El
pensamiento crítico puede ser entendido como la capacidad de comprender el
mundo teniendo en cuenta la relación con los demás. La filosofía es, entre
muchas cosas, una herramienta que nos ayuda a estudiar el mundo y la realidad.
Nos exige adquirir y desarrollar habilidades para observar al mundo como algo
extraño que debe ser aclarado. Una de esas habilidades consiste en formular
preguntas. Las preguntas filosóficas tratan de ir a la raíz de los problemas. Y
cuyas respuestas siempre no dicen algo cerca de nuestra relación con los demás.
No
solo compartimos el mismo mundo como espacio de convivencia, sino que muchos de
los problemas filosóficos más interesantes desde la antigüedad hasta la
actualidad, tienen que ver con cómo nos relacionamos entre sí: el problema de
la individualidad, cómo digerimos emociones que o bien pueden cercarnos o bien
pueden alejarnos, una vez entablado un desacuerdo, cómo lo podemos gestionar,
etc. En este caso, es necesario pensar problemas acerca de la dignidad y
derechos humanos, así también la masculinidad como una vía para resolver
algunos problemas de género.
Es probable que cuando leemos ensayos filosóficos que nos ayudan a poner en perspectiva problemáticas actuales como las mencionadas, nosotros mismos elaboramos más preguntas que abonan a aclarar la realidad, entender el mundo y nuestra relación con los demás. En ese sentido, las preguntas filosóficas son el fundamento del pensamiento crítico. Son cualidades necesarias para lograr que los vínculos entre personas sean más comprensivos. Las preguntas filosóficas, cuando detonan el pensamiento crítico, tratan de atender lo que nos permite seguir intentando una mejor comprensión de uno mismo a través de los demás.
Dorian Hernández Vázquez Docente de la Preparatoria de Tonalá «Ruth Padilla Muñoz». Licenciado y Maestro en filosofía, Doctor en Humanidades. Profesor de las materias de Filosofía y Ética. Investigador en ética, epistemología, filosofía de la ciencia y argumentación.
Los
derechos humanos deben estar fundamentados en principios éticos universales, no
en ideologías cambiantes y subjetivas, como lo son las políticas sociales o económicas.
En este ensayo explico cómo la filosofía de Kant y la teología de Joseph
Ratzinger nos ofrecen una cimentación sólida para esta idea. Kant lo explicará,
a través de su idea del imperativo categórico, cómo es que los derechos deben
ser aplicables para todos sin excepciones arbitrarias y cómo es que la dignidad
humana es un principio fundamental intransferible. Ratzinger, por su parte,
advierte sobre la “dictadura del relativismo” y la necesidad de principios
objetivos que garanticen la dignidad del ser humano más allá de consensos
cambiantes. Ambas perspectivas, aunque diferentes, convergen en la idea de que
la razón y la moral deben ser el pilar fundamental de los derechos humanos.
Así, en este ensayo defiendo que los derechos humanos no deben ser usados como
herramienta de poder o conveniencia, sino como garantías basadas en la dignidad
de cada persona.
Conceptos clave: ética,
razón, valor humano, principios universales y relativismo ético.
«Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, el
poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad. Vosotros, el pueblo,
tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de hacer de esta vida una
maravillosa aventura. Entonces, en nombre de la democracia, usemos ese poder,
unámonos todos. Luchemos por un mundo nuevo, un mundo digno que dé a los
hombres la oportunidad de trabajar, que dé a la juventud un futuro y a la vejez
seguridad.»
Charlie Chaplin, El gran
dictador (1940)
Los
derechos humanos siempre han sido causa de debate a lo largo de la historia, no
solo desde un punto de vista social o político sino también desde una
perspectiva ética moral y filosófica. Hoy en día es común asociarlos con
ideologías sociales, políticas o inclusive económicas, lo que nos puede desviar
de su principal esencia, que es la búsqueda de principios universales que
garanticen la dignidad de los seres humanos. Según la declaración universal de
los derechos humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en
dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben
comportarse fraternalmente los unos con los otros.” (Asamblea General de las
Naciones Unidas, 1948, art. 1). En este ensayo explicaré por qué creo que los
derechos humanos deben ser tratados desde una base meramente ética más allá de
las divisiones ideológicas.
Para ello
recurrí a las ideas de Immanuel Kant, especialmente los conceptos de la
dignidad humana y el imperativo categórico que nos ofrecen una vista racional y
universal de los derechos humanos. Asimismo, lo abordaré desde una perspectiva
teológica y religiosa a través de Joseph Ratzinger, que, en lugar de
contradecir a la razón, la complementa al plantear que la dignidad humana debe
basarse en un orden superior. En este ensayo mostraré que tanto la filosofía
como la religión pueden ayudarnos a construir un marco ético sólido basado en
principios fundamentales que trascienden los intereses particulares y
garantizan que los derechos humanos sean universales.
