Nayeli Judith Parra Loza
Preparatoria 12
Revista Cultural y Filosófica de alumnos del SEMS.
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Nayeli Judith Parra Loza
Preparatoria 12
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
David de Jesús Orozco Beltrán
Preparatoria Regional de El Salto, Módulo Juanacatlán
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Tadeo Ascenci´n Cervantes Valdez
Preparatoria Regional de Ahualulco de Mercado
Módulo Teuchitlán
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Valeria Aguilar Esparza
Preparatoria 9
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Valentina Peimbertd Vazquez
Preparatoria 15
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Ana Lucía Walls Radillo
Preparatoria Franciscana de Santa Anita
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
No tengo mucho tiempo leyendo a los jóvenes escritores que han recorrido estas páginas, pero debo decir, que lo que ha llegado hasta aquí, no ha dejado de sorprenderme.
Los chicos de Vaivén; con sus trazos y palabras, logran reflejar realidades crudas y difíciles de la vida diaria. Con un toque de sátira y al mismo tiempo de fortaleza, visibilizan temas importantes que rodean esta sociedad que constantemente está gritando por un cambio.
Tal vez hay uno que otro que, como muchos, escribe para olvidar lo que pasa día con día. Algo válido e igual de valiente que los que alzan la voz. Y es aquí, en esta revista, su espacio, donde vemos compaginar ambos mundos de expresión, porque, también dentro de los mundos de colores, se puede observar un poco de los tintes de la vida diaria.
Soy fiel creyente de que el arte, por muy abstracto y fantasioso que sea, siempre está reflejando el contexto que nos rodea y estos chicos logran hacerlo de una forma admirable.
Así que, lector, pasa a evadir, a vislumbrar, a anestesiarte y ala vez despertarte, con los trazo y letras de lo conocido.
Patricia Nazareth Hidalgo Sánchez
Licenciada en Letras Hispánicas. Encargada de los proyectos «Mar de voces» y «vaivén» del Sistema de Educación Media Superior.
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Norma Irene López Chávez
Preparatoria 3
Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
(Inspirado en una historia mitológica griega)
Descendí.
No como héroe ni como dios, sino como eco de un grito ahogado. Las piedras del mundo superior aún conservaban la forma de sus pies descalzos, y sin embargo, ella ya no era de este mundo. Bajé con la música temblando en las manos, como si cada cuerda de mi lira fuera una vena abierta, sangrando notas que solo los muertos entienden.
El camino se tragaba la luz. Las sombras se espesaban como cenizas húmedas, y a cada paso, el aire se volvía menos aire, más recuerdo. No temía al horror del Hades, sino al silencio. Al silencio absoluto de un nombre que ya no respondía. Eurídice. La pronuncié como un rezo, como una maldición, como si mi voz pudiera alcanzar los oídos del abismo.
Los jueces me miraron con ojos sin pupilas, sin juicio. Mi canto los tocó no en la mente, sino en la memoria. Recordaron, tal vez, algo que alguna vez amaron. Y bajé más.
Caronte no habló. Sólo extendió su mano seca como la rama de un árbol muerto, y mi canción pagó el precio que el oro no puede: una lágrima petrificada, la promesa de no volver sin ella, o no volver jamás.
Frente al trono de Hades y Perséfone, no supliqué con palabras. Les ofrecí la verdad desnuda: mi alma hecha sonido. Les mostré mi dolor sin ira, mi amor sin tiempo. Cada nota de mi canto era un paso de ella en la hierba, una risa entre los árboles, el calor de sus dedos entre los míos antes del frío eterno. Canté la vida que me robaron, y la que seguiría robada sin ella.
Y Hades, el implacable, parpadeó en su trono de sombra. Perséfone bajó la mirada. El Inframundo contuvo el aliento. Porque incluso la muerte debe inclinarse ante la belleza del amor cuando es verdadero, cuando arde sin esperanza y aun así canta.
Me la devolvieron.
Pero con una condición: no mirar atrás. No mirar atrás. ¿Cómo no mirar atrás, cuando todo lo que eres va detrás de ti? ¿Cómo confiar en el milagro cuando has caminado con la desesperación como única compañía?
La tragedia no fue la pérdida. Fue el amor que no supo esperar un paso más. Fue el mirar, trágico mirar, que convirtió la esperanza en polvo.
