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Costumbres

“A trabajar entro como a las 6 de la mañana”, “Pero me voy desde las 4 de mi casa”, “Me levanto a las 3 de la mañana”, “Pues suelo dormir como a las 12 de la noche”, “Salgo a las 9, pero en lo que llegó se hacen las 11”. Así fue la vida de mamá cuando tenía veinte años, o eso me cuentan. No alcancé a conocerla. Cuando nací, al día siguiente ella ya estaba trabajando. Me dejó con mi abuela, y a los tres días de parir se murió de un paro cardíaco en el trabajo. Todo el mundo decía que era su culpa, que debió de tomar más descansos o cambiarse de empleo , pero ella no quería: “Estaba como poseída, para lo único que vivía era para trabajar. Yo digo que era la costumbre, así les pasa a los que la necesidad los llevó a trabajar desde niños” eso decía mi abuela. Trabajar tanto y darle su vida a esa empresa no le sirvió de nada, no respetaron el seguro de vida, ni sus prestaciones, ni siquiera el paquete de gastos funerarios que otorgan a sus empleados más leales. “No tenía ganas de andar peleando, estabas recién nacido y mi hija muerta. Lo que menos quise fue matarme la cabeza con esos cabrones malagradecidos”. Dicen que ya cerró la empresa, que entró en quiebra y el dueño se suicidó. Yo esperaba que así fuera, que por fin todos esos cerdos se matarán y la clase trabajadora se alzara, que sin miedo alguno pudiéramos pedir nuestros derechos y no sentirnos atados a la costumbre del trabajo. Siempre se me vienen a la mente pensamientos así, cuando estoy comiendo mi pan con café, en mis 5 minutos de descanso, antes de entrar al trabajo.

Brisa Abril Sosa Ortega
Preparatoria 8

Inseguridad
Humberto Guadalupe Cortés Reyes
Preparatoria Regional de Tlajomulco
Módulo Cajititlán