Category Archive: Redecuentos

Caos

Dioses ineptos, han olvidado por lo que están aquí, para lo que nacieron. Deberían ser la luz de la humanidad, guiarla por el buen camino, velar por ella, vivir por ella; en cambio sólo le brindan codicia, envidia, rencor, arrogancia, egoísmo y crueldad. Condenaron a Pandora, pero son ustedes la viva imagen de los males que atormentan al mundo, no merecen ser alabados, no merecen nada.

Peccatum | Luisa Fernanda Sánchez García. Preparatoria Regional de El Salto.


Serán condenados al olvido, despojados de sus virtudes,
vivirán entre sus semejantes, sin alterar el curso de la vida
misma y, cada vez que sucumban por su propio linaje, resurgirán
con candidez, sin el privilegio de la alusión, es así como
buscarán la perfección.



Sólo recuerdo cómo las ninfas
cubrían mi cuerpo con seda ¿en
manos de quién? ¿Cuántas veces?
Dudas que nadie tiene permitido
saber, lo único que no sale de mi
cabeza es la voz de aquella mujer,
sentenciándonos a un pecado que ni
siquiera recuerdo.

Valentina Odett brambila Aguayo

Preparatoria Regional de Etzatlán

módulo San Marcos

Atrapado

La oscuridad comienza a ocultarme del resto. Hace días que no logro ver la luz del atardecer… sólo hay una tonta bombilla palpitando y generando un calor insoportable en mi ser. A lo lejos hay un espejo empañado, lleno de pequeñas letras ilegibles. No paro de pensar en que quizá hoy es él día en que se marche la sombra que me aprisiona en este pequeño cuarto con paredes llenas de números que no logro distinguir…
Despierto, miro cómo mi cuerpo se desvanece poco a poco con el tiempo. Ha llegado la hora de levantarme y cruzar la puerta. Comienzo a moverme lentamente con las pocas fuerzas que tengo, pero algo toma mi pie… escucho aquella voz en mi mente, sin poder moverme… tiran de mí para nunca volver.

Carlos Alberto Montero Ortiz

Preparatoria Regional de Tala

Por entro | Braulio Gutiérrez Ayón. Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga

Bucle de monotonía existencial

Observas tus propios pensamientos mientras los ojos apuntan a la ventana del cuarto blanco en un segundo piso, al que llaman “aula”. Confundes el ruido idiota de las conversaciones efímeras con el silencio de las divagaciones mentales.
Volteas por instinto a la cara imbécil de tu amigo que te taladra con tu nombre desde que olvidaste que es “el nombre” te corresponde. Asientes con la cabeza como si comprendieras que lo que sale de su boca no es sólo aire.
Te das cuenta de que garabateaste el ensayo final con la pluma que hace un momento masticabas.
Intentas recordar cuándo sacaste la pluma de tu boca.
Sumerges los pies en una laguna mental.
Por casualidad, ves en el fondo al profesor que entra por la puerta. Detrás de él un mulo —su lamebotas predilecto— carga con proyector, portafolio, listas, cuadernos, libros.
Desciendes la vista, que cae en la mochila. Le siguen tus manos. Buscas la libreta de la materia. Sólo encuentras los cuadernos rancios de hace dos días.
Regresas tu postura a su sitio. Te resignas a los cinco puntos menos que te depara el destino. Tus pupilas naufragan en el horizonte de cabellos chinos, secos y enredados dehippie sentado enfrente que te tapa el pizarrón.
Sopesas su existencia, la tuya.
Tomas las plumas marcadas por la ansiedad dental, el ensayo vandalizado y demás basura escolar. Guardas todo en cualquier parte de la mochila. Te la cuelgas. Los pies te mueven hacia la puerta de acero y enclaustre. Miras el patio con el mismo anhelo con el que observas a la chica que suele pasar por el fresco de la ventana.
El profesor cuestiona tu travesía. El aire disemina esa voz mosquera que intenta volar en tus oídos. Sigues tu camino. Cruzas el sendero. Dejas tu mochila tirada en el pasillo. Subes al barandal color azul-libertad. Permaneces ignorante de la carrera del profesor empeñado por frustrar tu intento de autoinmolación. Te dejas caer a los brazos maternales del patio.
Un instante.
Sobrevives.
Miras un rostro horrorizado, que pertenece a una amiga de la chica sobre la que acabas de caer, ¡esa!, ¡la que suele pasar por el paisaje del ventanal! Tu mejilla mojada, por la sangre que se encauza sobre sus cortos y —ahora— pelirrojos cabellos.
Desdeñas a la horda de mosquitos oportunistas que comienzan a rodearlos. A ti, a ella: a ti sobre ella. Todos quieren chupar de la pestilente escena. Como no hay escapatoria, te rindes. ¿Cuántas veces lo has intentado esta semana? Les das gusto, te entregas. Y regresas. Regresas al bucle de monotonía existencial.