Yo descendí al infierno por amor. Y regresé solo con el eco de su paso detrás de mí.
Arisdelsy Ayelen Jasso Dueñas
Preparatoria Regional de San Juan de los Lagos

Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Los abrazos de mamá siempre han sido mis favoritos, cálidos, fuertes y amorosos. Este no era la excepción, solo que era un poco distinto, ella sostenía mis piernas, estaba desesperada y con lágrimas en los ojos, evitando que me fuera de su lado. Puedo entenderla, que al fin y al cabo, no es común estar colgado de una soga atada al cuello.
Blanca Alejandra Soto Rodríguez
Preparatoria 8

Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
La vida se me fue trabajando, mis últimos días los pasé sin dormir; haciendo tres turnos al día para pagar mis deudas, que al final sí pagué, pero no alcancé a vivir para disfrutar mi solvencia.
Decían que solo de muerto se va a descansar, eso espero. Estoy esperando el camión en donde el sacerdote me dijo: recoge a todos los muertos para llevarlos al dizque cielo. Llevo alrededor de cinco horas y no pasa ni el viento; si estuviera vivo ya hubiera perdido todo un turno del trabajo. Pero, como estoy muerto, ahora sí se puede dar uno el lujo de esperar.
A lo lejos divisé la figura descolorida del camión que venía llenó de gente. Fui el primero en treparme ya que sabía que no íbamos a caber todos. “Déjenme subir, yo bajo en la siguiente parada”, gritó uno que se había quedado afuera del camión, pero ninguno de nosotros se salió y el chofer le hizo señas para que se esperara al siguiente camión. “Pobrecito, pasé todo el día esperando otro camión”, “Yo ya llevaba una semana, pero porque me quedé dormido”, “¿Tú cinco minutos? ¡que suertudo!”. Escuchaba a medias lo que iban diciendo los demás, no se podía seguir el rumbo de las voces pues se mezclaban unas con otras y el viento se las llevaba.
Llegamos a otra parada y como pude me arrinconé al lado del asiento del chofer antes de que la gente que se subía me aplastara contra los vidrios del camión. “Si yo fuera tú, no me iría hasta atrás; según dicen, allá arriba te atienden conforme vayas llegando y este camión solo tiene una puerta” escuché que unos se secreteaban y decidí que no me iba a mover de donde estaba por si las dudas.
Antes de llegar a la siguiente parada, escuché que uno gritó: “Si traen suéter, quítenselo, porque aquí hace un calor del infierno” yo nunca llevaba, a mí eso me ataranta y no me deja trabajar.
Pero varios le hicieron caso y no pasó ni un minuto para empezar a sentir el aire caliente, sofocante al punto de comprimir nuestros cuerpos y convertirnos en masas pegajosas de sudor.
Llegamos y solo se subió una señora, porque los demás no cabían. Iba tosiendo y, agitada como si viniera corriendo, le preguntaba al chofer “¿Cuánto es?”, pero él ni la volteaba a ver y solo se reía. Sentía que los ojos se me cerraban del sueño y el aire no tardó en volverse viscoso con olor a sudor, mugre y humedad. “A lo mejor estoy soñando, no me morí y solo se me hizo tarde para ir a trabajar” eso pensaba mientras sentía los cuerpos empujándose unos con otros y el sudor de la gente mojando mi ropa. “Bueno, al menos cuando llegué voy a poder descansar”, así decía, para intentar consolar a mis piernas que llevaban días sin sentarse.
El camión dejó de hacer paradas porque ya se sabía que nadie más cabía, pero varios exclamaban molestos queriendo bajar. “Ya muerto no te sirve llegar a ningún lado, eso lo hubieras hecho en vida”, les respondió el chofer, y no dijo nada más en el camino, pero las quejas no pararon. Yo agradecí que se fuera derecho, pues así íbamos más rápido y antes podría descansar. “Qué habrán hecho los que van sentados para estar ahí”, “A lo mejor son ricos”, “¡Cómo crees! Dicen que los ricos se van a otro lado, más allá del cielo y el infierno”,
“Pero en la muerte todos somos iguales”, “Así como en la vida, a Dios siempre le conviene separarnos”.
