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Nada Cambió

Martin Alberto Cisneros Martinez
Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga

La última bocanada de aire quemó mi pecho,  

como si el universo se burlara,  

como si la vida me gritara: «No puedes escapar.»* 

Y caí.  

No en la paz,  

no en el descanso,  

no en la promesa de un olvido sereno,  

sino en el eco infinito de mi última decisión.  

Aquí no hay tiempo.  

No hay noches que traigan consuelo,  

ni amaneceres que disipen la oscuridad.  

Solo un instante eterno,  

un segundo que se repite como un latido agonizante.  

Mis pensamientos son cadenas,  

mis recuerdos, cuchillos.  

Veo sus rostros una y otra vez,  

sus sonrisas que ya no existen,  

sus lágrimas que nunca secaré.  

Solo preguntas que se clavan como espinas.  

Los que amé siguen vivos,  

pero ahora con agujeros donde mi risa solía estar.  

Llanto en la casa que dejé.  

Rabia en los ojos que nunca me olvidarán.  

Y yo…  

yo soy solo un susurro en sus pesadillas,  

un nombre que se pronuncia con nudos en la garganta,  

una historia sin final feliz.  

Ellos envejecen.  

Yo me quedo aquí,  

atrapado en el mismo instante,  

mientras el mundo gira sin mí.  

Creí que la muerte era la salida.  

Pero aquí estoy.   

Olvidado por el mundo,  

incapaz de olvidar lo que hice.  

A veces, sueño despierto.  

Que todo fue un mal sueño.  

Pero siempre vuelvo a caer,  

a este mismo abismo,  

a esta misma condena.  

Salté.  

Y nada cambió.  

O tal vez sí.  

Tal vez esto es el infierno:  

saber que pudiste elegir diferente,  

y no tener ninguna segunda oportunidad.  

El viento sigue soplando allá arriba.  

La vida sigue.  

Y yo…  yo sigo cayendo.