Esteban A. Velázquez

Preparatoria 8

Ilumina el camino hacia tu vida | Karla Michelle Dávila Vázquez. Preparatoria Regional e Tlajomulco de Zúñiga.

El juego

El primer asesinato nunca lo olvidamos, me lo dijo mientras tomaba mi mano. Él fue mi primer amor y mi último respiro.
 

Jorge Alberto Carmona Hernández

Preparatoria de San José del Valle de Tlajomulco de Zúñiga


La última cena

El primer asesinato nunca lo olvidamos, me lo dijo mientras tomaba mi mano. Él fue mi primer amor y mi último respiro.

Hilda Saraí Gómez García

Preparatoria de San José del Valle de Tlajomulco de Zúñiga

Historia de terror

Estaba aterrado cuando lo primero que vi fue una puerta de mi casa que estaba abierta, y el problema es que yo tuviera una manía por mantener todas las puestas cerradas, el problema es que esa puerta nunca antes estuvo ahí.
 

 

Ana Carolina Escobedo González

Preparatoria 19

Olvido de vuelo

Cuatro paredes. Ansiedad. Gritos internos. Sollozos de soledad.
Llegó el día. Se abren las puertas. Mis alas se extienden… Demonios, lo que faltaba: ¿cómo se vuela?
 

Lourdes Montsserrat Rodríguez González

Preparatoria 19

Receta de mamá

Doctor, doctor…mi hijo no reacciona, le juro que le di sus medicamentos tal como se los receté.

Carlos Alberto Montero Ortiz

Preparatoria Regional de Tala

Un caso más

Riachuelo de dolor |Juliana Marlene Andrade Valle. Preparatoria Regional de El Salto.

Ella dijo no. Ella dijo no. Ella dijo no. Él dijo que sí y la forzó. Ahora ella ya no puede decir nada.

Valeria rubí González Orizaba

Escuela Vocacional

La última pieza

Lo estuve buscando por todos lados sacando todo de los cajones, revolviendo ropa sucia con limpia, hasta que lo encontré. Quién iba a pensar que estaba tumbado en el fondo del armario empolvado “desgastándose”.
Tenía que ponérmelo para esta ocasión, para volver a sentir cómo se sentía usarlo de nuevo, sentir esa calidez que rodeaba todo mi cuerpo me hacía sentir como persona normal. Salgo de casa usando todo lo que necesitaba: corbata, zapatos voleados y brillantes, esmoquin limpio y planchado, pero sobre todo la única pieza que no encontraba y estaba en el fondo del armario: mi alma.
 
 

 

Cynthia Hernández Mendoza

Preparatoria 6

Sé que todo estará bien… pero no esta noche | Angie Gabrielle Lupercio García. Preparatoria Regional de El Salto.

Dalias

Caminó con un gran ramo de dalias, dispuesta a dárselo a la persona que más amaba. Al llegar paró frente a la tumba de quien fue la mujer que la crio.

Uniforme

Inspirado en la película Mulán

Ella usa uniforme fingiendo ser hombre y él se enamoró de ese soldado antes de saber que en realidad es mujer.

Daniela Itzel Esparza Huerta

Preparatoria 19

Recordatorio

Otra madrugada más, me vuelve a levantar el llanto de un bebé. Cada vez que suena, se vuelve más fuerte, tanto que penetra las paredes del cuarto, es demasiado tétrico, pero lo que me desconcierta es cuando la madre va y arrulla al niño, porque me hace recordar que yo soy el muerto.