El camión bufó un poco antes de pararse en seco y soltar una nube gris de humo que cubrió los vidrios. La puerta se abrió, pero nadie bajó, tal vez del miedo, tal vez apenas nos habíamos dado cuenta de que nos morimos. Un señor bajito se acercó a la salida y empezó a gritarnos para que nos saliéramos. “Como van, agarren sus chivas, no dejen nada”
Nos formaron en fila al lado del camión, y pude por fin conocer los rostros de la gente, desde viejos hasta jovencitos de doce. No cabía duda: ahí ninguno era rico. Unos hombres trajeron unas cajas llenas de uniformes de trabajo y en orden nos lo fueron entregando a cada uno. “Ese es su uniforme, mis compañeros los van a llevar al plantel que les corresponde, en el gafete dice su área y su número de empleado. Aquí solo hospedamos y damos de comer a quienes trabajan, si no les gusta, se pueden ir” gritó el hombrecito haciendo señas al desierto inhóspito detrás de nosotros.
—Pero, ¿en qué momento descansamos?, llevamos todo el viaje en pie — por fin hablé en todo el rato.
—¿Descansar?, para eso tuvieron toda la vida.
Brisa Abril Sosa Ortega
Preparatoria 8


Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
El hombre se levantó por los ladridos desesperados de su perro; Alguien había entrado a su rancho.
Sacó su arma debajo de la almohada pero se le cayó a los pies de su mujer que acababa de salir del baño.
—¿Por qué te quedas parada como estúpida? ¡Pásame la maldita arma!
Gritó enfadado. Ella la tomó y la extendió hacia él.
No sabía muy bien lo que pasaba, siempre fue algo tonta o al menos cada vez que su marido la golpeaba le decía eso. Pero sí sabía que una cosa. En este pueblo y bajo estas condiciones…nadie cuestiona a la viuda.
Ytzel Estrada Flores
Preparatoria 8

Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Fue un día terrible desde el momento en el que me desperté, todo me salió mal, llegué tarde y casi me corrieron de mi trabajo, pero al entrar a mi casa y recordar a mi hija y a mi esposa preparando la cena, hizo que me relajara y olvidara de todo, hasta de mi medicamento; el recuerdo se fue, vi la sangre de mis dos amores que corrían por mis manos.
Alondra Saray Tadeo Flores
Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga, Módulo Cajititlán

Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
“A trabajar entro como a las 6 de la mañana”, “Pero me voy desde las 4 de mi casa”, “Me levanto a las 3 de la mañana”, “Pues suelo dormir como a las 12 de la noche”, “Salgo a las 9, pero en lo que llegó se hacen las 11”. Así fue la vida de mamá cuando tenía veinte años, o eso me cuentan. No alcancé a conocerla. Cuando nací, al día siguiente ella ya estaba trabajando. Me dejó con mi abuela, y a los tres días de parir se murió de un paro cardíaco en el trabajo. Todo el mundo decía que era su culpa, que debió de tomar más descansos o cambiarse de empleo , pero ella no quería: “Estaba como poseída, para lo único que vivía era para trabajar. Yo digo que era la costumbre, así les pasa a los que la necesidad los llevó a trabajar desde niños” eso decía mi abuela. Trabajar tanto y darle su vida a esa empresa no le sirvió de nada, no respetaron el seguro de vida, ni sus prestaciones, ni siquiera el paquete de gastos funerarios que otorgan a sus empleados más leales. “No tenía ganas de andar peleando, estabas recién nacido y mi hija muerta. Lo que menos quise fue matarme la cabeza con esos cabrones malagradecidos”. Dicen que ya cerró la empresa, que entró en quiebra y el dueño se suicidó. Yo esperaba que así fuera, que por fin todos esos cerdos se matarán y la clase trabajadora se alzara, que sin miedo alguno pudiéramos pedir nuestros derechos y no sentirnos atados a la costumbre del trabajo. Siempre se me vienen a la mente pensamientos así, cuando estoy comiendo mi pan con café, en mis 5 minutos de descanso, antes de entrar al trabajo.
Brisa Abril Sosa Ortega
Preparatoria 8

Posted by Vaiven On junio 10th, 2026
Marcel regresó tarde a casa de nuevo, esto se hizo algo común en él, era la octava vez en un lapso de dos meses que lo hacía, lo curioso es que siempre, en este día, regresaba con una bolsa de basura muy grande y pesada. Siempre ponía las bolsas en la mesa del comedor, a veces iba a revisarlas, pero cada vez que lo hacía él me regañaba, decía que yo era muy fisgona. Marcel es muy grosero conmigo.
