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¡Qué grosero eres, Marcel!

Marcel regresó tarde a casa de nuevo, esto se hizo algo común en él, era la octava vez en un lapso de dos meses que lo hacía, lo curioso es que siempre, en este día, regresaba con una bolsa de basura muy grande y pesada. Siempre ponía las bolsas en la mesa del comedor, a veces iba a revisarlas, pero cada vez que lo hacía él me regañaba, decía que yo era muy fisgona. Marcel es muy grosero conmigo. 

Lo que más odiaba de esta pequeña rutina que él tenía, era el día siguiente de la llegada de las bolsas. Esto sucedía los jueves, tiene sentido porque es su día de descanso. El sacaba el bulto del empaque y lo llevaba a la bañera. Una vez estando ahí drenaba todos los líquidos, esta es la peor parte de todas, por todo el ruido que hace, siempre interrumpe mi hora de la siesta el constante goteo que se desplaza a lo largo de la tubería. 

Termina de retirar todo el líquido del bulto y pone música para concentrarse mejor en la siguiente etapa de su proceso; agarra sus herramientas y mueve el bulto a la mesa del comedor para empezar a cortarlo en pedazos. Las piezas como los brazos, piernas y cabeza las guarda en una bolsa distinta, según él es porque éstas son las más reconocibles y necesita deshacerse de ellas. 

Cuando queda solamente el tronco, lo abre y con mucho cuidado remueve cada parte interna, hasta dejarlo como un cascarón vacío. Después de esto, todo se vuelve muy aburrido, así que ese suele ser el momento donde me retiro y me pongo a hacer otras cosas; unas veces me arreglo, lo hago minuciosamente, cuidando cada parte de mi cuerpo, me gusta verme perfecta; otras me gusta sentarme en la ventana y observar el sol, sus suaves y cálidos rayos me gustan bastante porque son los que me preparan para tomar mi segunda siesta del día. 

Lo único que podía despertarme de mis maravillosos sueños era el olor de la comida, así que cuando escuché a Marcel decir mi nombre para ir a cenar, no tardé en ir corriendo a la mesa de la cocina. Me senté en mi asiento predilecto y esperé a que pusiera el plato con mi cena enfrente mío. En el momento en el que lo hizo, no tardé en darle un gran mordisco a  mi comida como si fuera una muerta de hambre, sin embargo rápidamente noté un sabor nauseabundo proveniente de ella… ¡Era un páncreas! ¡Ugh, estúpido Marcel! Él sabe muy bien que yo detesto comer eso, y más cuando hay disponible hígado, todos sabemos que esa es la parte más deliciosa del cuerpo humano. Era tan ofensivo que me diera esa porquería para alimentarme, ¿quién cree que soy yo? ¿Cree qué soy una pordiosera para aceptar tal aberración de la naturaleza? Porque si es así, está muy equivocado. Aparte él se hizo de comer un estofado con la deliciosa carne que sobró. Olía tan bien su cena, parecía cerdo ahumado. No tardé en mostrar mis quejas ante tal insulto, grité con toda la fuerza que mis pequeños pulmones tenían para demostrarle lo enojada que estaba. 

– Coco, ¿por qué lloras? ¿No te gustó lo que preparé? – preguntó preocupado por mi reacción. A veces pienso que tiene algún tipo de impedimento mental, es muy obvio que no me iba a gustar lo que me hizo cenar, ¿acaso no me conoce? Como respuesta propia de una dama, tiré mi plato de comida y me fui a beber agua para limpiar mi paladar. 

Estaba muy enojada, me parece impensable lo inepto que puede llegar a ser Marcel. Después de un rato de estar enojada decidí volver al comedor, había detectado un delicioso aroma proveniente de ahí, ¿Será que Marcel está arrepentido y quiera disculparse conmigo? Al llegar noté que había limpiado la comida del piso y que mi plato estaba lleno de nuevo y esta vez olía más que perfecto. Dudé antes de morder, tenía un poco de miedo, ¿Qué tal si me había vuelto a servir un páncreas? Me iba a enojar demasiado si es que lo había hecho. Así que cuando mordí y sentí el exquisito sabor del hígado bien cocido en mi paladar, fui muy feliz. Quizás después de todo Marcel no era tan grosero e inepto como lo aparentaba. Yo creo que por fin se dio cuenta de lo afortunado que era de tenerme en su vida, digo, no muchos gatos soportarían tener como dueño a alguien como él. Que puedo decir, soy un alma caritativa.

Eider Magaña Rivera
Preparatoria 15

Lengua de gato
Mina Tirado López
Preparatoria 9
Cannibal Dessert
Denzel Emmanuel Ríos Casillas
Preparatoria Jalisco