Juan Ricardo Emmanuel Ramírez García
Preparatoria 19

Dimensión oculta

Tardé en dormirme, por la pintura del hombre sonriente… Hasta que me di cuenta que no era un cuadro sino un espejo.
 

 


María Leonor García López
Preparatoria Regional de Colotlán

La vida por delante

Doce años para recibirse. Tenía que celebrarlo.
—Estaría iniciando la maestría.
—Es una pena —dijo mientras colocaba el expediente junto a los de otras mujeres desaparecidas.
 

Andrea Jazmín Valenzuela Morales

Preparatoria de San José del Valle de Tlajomulco de Zúñiga

La narración es mirar a los ojos de sí

Una historia narrada por jóvenes siempre es el comienzo de algo más que una aportación a la literatura: es el descubrimiento de una nueva visión del mundo. Cuando un joven se asoma por primera vez al interior de las letras y encuentra ahí los ecos de miles de voces antes pronunciadas, descubre una ruta para encontrar su propia voz. Al redescubrirse en un mundo recién nacido, la fusión entre esa novedad y su yo existente da origen a perspectivas alternas infinitas. Así, ese renacimiento deja como resultado un oleaje de creatividad en el que todo es válido y en el que nada está establecido.

Vaivén, pues, ha sido testigo no sólo de aquellos quienes, habiendo entrenado su voz, le dan rienda suelta a sus ideas con una fluidez casi imperceptible, sino también de aquellos en quienes recién despierta la cosquilla de una nueva forma de expresión. Quizá por eso esta revista guarda un lugar especial en la vida íntima y profesional de los jóvenes de las preparatorias del Sistema de Educación Media Superior. Quizá por eso, la labor que realiza Vaivén es cada día más vital e indispensable.
En la presente edición, como en todas las anteriores, no falta la sinceridad, pues si algo es característico en el lenguaje de estas páginas es la transparencia con que los jóvenes plasman sus anhelos, frustraciones, complejos, metas, miedos e ideales. Tan es así que el lector no dejará de encontrarse con finales retorcidos, que aluden a la desesperanza y a lo agónico, finales que no obstante imitan a la perfección una realidad de la que parecen querer escapar. Así pues, la narración es mirar a los ojos de sí, como perdido, encontrado y reflejado en las historias de los otros que al mismo tiempo son las nuestras.

Con todo y esto, hay algo de lo que carece el mundo real que sí se halla en los cuentos y microrrelatos escritos por esos autores: la posibilidad de vivir una historia de nuevo, hasta la saciedad, una y otra vez. De ahí la importancia de seleccionar obras reales, trascendentes, que expresen con autenticidad todo aquello que los jóvenes quieran que emane de sí; que al releer se vuelvan no sólo un placer para el lector, sino un pedazo de historia que entreteja a ambas: la realidad real y la posible.
Porque la realidad real siempre necesitará alternativas probables, y la posible siempre beberá de lo que ya existe, la vida y la literatura coexistirán mano a mano hasta el final de los días. Y al ser dependientes una de la otra, no queda más que seguir mirando a través de los ojos de sí, hasta extender la mirada a un panorama cada vez más enriquecedor. Sigamos mirando nuestras vidas como un reflejo de lo que puede ser y no ha sido, de lo que fue y no será, de lo que somos y seremos, de lo que es y seguirá siendo.

 Óscar Daniel Gómez Mendoza*

* Novelista y dramaturgo, estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Colabora en el SEMS en el área de Difusión y Extensión desde 2018. Ha impartido clases de inglés y español, así como diversos talleres de creación literaria. En 2018 dirigió la obra de teatro Toska, escrita por él mismo.
 