Si los
derechos humanos se consideran verdaderamente universales, entonces no pueden
depender de ideologías políticas, sociales o económicas; en cambio, deben
fundamentarse en principios éticos fundamentales. Para ello, me respaldo en la
filosofía de Immanuel Kant y en las ideas teológicas de Joseph Ratzinger,
quienes desde diferentes enfoques coinciden en la idea de que la dignidad
humana es un valor intrínseco e intransmisible. Al analizar sus argumentos y
posturas, permitirá comprender por qué la ética debe ser el pilar fundamental
de los derechos humanos y cómo esto los fortalece ante las influencias
ideológicas y el relativismo.
En el
texto Fundamentación de la metafísica de
las costumbres (1999), Kant
planteó la idea de que la dignidad humana se fundamenta en la autonomía moral
de cada individuo, y su concepto de imperativo categórico establece que las
personas debemos actuar solo con aquellas máximas que pueden convertirse en una
verdad universal, lo que significa que los principios que rigen nuestras
acciones deben ser válidos para todos sin excepciones. Aplicado a los derechos
humanos, me hace pensar que su razón no puede depender de circunstancias
particulares o ideologías populares, sino de principios universales basados en
la razón y la práctica.
Kant
afirma que cada ser humano posee un valor absoluto, pues debe ser tratado no
como un medio para un fin, sino como un fin en sí mismo (Kant, 1999). Este
concepto de dignidad es crucial para entender los derechos humanos, ya que
implica que su fundamento no puede estar sujeto a cambios según intereses
sociales o políticos, ni ser utilitario en cualquier otro sentido. En este
sentido, la ética propuesta por Kant ofrece una base sólida para garantizar que
los derechos humanos no sean manipulados o relativizados, sino respetados en su
universalidad.
Desde un
enfoque teológico, Ratzinger también ofrece una defensa de que los derechos
humanos estén basados en principios universales, criticando el peligro del
relativismo en la moral. En Entre razón y
religión: Dialéctica de la secularización (1929), en compañía de Jürgen Habermas, Ratzinger enfatiza la
«dictadura del relativismo» y la amenaza que esto supone al disolver
los valores fundamentales al reducirlos a meras construcciones sociales. Según
él, si no hay principios objetivos sobre los cuales fundamentar la dignidad humana,
entonces los derechos humanos se convierten en meros acuerdos temporales
sujetos a cambios según la voluntad de la mayoría (Ratzinger, 2005).
Ratzinger
argumenta que la dignidad humana no puede depender solo de consensos
sociopolíticos, sino que debe tener un anclaje más profundo, ya sea en la razón
o en la tradición moral y religiosa. En Luz
del mundo: El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos (2010), hace énfasis en que la moral
no se opone a la razón, sino que la complementa, dándonos una visión más amplia,
que trasciende el materialismo y el utilitarismo actuales (Ratzinger, 2010).
Esta perspectiva refuerza la idea de los derechos humanos deben inventarse
sobre principios éticos firmes y no en posturas subjetivas, que pueden no
garantizar su universalidad. Un ejemplo
de esto es el derecho a la vida, pues la dignidad humana es innegociable y que
el relativismo moral puede llevar a prácticas que atenten contra ella, como lo
es el caso del aborto.
Aunque
Kant y Ratzinger provienen de contextos diferentes y tradiciones distintas,
ambos apoyan la postura de que los derechos humanos deben basarse en principios
universales y no solo en conveniencias temporales. Kant lo fundamenta desde el
punto de vista de la razón y la autonomía moral, mientras que Ratzinger enfatiza
la necesidad de una verdad objetiva que proteja la dignidad humana de la
arbitrariedad relativista. En ese sentido, la ética emerge como el punto medio
de encuentro entre la razón filosófica y la visión teológica, ofreciendo una
base sólida para la defensa de los derechos humanos universales más allá de
cualquier ideología relativista.
Al
analizar estos argumentos, queda claro que los derechos humanos necesitan una
justificación ética que garantice su validez para todos. Tanto las ideas de
Kant como la visión de Ratzinger nos ayudan a entender que la dignidad humana
no es meramente una construcción arbitraria, sino un principio fundamental que
debe ser protegido y promovido ante todos.
Para que
los derechos humanos sean verdaderamente universales no deben depender de
ideologías sujetas al cambio ni de consenso circunstanciales; deben basarse en
principios éticos sólidos que garanticen su validez para todas las personas a
través de la perspectiva de Immanuel Kant y Joseph Ratzinger. Hemos visto como
la razón y la religión pueden converger en la defensa de la dignidad humana
como un principio fundamental e inalienable.
