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Sala de espera

Joselyn Gómez Salcido
Preparatoria Regional de Santa Anita

Querida amiga, gustosa de darte la bienvenida, espero puedas estar cómoda y disfrutar tu estadía. Hace mucho que no te veía, hasta había olvidado el peculiar sonido de tu voz, tremenda ironía. Volvió tu pequeña sumisa y con eso puedes quitarle la vida. Háblale sucio, dile mentiras, compara todo lo que ella sería. Cuéntale historias, enséñale imágenes; ella seguro te escuchará, seguirá cada paso y contará cada caloría. Pero esa es tu cualidad más efectiva, convencer a cualquiera de que gozas de sabiduría. A quién trata de engañar tu pobre víctima, si no ha olvidado tus insensibles carcajadas, los pensamientos con los que entras en su mente, y la labia con la que la deshacías. Juega con su energía, debe de sentirse culpable al final del día, porque toda esa comida solo la hace sentir más perdida.

Creyendo que alguien la amaría, con todo el desastre que es su patética familia, hasta olvido como era amarse a sí misma.

El diagnóstico de la doctora no era mentira, esa mentalidad tan maldita le trajo una sorpresita. Ya no era digna de ser una arpía, mucho menos una persona, dejó de valer algo. Solo era el experimento mal hecho de la niña que ya no era tan niña.

6 letras, una palabra y todo su problemita por delante. Pero está vez no hubo gritos, o regaños, ni fue digna de golpes.

El silencio se adueñó de la sala y ninguno de los presentes podían decir nada, excepto mi querida amiga, que reía y aplaudía en su silla, poniéndose de pie para admirar el espectáculo que había creado.

Con esa pícara sonrisa y su jodida vocecita, expresó:

– Felicidades, pequeña idiota, ahora serás reducida a una etiqueta – Rió más fuerte y aplaudió sarcásticamente.

– Eres mía y ya nunca más podrás escapar, princesita- hizo una pausa corta, con ese gesto burlón y lastimero que ya le era familiar -¿O debería decirte «anemiquita»?

Y ahí estaba su patética obra, escuchando a la doctora, atada a algo invisible para los presentes, pero era esclava de su propia mente.

Espero se sienta bienvenida señora Anemia, siéntase como en su casa, tome la siesta, porque este será su hogar y su permanencia será crucial para la pequeña; la pendeja que puedes manejar a tu antojo, la marioneta de la que te encanta jugar con sus cuerdas, de la perra que aguanta hambre para ser delgadita y bonita, de tu muñequita bien maquillada.

Pero recuerda, nada de vómito, después de todo la «anemiquita» no puede humillarse más siendo la «bulimiquita».

Mi Vaticano del diluvio
María Isabel Alejo López
Preparatoria de Jalisco
íntegro
Jonathan Daniel Rafael De Santiago
Preparatoria Regional de Tequila