El mecanismo de la princesa

Agnus Dei. Érik Alejandro Sánchez Calleja. Preparatoria Regional de El Salto

Me encuentro frente a una escalera, en forma de espiral. Volteo hacia arriba, no alcanzo a ver algo, todo está oscuro, sólo puedo ver los escalones metálicos, y blancos. Recostado bajo mis pies, en el escalón, hay un bebé, lo tomo en brazos. Conforme voy subiendo los escalones, tras de mí se hacen cada vez menos visibles, la misma oscuridad que emana, cada vez más violenta, los va consumiendo uno a uno hasta desaparecerlos, es envolvente y se asemeja a un líquido espeso, denso y profundo. Me pregunto hasta dónde llevará esto, cuánto habremos de recorrer. Cada paso es lento, pausado, congelado, y la espiral de escaleras se ensancha, se vuelve a juntar, se arremolina, pero no deja de elevarse, aunque más que elevarse por momentos pareciese que no hay extremos, que no hay abajo y arriba, un lado u otro, sólo nos movemos a través de la dinámica espiral. El entonces bebé crece conforme avanzamos, ya es un niño, un adolescente, un adulto… Cada paso lo aturde y confunde más, está angustiado; con él va un miedo primigenio. De esa profunda oscuridad voces, sonidos, algunos aromas y destellos fulminantes surgen en nuestro movimiento por la espiral, eso excita al hombre. Lo llevo de la mando, su rostro es irreconocible, cambia mucho.


*
Hemos llegado a la cima antes de si quiera habernos dado cuenta. El bebé, ahora un anciano, va conmigo. Nos encontramos en una especie de edificio; el viento golpea fuerte, es gélido, abrazador; el cielo está estrellado. 
Al borde del edificio, frente a nosotros, visualizo una figura ondeante; me acerco, es una mujer de cabellera blanca, su cabello se mueve como si de las propias olas del vendaval se tratara. No alcanzo a ver su rostro, su cabello no me lo permite; lleva puesto un gran vestido blanco, de aquella seda con la que tejen los sueños, se mueve impetuoso; está descalza, su piel blanca, profundamente blanca, contrasta con el lóbrego y caótico lugar. Parece una princesa.
Doy un paso, intento acercarme a aquella inusitada pero bella mujer. El viento es frío y pesado, pero por momentos creo ser yo quien alberga lo gélido en su interior. Me pregunto cómo es que aquella mujer puede resistir tal cosa con apenas esa vestidura, casi una sábana.
Ella se me acerca, pareciese polvo por la manera en que se mueve y es frágil, mucho. Está frente a mí, con una de sus manos me toca la mejilla y luego me levanta suavemente el mentón, la otra la recarga en mi hombro. Su presencia es cálida; sin embargo, me sigue pareciendo distante frente al frío que yo albergo. ¿Qué nos separa?, ¿qué nos une?
El anciano cae y con un último esfuerzo me tira débilmente de la mano, y con una voz jadeante me proclama:
—Por favor, dame tiempo.
No entiendo a qué se refiere. —Yo no puedo ofrecérselo, el tiempo no me pertenece —le respondo.
Se desploma. La bella princesa ni se inmuta, sólo me observa y, musitando, me pregunta:
—¿Qué harías si el fin del mundo estuviese en tus manos?
La bella princesa me tendió de su mano un antiguo mecanismo, un reloj de bolsillo, pesado de viejas, actuales y futuras historias. —Si abres la tapadera, el mundo acabará —continúa.



*
Fue entonces demasiado tarde. La cumbre de la vida. Sólo en los límites, sólo en la cima es cuando se ve lo que se ha logrado, lo que se ha conseguido.
El tiempo devoró a los hombres y a toda criatura, la noche pierde a todos en su interior, eso es lo que queda, al vacío se nos arroja; y no hubo salvadores ni redentores, gobernantes o dictadores, reyes ni reinas ¡No hubo pueblos ni reinos enteros o criatura alguna sobre ese mundo que pudieran evitarlo! El líquido oscuro, el líquido amniótico de la existencia ahogó al viejo mundo.
Un destello, una explosión.
Yo soy la muerte, el destructor.
00:00. Despierto. Soy un recién nacido en el principio de la espiral, ¿cuánto he de recorrer hasta volver? El miedo primigenio me toma en sus brazos, me acompaña.
 
 

Osvaldo Ambriz Martínez

Preparatoria 6

En busca de la Luna llena. Carla Lidia Velázquez Chávez. Preparatoria Regional de El Salto.

La despedida

Héctor estaba con su novia. Era la última vez que se verían. El joven se daba cuenta de que había un problema en su relación, así que le dio un último beso y la volvió a enterrar.

Triste Soledad

Tengo miedo de quedarme sin amigos, por eso no les quito las cadenas.

Hombre precavido

Estaba almorzando en la carretera y en mi café cayó una mosca, me dio mucho asco… debí haber embolsado el cadáver primero.