Kant nos
ofrece una perspectiva filosófica basada en la autonomía y la razón, asegurando
que los derechos humanos no sean tratados como simples herramientas de utilidad
política o de ideologías sociales. Ratzinger, por otro lado, nos alerta sobre
los peligros del relativismo en la moral y la necesidad de encontrar un
fundamento moral que trascienda el contexto inmediato. Juntos estos enfoques
refuerzan mi idea de que los derechos humanos deben construirse sobre
principios éticos fundamentales y universales, y no sobre intereses
particulares y posturas ideológicas.
En un
mundo donde los derechos humanos son constantemente debatidos e inclusive
instrumentalizados, es crucial recordar que su esencia radica en la dignidad de
cada ser humano que es innegociable e intransferible (Rawls, 1995).
Comprenderlos desde una perspectiva ética, como lo propone Kant y Ratzinger,
nos permite asegurar que sigan siendo un pilar fundamental para el desarrollo
de la sociedad.
Si los
derechos humanos dependen de intereses cambiantes, dejan de ser derechos y se
vuelven privilegios temporales. Solo principios universales pueden garantizar
su verdadero valor, evitando que la dignidad humana se vea afectada por
ideologías pasajeras.
Angel Santiago Piña Navarro Preparatoria de Tonalá Dra. Ruth Padilla Muñoz
Resumen: La educación ha sido clave en la
transmisión de valores, normas y paradigmas dentro de la sociedad. Durante los
últimos siglos se ha visto la implementación de pensamientos e ideales que
vinculan al hombre como seres superiores con mayor fortaleza, autoridad y
liderazgo. En cambio, a las mujeres se les ha asociado con la inferioridad, la
delicadeza y el cuidado. Sin embargo, en la actualidad se ha visto muy
criticado este modelo, ya que no cumple con el seguimiento de valores como el
respeto, la empatía, la igualdad, entre otros.
Las nuevas masculinidades
critican los antiguos ideales, teniendo como objetivo desligar la masculinidad
con la violencia, la represión y el dominio. Estas masculinidades a su vez han
sido cuestionadas, posicionándola por algunos a través de mitos, que son
erróneos.
En la implementación de
estas masculinidades es clave la educación, ya que con esta se podrá cuestionar
lo tradicional, promoviendo y fomentando una cultura más humanista.
En las últimas décadas, se ha
presenciado un mayor interés a la visibilización de temas relacionados con el
feminismo, la igualdad de género y la masculinidad. Como consecuencia de la
reflexión de los derechos humanos y la educación que tienen como objetivo un
desarrollo integral, donde no se promueve ningún tipo de violencia o
represión.
A lo largo de este ensayo, sostendré la
tesis que plantea a la educación tradicional como agente moralizador en las
familias, fomentando actitudes tales como: el machismo, la violencia de género,
la desigualdad, la discriminación y la masculinidad hegemónica; la cuales han
sido promovidas muchas veces de forma inconsciente en las familias
tradicionales.
Mi tesis estará apoyada de los
pensamientos y reflexiones de François Poullain de La Barre, un escritor y
sacerdote que fue precursor del feminismo en su época. Para entender lo qué es
la masculinidad hegemónica y sus implicaciones será presentado a través de las
ideas de Raewyn Connell, socióloga australiana quien lo especifica como un
ideal o un juego de normas sociales simbólicamente representadas. Por otra
parte, se utilizarán las reflexiones de Judith Butler que nos muestran que la
masculinidad hegemónica no es un camino inevitable, y puede cambiarse. Además,
para mostrar la importancia de la deconstrucción de las masculinidades en la
pedagogía usare como referente el libro “12 razones para educar las
masculinidades en educación física” de Gonzales Béjar.
Después de presentar lo anterior, surge
la necesidad de explicar que las nuevas masculinidades tienen como objetivo
cambiar los enfoques de los valores heteropatriarcales, que dan lugar a la
justificación de violencias y desigualdades.
Además, se verá a la educación como una
herramienta clave, para modificar actitudes hacia la igualdad de género. Es
importante no imponer pensamientos o razones para visualizar un mundo más
justo. Así mismo preguntarse ¿Educar en
la nueva masculinidad puede resolver problemas de género?
Con esta pregunta se pretende incitar la
reflexión hacia la liberación de prejuicios y formas de pensamiento que
fomentan la resolución de conflictos generados por el género.
Si se educa bajo el concepto de nuevas
masculinidades se abre apertura a una reivindicación de lo que se supone son
los estereotipos hegemónicos que se han impuesto e implementado desde que
tenemos conocimiento, tanto como los roles en hombres y mujeres empezarían a
cambiar, logrando la comprensión de que pensamientos como el de François de la
Barre; “Los defectos atribuidos a las mujeres provienen de la educación” (François.B,
2007) es decir que desde la ignorancia, actitudes machistas se
implementaron para hacer creer que las mujeres son inferiores, débiles, o
incluso menos inteligentes; buscando aprovecharse injustamente de ellas, tener
ventaja y verlas en un punto hasta como objetos, dejándolas sin voz o voto. Al
hablar de nuevas masculinidades no se tiene como meta redimir al hombre ante la
mujer, ni mostrarlo débil, sino que se busca que estos tengan el mismo acceso a
oportunidades, que convivan en armonía y sean empáticos entre ellos.
