la madrugada.


Y recuerde usted, mi estimado señor, que cuando lo invoqué yo pedí un demonio malvado, vengativo y cruel, que acabara con los que me molestan en la escuela, con la señora chismosa de la esquina que quién sabe cuánto le inventa a mi mamá sobre mí, que si me vio drogándome, que si me vio peleando, que si hago grafiti con pandilleros. ¡Si casi ni salgo de mi casa! Además, no creo que este demonio inútil sirva para asesinar al maldito que atropelló a mi abuelita.


Por lo anterior le solicito que me cambie al demonio o que me devuelva mi alma. Si necesita comprobante de pago, aún tengo el pentagrama bajo mi alfombra. Espero su pronta respuesta.

Atentamente: Raven.

Ana Ruth Fregoso Gómez

Preparatoria 9

De la literatura como el todo y la nada

En el transcurso de la historia, la narrativa ha funcionado como un refugio para los que anhelan mundos alternos. En la actualidad, la realidad contemporánea, cruda, siniestra, fría, volátil, salvaje, se presenta más que nunca como un escenario difícil de asimilar, de tal forma que la literatura adopta un papel esencial para la creación de estas realidades distintas. Así, los jóvenes de esta generación, apoyados por un contexto violento y caótico, no tienen otra alternativa que proponer su perspectiva de la vida.

Dentro de la concepción creada, entonces, se pueden reflejar polos contrarios que hablan de una misma historia. Puede existir tanto odio como amor, caos como libertad, tristeza como alegría, muerte como vida, desánimo como esperanza, ternura como coraje, represión como libertad. La literatura es el todo y la nada. Es una llave del tiempo que funciona para abrir cualquier puerta y para entrar a cualquier época. La literatura, pues, es un vaivén de circunstancias distintas e iguales.

Tan bien reflejada está la realidad moderna en estos escritos, que se pueden leer al mismo tiempo como entes disociados o como vigas de un gran edificio, como el cúmulo de lo construido ayer y hoy: el resumen de la historia humana. Así, unos y otros le añaden una estrella a la galaxia que es la escritura.

Los autores de los textos aquí recopilados hablan de lo que les corroe, atormenta e inquieta. Desde la intensidad e incertidumbre que causa el amor no correspondido, hasta la intriga infundada por lo desconocido; está la libertad última: la muerte. Como un espejo el uno del otro, estos jóvenes jalisciences logran plasmar una época decadente, llena de espacios en negro, superficial, doble moralista, carente de valores, inflada de prejuicios, hasta el tope de la indiferencia, impregnada en llanto, acostumbrada al odio, reluciente de falsedad, desmoronada de sus equinas, perdida entre el caos y la calma.

Los protagonistas inevitablemente retratan sus vivencias, a las primeras luces de la sabiduría y la experiencia, de tal suerte que cuando nos adentramos en sus escritos, la sociedad reflejada es todavía más evidente, más viva, más real. Los personajes, aprendices de la vida, se leen con mayor convicción como jóvenes inocentes pero expectantes ante un cambio o una posibilidad distinta.

Esta es, tal vez como muchas otras, una generación de escritores inconformes, propositivos, rebeldes, soñadores, astutos, sensibles, preocupados, despiertos… Una generación de escritores interesados no sólo en plasmar los horrores de la cotidianeidad, sino en una transformación más profunda, que no teme exponer no sólo al otro, sino a sí misma. De tal suerte que, como muchas otras, esta generación sea tal vez la antesala a un cambio mayor, a una renovación de valores.

Óscar Daniel Gómez Mendoza

Novelista y dramaturgo, estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Colabora en el SEMS como técnico de coordinación en el área de Difusión y Extensión desde 2018. Ha impartido clases de inglés y español, así como diversos talleres de creación literaria. En 2017 dirigió la obra de teatro Toska, escrita por él mismo.

El éxtasis de Kai

Últimamente nada me sale bien. Estoy tan asustada que todo el tiempo siento que mis manos tiemblan. Y por las noches me quedo despierta preguntándome ¿cómo llegaste tan lejos? Tal vez no debí conocerte desde un principio, Kai, ¡maldigo aquel 5 de abril! ¡Esa calle de la que seguramente ya olvidaste el nombre! En ese momento ofrecerte mi ayuda no fue lo más inteligente que hice.

Mi imaginación vuela muy alto e intento crearme posibles soluciones o finales no muy felices. En mi mente sólo hay lugar para el terror, Kai. No mido el tiempo hasta que me doy cuenta de que otra vez estoy pensando en lo que haces, las lágrimas se desvanecen en mi cara y noto que mi cuello está mojado. En mi inconsciente puedo escuchar el sonido que hace el motor de tu carro, me sale involuntariamente un sollozo de entre los labios. El corazón palpita a gran velocidad y mis manos se adormecen. Pareciera una ola que recorre mi cuerpo desde mi nuca hasta la yema de mis delgados dedos. Daría lo que fuera por no saber más de esto ni lo que conlleva ser una de tus víctimas. ¿Cuántas somos, Kai? ¿Por qué a mí? ¿Qué quieres obtener de todo esto?