Amor es Amor

A mis 39 años encontré el amor. Me gusta ir a la escuela; mi motivación: Anita. Tiene el cabello largo, bonitas pestañas, ojos grandes, labios pequeños, nariz respingada, cejas pobladas. Pero ella tal vez no me haga caso: todas las niñas de cuarto año de primaria son casi iguales. ¿Qué no entienden que a los 10 años es un buen momento para madurar?

Isaac Valenzuela García

Preparatoria 8

La voz de la historia

– Un cuchillo con un poco de verdad. Daniela Guadalupe Magdaleno Herrera. Preparatoria Regional de El Salto.

Érase una vez… Un reino que hace muchos años había logrado ser uno de los más grandes e importantes del mundo. Para desgracia de muchos, ese reino actualmente estaba a punto de ser olvidado junto con sus habitantes.
Pero, ¿por qué había sucedido esto? Se preguntaban los habitantes del Reino Casi Olvidado. La respuesta, aunque estaba frente a ellos, no podían verla. Los pocos habitantes que quedaban preferían la comodidad y decidían aguardar a que el problema se solucionara solo, en lugar de buscar una historia que contar.

Entre aquellos habitantes existía un joven que era distinto a todos los demás, no prefería quedarse en su casa y siempre estaba en busca de una aventura.
Henry, como todas las mañanas, se levantó entusiasmado por el nuevo día que tendría. Tomó su ropa y se vistió lo más rápido que pudo. Bajó las escaleras y con un grito se despidió de sus padres. Mientras corría por el pueblo, iba saludando a todas aquellas personas que se encontraba: la panadera, el herrero, el cartero, la florista, incluso al Señor de los Gatos. Muy pocos le regresaban el saludo, pero no le afectaba en lo absoluto. Él estaba concentrado en su próxima aventura: La Cascada.

—Oye, ¿podrías dejar de hacer eso?— dijo Henry a la gran voz que escuchaba todos los días. —Ya estoy harto de que repitas todo lo que hago—, me reclamó.
Henry, al no escuchar una pronta respuesta, creyó que todo había terminado y que mi magnífica voz se había apagado.

— ¡Ya deja de hacer eso! —, dijo algo irritado. —Y tu voz no es magnífica.
Yo, algo confundido, no entendía por qué después de tantos años Henry se salía de sus líneas y me hablaba directamente a mí. —Pues porque no me dejas estar solo en ningún momento, siento que todo el tiempo alguien me vigila— dijo mientras cambiaba de dirección, de vuelta al pueblo. —¿Por qué siempre narras mi vida?
La respuesta era muy sencilla: Yo era un narrador y a eso nos dedicamos los narradores. Además, Henry era el único que hacía algo interesante en el pequeño Reino Casi Olvidado.

—No soy el único que hace cosas interesantes, ¿por qué no pruebas con alguien más aquí en el pueblo? Estoy seguro de que podrás encontrar a alguien más—, me dijo.
Nunca me había puesto a pensar en eso y, mientras analizaba la situación, me di cuenta de que la vida de Henry, al igual que la de muchos, era rutinaria y comenzaba a parecerme aburrida, así que… ¿por qué no cambiar?

Ahora existía un problema: ¿qué historia narraría si no era la de Henry? Habían pasado tantos años narrando la misma historia que nunca había visto la posibilidad de narrar alguna nueva.
—Podrías narrar a cualquier persona—, decía mientras pasaba a lado de la panadera. Intenta con ella.
Pero, una panadera no me parecía suficientemente interesante para una historia.

Tú solo inténtalo—. Fueron aquellas las palabras que me hicieron dar el salto. Mientras, en la cabeza de Henry, mi voz se extinguía lentamente hasta generar un extraño vacío oscuro. Nunca había hecho algo así antes y jamás habría imaginado que tendría que buscar una nueva historia. La sensación de estar viajando en esa oscuridad hasta una cabeza nueva me parecía difícil de describir.