Este fenómeno tiene origen tomando de
referencia a los filósofos de la antigua Grecia, que tenían la idea de que los
hombre eran racionales y fuertes, mientras las mujeres eran vistas como débiles
y subordinadas, parafraseando al filósofo Aristóteles que sostenía que
naturalmente el hombre es superior que la mujer (Aristóteles,1999). Como
autoridad intelectual sus ideas tuvieron una gran influencia en el pensamiento
occidental.
Además, muchas religiones monoteístas
han influido en la creencia de que el hombre debe ser líder del hogar,
interpretándose como una jerarquía de género donde la mujer debe ser obediente
y cuidar de la casa.
Cabe resaltar que el concepto de
masculinidad hegemónica se propuso por primera vez aproximadamente hace 3
décadas por la socióloga Raewyn Connell, quien describe el modelo de ser
hombre, que consiste en ser fuerte, competitivo, agresivo o inexpresivo, a su
vez que si un hombre no cumple con este modelo se le humilla o excluye (Connell,R.W,
2003).
Cada una de las problemáticas que tienen
como causa la educación tradicional, afectan directamente a las personas
que integran nuestra sociedad, ya que por una parte interponen estereotipos y
cánones que orillan a los individuos masculinos a ser protectores, proveedores,
fuertes, insensibles, además de siempre buscar el poder, dejando de lado el
derecho a su sano y libre desarrollo, el cual es necesario para que al
completar sus etapas óptimas de crecimiento sean individuos que tengan un
pensamiento crítico y una consciencia reflexiva con las cuales puedan realizar
introspecciones y darse cuenta si sus acciones son correctas, si es que están
presenciando un acto injusto, puedan intervenir y que nada ni nadie los haga
sentirse obligados a actuar de forma violenta.
Estos acontecimientos definen la razón
por la cual es esencial que eduquemos desde la nueva masculinidad.
Existen muchos mitos alrededor de la
nueva masculinidad que bien tratarán de derribar esta tesis, pero tomando como
referente los mencionados:
“En primer lugar, se ha dicho que las nuevas
masculinidades quieren romper la idea de hombre y no es así, lo que se busca es
que cada hombre exprese su género como quiera. En segundo lugar, también mucho
se ha dicho de cómo el machismo es perjudicial para las mujeres, pero también
para los hombres.” (Nuevas masculinidades ,
2022)
Reafirmando lo antes mencionado, si cada
hombre hiciera un uso libre de sus acciones lejos de estereotipos e ideales
hegemónicos, se propiciaría que tuvieran una mejor autoestima, ya que se
librarán de cualquier presión que bien pudiera causarles ansiedad y estrés. Al
tener claro que no deben seguir ningún modelo normativo, su autoestima se
basará en la auto aceptación dejando de lado la validación externa, la cual
provocará que no realicen comparaciones con los demás, reduciendo la
frustración que muchos hombres sienten al no encajar en el molde de un
“hombre”. Así como se librarán de obligaciones erróneas que se les atribuye
como ser los principales proveedores en sus familias.
Como muestra de que la masculinidad se
puede deconstruir, encontramos “El género demuestra ser performativo -esto es,
que constituye la identidad que se pretende que sea-.”(Butler, 1997),
es decir que si se ve a la masculinidad como un constructo social performativo,
se puede abrir la puerta a su transformación.
Finalmente apoyándome de «12
razones para educar las masculinidades en educación física” (González, 2020)
podemos ver que, desde la perspectiva del docente, quien es el encargado de
educar, existe la posibilidad de desarrollar espacios dentro del ámbito de
aprendizaje que fomenten la justicia social y la construcción de relaciones
humanas equitativas.
Aunque es claro que en la sociedad el
rompimiento de la educación tradicional necesita un progresivo y constante
proceso, se puede respaldar que la educación es clave y uno de los principales
indicios para ver un cambio.
Teniendo en cuenta los puntos
antes mencionados podemos darnos cuenta que conlleva la aplicación de nuevas
masculinidades en la sociedad, que, aunque esta puede ser muy compleja, su
objetivo lo compensa ya que las causas por las cuales busca implementarse, son
con el fin de construir una sociedad donde todos y cada uno de nosotros podamos
vivir, sin sentirnos atados a paradigmas sociales; que en lugar de propiciar la
igualdad, la equidad y el respeto, fomentan una cultura donde se normaliza la
violencia y la exclusión.
Fuentes de investigación:
François de la Barre. UNAM (2007) .La
igualdad de los sexos.