He contado tres veces que te vi hoy, la primera fue al salir de casa. Sí, te vi de reojo en tu auto aparcado en la esquina. La segunda vez fue al salir de la escuela, ¿te divierte dar vueltas en la calle para verme sólo dos segundos? La tercera de regreso a casa, escucho el motor de tu auto Kai, los pequeños lapsos en donde esperas unos segundos para arrancar. Si corro, ¿podrás alcanzarme en seguida o tengo una milésima de oportunidad de llegar a salvo a mi casa? O si grito, ¿alguien podrá oírme? Tal vez si llamo a mi padre o a mi hermano ellos vengan por mí, pero ¿y si te percatas de eso? Siempre es la misma rutina, Kai. Estoy tan asustada, no sé qué hacer.

Todas las mañanas cuando abro los ojos, mi mente está vacía, no sé si quedarme un rato más a dormir o levantarme y no hacer nada por hoy. Al momento de hacer mi desayuno lo miro un por unos minutos para después dejarlo a un lado y no comerlo. Me quitas el apetito, Kai. Me pongo de pie ante el closet –como es rutina- sólo para poder elegir de nuevo el uniforme de hoy. Mi mano se detiene bruscamente para pensar: ¿es mi falda muy corta? Porque si es así, te juro que la haré más larga si me garantizas que vas a parar. Tú no lo sabes, pero no soy muy generosa cuando me enfado; no lo mal intérpretes, no busco amenazarte.

Arrastro mentalmente mi cuerpo ya desnudo y frágil a la ducha. Me agacho y éste es el mejor momento de mi día porque mis lágrimas no se ven entre el agua. Los ojos me arden por la temperatura y así ya no me culpo, no lo hago, porque siento en este instante que nada de esto es correcto. Me duele. Me siento cobarde y con qué razón: estoy viva.

Durante todo el tiempo busco respuestas, pero sólo consigo más preguntas, ¡que desastre! No tengo a donde ir, ya no hay un refugio y mi pecho parece estar invadido. La vida se me acaba, Kai. No quiero esperar a que mi familia vea mi nombre como título del periódico local. Cada vez que pienso en buscar ayuda, pienso que no llegaría ni siquiera a la esquina de la procuraduría. ¿Cómo lograste ser el personaje principal de todo lo que creía terrorífico? Por favor déjame dormir, por lo menos esta vez.

Anoche tuve el peor sueño de mi vida: tú bajabas de tu auto, por fin, Kai. Volvía a ver tu rostro una vez más y no en tu espejo retrovisor. Estabas justo delante de mí, mirándome, fijamente. Tengo tanto miedo de que se vuelva realidad. No voy a dormir si eso me asegura no verte en mis pesadillas. Ya no quiero soñar Kai. Tu rostro sólo es sinónimo de pánico.

Todas las mañanas cuando mi madre llama, me limito tanto, se me hace un nudo en la garganta al hablarme de lo que ve en las noticias matutinas: mujeres desaparecidas, asesinadas, acosadas. ¿Leíste bien, Kai? Acosadas, desolladas, secuestradas. Bueno, supongo que el resto lo sabes. Ni siquiera sé si este es tu verdadero nombre. Sólo busco que tu atosigante existencia desaparezca de mi vida. Espero Dios escuche mis súplicas, aunque él me haya dejado desde que apareciste. 

Justo ahora estoy desplomándome en mi cama, mirando al techo, buscando figuras y formando casualidades. Sólo busco  desaparecer, repitiendo la rutina para encerrarme en esta casa. Sí, todo cerrojo está en su lugar, y las llaves —aunque las presione contra mi pecho— son muy pequeñas. Estoy esperándote, justo aquí, me tienes precisamente dónde quieres. ¿Qué esperas? Tienes todas las de ganar. Ya siento tu triunfo a la mitad. Sabes mi horario y sé que estás afuera esperando salir del auto. Termina esto de una vez. Deja que mi endeble cuerpo se ausente en tu álgido cometido. Ya no voy a poner un pero. Tengo tanto sueño. Estoy frustrada y el tictac del reloj me está volviendo loca.

Ya escribí todos los sinónimos que pude: son 49. Me falta sólo uno ¿y sabes cuál es? “Carencia”. Así es, recurro a éste para cerrar mi lista, porque así me haces sentir. Esto soy, Kai: Nada. Sólo espero que cuando al fin fuerces esa puerta y logres conseguir lo que buscas de mí, no me dejes tan físicamente lastimada, ya que debo repetir nuevamente mi rutina diaria mañana. Y por favor, cierra la puerta cuando termines.

Azul Alejandra Hernández Castro

Preparatoria 20

Magia entre tus manos. Eduardo Javier Zavala Casillas. Preparatoria Regional de El Salto.

Gritos de las que ya no tienen voz

Por la sobrepoblada e inquietante metrópoli, camina diariamente Silvana, 6:30 am, del metro a la Preparatoria. Y justo frente al baldío que queda a sólo un par de cuadras, se detiene a observar desde hace un año. ¿Dónde estaba la justicia de la que tanto hablan cuando en sus intentos por huir de los acechadores, puñalada tras puñalada, consumían poco a poco su aliento, su fuerza y su vida? Al borde de la banqueta, la pequeña cruz de mármol con su nombre sobrepuesto.

Vanessa Guadalupe de la Torre Muñoz

Preparatoria 8

Hundida en tinieblas. Brenda Itzel Martínez Cabrera. Preparatoria Regional de El Salto.

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