—Suerte— escuché decir a Henry justo en el momento en el que mi voz ya no era escuchada por él, sino por la panadera.
Érase una vez… Una panadera llamada Rosa, que solía presumir que el miedo no era parte de ella y que seguro era la más valiente de todo el pueblo, comenzó a escuchar una voz en su cabeza luego de ver al joven Henry hablando solo. Esto le llenaba el cuerpo de un terror escalofriante.
Ella, a pesar de creerse la más valiente, en su interior guardaba muchos miedos y una voz en su cabeza era un síntoma de uno de ellos: la locura. Obviamente ella no gritaría o saltaría del miedo. Esperaría hasta su casa para demostrar aquel miedo.

—¡Ya!—, dijo justo a unas calles de su pequeña choza. —¡¿Qué está pasando!?
Yo no había pensado en la posibilidad de que alguien se podría asustar con mi voz, ya que solía ser tranquila, pero incluso mi narración sobre sus pensamientos comenzaba a asustarme.
—No estoy loca, no estoy loca, no estoy loca—, comenzó a decir en voz alta, para convencerse a ella misma de que mi voz era tan solo arte de su imaginación. — ¡Cállate!
La reacción comenzaba a asustarme, así que decidí explicarle todo de manera…
—¡No me expliques nada! ¡Largo!—, dijo mientras me interrumpía y su vecina la florista la veía con extrañez. —Estoy soñando, sé que es un sueño.
Lamentablemente para ella, lo que le estaba pasando no era un sueño y había sido culpa de Henry. Ella estaba aterrada y el miedo que yo sentía por su gran desesperación y sus sollozos era suficiente motivo para salir de su cabeza y buscar a Henry.

Oscuridad. Vacío. La sensación era muy extraña, y una pregunta surgió en mí. ¿Qué era ese lugar?…
Antes de que tuviera tiempo de contestarme, sentí de nuevo los pensamientos de la cabeza más cercana a la que puede llegar. Sinceramente me decepcionó que no fuera la persona con la que tanto tiempo había estado y nunca había tenido problemas.

Érase una vez… Una joven hermosa que había tenido que viajar al Reino Casi Olvidado para apoyar en el negocio de flores que había iniciado su padre. Y aunque el negocio iba decayendo, gracias a la poca gente que llegaba al reino, Kate seguía con la esperanza de que algo sucedería, que cambiara ese lugar para siempre.
A diferencia de la panadera, ella estaba reaccionando bien y de forma calmada. Mi voz no la asustó, sino que la sorprendió y estaba esperando a que dejara de narrar un poco, para así poder hablar ella sin necesidad de interrumpirme.

Luego de empezar a reírse ella habló:
—Esto es muy extraño—, dijo aun entre risas. — ¿Qué está pasando?
Su reacción me pareció algo extraña, luego de ver a la panadera gritar como una total psicópata, su risa era algo totalmente inesperada.
—Espera… estás narrando. ¡Eres un narrador!—. Su increíble deducción me había dejado impresionado y sinceramente no tenía nada qué decir. —

¿Un narrador sin palabras?
Yo, luego de admirar su gran capacidad para deducir cosas, comencé a explicarle que yo era un narrador sin historia, por lo que estaba en busca de una historia que pudiera regresar al Reino Casi Olvidado a su antigua gloria. Había muchas personas en el pueblo, pero muy pocas podrían llegar a tener un gran final, así que yo quería narrar la vida de aquella florista.


No. Mi historia no sería interesante, estoy demasiado ocupada con la tienda de mi padre y tengo que cuidar de las plantas que hay ahí—. No entendía por qué, si uno de sus mayores deseos era poder viajar a otros lugares. —Tienes razón, pero mi padre confió en mí y no lo puedo decepcionar.
Esto no podía ser cierto. Me había metido en un problema muy grande al salir de la cabeza de Henry. Encontrar una historia que narrar comenzaba a volverse más tardado de lo que pensé.


—Oye—, dijo Kate, sacándome de mis pensamientos dentro de su cabeza.
—¿Tienes que narrar a otra persona para hacer tu trabajo?
No comprendí su pregunta. Era obvio que necesitaba a alguien para así poder hablar de él y contar cómo soluciona sus problemas.
—A lo que me refiero es: ¿no puedes narrar tu propia historia?
Era una pregunta increíblemente peculiar y, si soy sincero, nunca se me habría ocurrido a mí, ni siquiera sabía si eso era posible.
—Yo te ayudaré a buscar una historia si no funciona, pero puedes intentarlo.