Lo que más odiaba de esta pequeña rutina que él tenía, era el día siguiente de la llegada de las bolsas. Esto sucedía los jueves, tiene sentido porque es su día de descanso. El sacaba el bulto del empaque y lo llevaba a la bañera. Una vez estando ahí drenaba todos los líquidos, esta es la peor parte de todas, por todo el ruido que hace, siempre interrumpe mi hora de la siesta el constante goteo que se desplaza a lo largo de la tubería.
Termina de retirar todo el líquido del bulto y pone música para concentrarse mejor en la siguiente etapa de su proceso; agarra sus herramientas y mueve el bulto a la mesa del comedor para empezar a cortarlo en pedazos. Las piezas como los brazos, piernas y cabeza las guarda en una bolsa distinta, según él es porque éstas son las más reconocibles y necesita deshacerse de ellas.
Cuando queda solamente el tronco, lo abre y con mucho cuidado remueve cada parte interna, hasta dejarlo como un cascarón vacío. Después de esto, todo se vuelve muy aburrido, así que ese suele ser el momento donde me retiro y me pongo a hacer otras cosas; unas veces me arreglo, lo hago minuciosamente, cuidando cada parte de mi cuerpo, me gusta verme perfecta; otras me gusta sentarme en la ventana y observar el sol, sus suaves y cálidos rayos me gustan bastante porque son los que me preparan para tomar mi segunda siesta del día.
Lo único que podía despertarme de mis maravillosos sueños era el olor de la comida, así que cuando escuché a Marcel decir mi nombre para ir a cenar, no tardé en ir corriendo a la mesa de la cocina. Me senté en mi asiento predilecto y esperé a que pusiera el plato con mi cena enfrente mío. En el momento en el que lo hizo, no tardé en darle un gran mordisco a mi comida como si fuera una muerta de hambre, sin embargo rápidamente noté un sabor nauseabundo proveniente de ella… ¡Era un páncreas! ¡Ugh, estúpido Marcel! Él sabe muy bien que yo detesto comer eso, y más cuando hay disponible hígado, todos sabemos que esa es la parte más deliciosa del cuerpo humano. Era tan ofensivo que me diera esa porquería para alimentarme, ¿quién cree que soy yo? ¿Cree qué soy una pordiosera para aceptar tal aberración de la naturaleza? Porque si es así, está muy equivocado. Aparte él se hizo de comer un estofado con la deliciosa carne que sobró. Olía tan bien su cena, parecía cerdo ahumado. No tardé en mostrar mis quejas ante tal insulto, grité con toda la fuerza que mis pequeños pulmones tenían para demostrarle lo enojada que estaba.
– Coco, ¿por qué lloras? ¿No te gustó lo que preparé? – preguntó preocupado por mi reacción. A veces pienso que tiene algún tipo de impedimento mental, es muy obvio que no me iba a gustar lo que me hizo cenar, ¿acaso no me conoce? Como respuesta propia de una dama, tiré mi plato de comida y me fui a beber agua para limpiar mi paladar.
Estaba muy enojada, me parece impensable lo inepto que puede llegar a ser Marcel. Después de un rato de estar enojada decidí volver al comedor, había detectado un delicioso aroma proveniente de ahí, ¿Será que Marcel está arrepentido y quiera disculparse conmigo? Al llegar noté que había limpiado la comida del piso y que mi plato estaba lleno de nuevo y esta vez olía más que perfecto. Dudé antes de morder, tenía un poco de miedo, ¿Qué tal si me había vuelto a servir un páncreas? Me iba a enojar demasiado si es que lo había hecho. Así que cuando mordí y sentí el exquisito sabor del hígado bien cocido en mi paladar, fui muy feliz. Quizás después de todo Marcel no era tan grosero e inepto como lo aparentaba. Yo creo que por fin se dio cuenta de lo afortunado que era de tenerme en su vida, digo, no muchos gatos soportarían tener como dueño a alguien como él. Que puedo decir, soy un alma caritativa.
Eider Magaña Rivera
Preparatoria 15

