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Ausencia

Martin Alberto Cisneros Martinez
Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga

No avisó la tarde.

No hubo relámpago que firmara la tragedia,

ni pájaros huyendo del cielo.

Solo el teléfono.

Solo esa voz quebrada

que partió la casa en dos.

Mi tía se fue

como se apagan las luces cuando nadie espera la oscuridad.

De repente.

Sin despedirse del café que quedó a medias,

sin recoger la risa que todavía flotaba

entre los sillones.

Dicen que murió.

Pero la palabra no alcanza.

Porque morir suena pequeño

para alguien que era abrazo con piernas,

refugio con manos tibias,

domingo con olor a comida casera

y consejos que sabían a “todo va a estar bien”.

La casa quedó inmensa.

Demasiado grande para nosotros.

Las paredes se llenaron de eco

y el eco repetía su nombre

como si aún pudiera regresar si lo decíamos suficiente.