Era agradable tener el apoyo de alguien, pero si su idea funcionaba, ya no iba a necesitar más ayuda de alguien, y podría crear una historia increíble que regresaría al Reino Casi Olvidado a su grandeza. Así que después de una espera larga, decidí a intentarlo…
Una última vez, viajé al vacío y volví a sentir todas aquellas sensaciones extrañas, pero esta ocasión me quedé ahí el tiempo suficiente como para entender que ese lugar extraño era mi cabeza. Y ya cuando había razonado todo, escuché mi voz:
—Érase una vez… La voz de las historias… La voz de mi historia…

Juan Pedro Junco Díaz

Preparatoria 10

Autocuidado

La adrenalina recorría mi cuerpo entero y a cada respiro aumentaba exponencialmente. Ya te imaginarás: sola, en medio del bosque, a oscuras y al lado de un extraño que se ofreció a darme un raite. Uno nunca se acostumbra a esto.
No pasaron más que unos minutos de que el auto se había detenido, cuando lo volví a poner en marcha. Voy rumbo a casa con mi billetera a punto de estallar, coche nuevo y medio kilo de conciencia más pesada.
 

Iván Eugenio Ramírez López

Preparatoria Regional de Tecolotlán

– Quisiera ser. Paulina Valeria Vázquez Luna. Preparatoria Regional de El Salto.

Compañía

Entonces, desde que murió mi abuela me quedé con su habitación y me di cuenta que no murió de enfermedad.
 

Ángel Ramsés Cornejo Santos

Preparatoria 12

Sueños

Y cuando por fin me atreví a soñar, me di cuenta de que la tierra ya cubría mis pensamientos.

César Francisco Hernández Pérez

Preparatoria Regional de Tecolotlán

Huevos, café y bolillos

¿No puedes verme, cierto?
Estoy viéndome. A diferencia de ti, puedo observar aún en mi mirada las huellas de tu agonía; te dije que me besaras.

Salgo del baño y me aproximo a la mesa, donde un rico desayuno me espera, en un restaurante a un costado del Mercado Corona, con una orden de exquisitos huevos a la mexicana, trozos de jitomate, cebolla, un poco de chile, mezclados con tres huevos, un puñado de frijoles, un café bien cargado y bolillos recién hechos. Mi sonrisa es grande, créelo.
¡Hmmm! Exclamo al ver mi platillo postrado en la mesa y la bella melodía de un señor tocando su organillo, entrando por la puerta principal.
Inhalo el aroma proveniente de mis huevos, los huevos de gallina, claro; por ahora me refiero a esos. Tomo el tenedor y en cámara lenta lo dirijo hacia mi deslumbrante almuerzo, lo encajo en el huevo. Lo mexicano se nota desde cualquier punto, lo levanto y atraigo a mi boca para empezar a procesarlo. Sólo me demoré en tragar mi saliva para recordar sus labios resecos siendo obligados a besarme.

Leslie Estefanía Macías González

Preparatoria Regional de Tala

Perra, gorda y fea

El chico la rechazó por no ser bonita. Era gorda, usaba lentes grandes y tenía que usar brackets. Todos se rieron de ella cuando declaró su amor y fue rechazada. Al pasar le coreaban: “Gorda y fea, se declara y la batean”. Empezó a hacer ejercicio, bajó 30 kilos, se quitó los brackets, cambió sus lentes por unos de contacto. El chico se arrepentiría de haberla rechazado. Quiso ser bonita y por eso descuidó otras cosas, como su linda personalidad. Ahora es una perra que corea junto a los demás: “Gorda y fea, se declara y la batean”.

Ciclary Violeta Flores Maldonado

Preparatoria Regional de Tecolotlán

Muerte mojada

Estábamos recostados, uno al lado del otro. Acabábamos de hacerlo; me sentía sorprendida y horrorificada a la vez. Se levantó, se vistió y antes de irse me dijo: “vuelvo en el próximo aniversario, mi vida” y atravesó la puerta. Pero me quedé preguntándome si sería en el aniversario de nuestro matrimonio o en el de su muerte.

María José Sigala Murillo

Preparatoria Regional de Tequila, módulo Magdalena

Loading...
X