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Dignidad humana y derechos inmutables: Un vistazo entre filosofía y teología

Fatima Edith Gonzalez Suarez
Preparatoria 5

Resumen:

Los derechos humanos deben estar fundamentados en principios éticos universales, no en ideologías cambiantes y subjetivas, como lo son las políticas sociales o económicas. En este ensayo explico cómo la filosofía de Kant y la teología de Joseph Ratzinger nos ofrecen una cimentación sólida para esta idea. Kant lo explicará, a través de su idea del imperativo categórico, cómo es que los derechos deben ser aplicables para todos sin excepciones arbitrarias y cómo es que la dignidad humana es un principio fundamental intransferible. Ratzinger, por su parte, advierte sobre la “dictadura del relativismo” y la necesidad de principios objetivos que garanticen la dignidad del ser humano más allá de consensos cambiantes. Ambas perspectivas, aunque diferentes, convergen en la idea de que la razón y la moral deben ser el pilar fundamental de los derechos humanos. Así, en este ensayo defiendo que los derechos humanos no deben ser usados como herramienta de poder o conveniencia, sino como garantías basadas en la dignidad de cada persona.

Conceptos clave: ética, razón, valor humano, principios universales y relativismo ético.

 «Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, el poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Entonces, en nombre de la democracia, usemos ese poder, unámonos todos. Luchemos por un mundo nuevo, un mundo digno que dé a los hombres la oportunidad de trabajar, que dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad.»

Charlie Chaplin, El gran dictador (1940)

Los derechos humanos siempre han sido causa de debate a lo largo de la historia, no solo desde un punto de vista social o político sino también desde una perspectiva ética moral y filosófica. Hoy en día es común asociarlos con ideologías sociales, políticas o inclusive económicas, lo que nos puede desviar de su principal esencia, que es la búsqueda de principios universales que garanticen la dignidad de los seres humanos. Según la declaración universal de los derechos humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1948, art. 1). En este ensayo explicaré por qué creo que los derechos humanos deben ser tratados desde una base meramente ética más allá de las divisiones ideológicas.

Para ello recurrí a las ideas de Immanuel Kant, especialmente los conceptos de la dignidad humana y el imperativo categórico que nos ofrecen una vista racional y universal de los derechos humanos. Asimismo, lo abordaré desde una perspectiva teológica y religiosa a través de Joseph Ratzinger, que, en lugar de contradecir a la razón, la complementa al plantear que la dignidad humana debe basarse en un orden superior. En este ensayo mostraré que tanto la filosofía como la religión pueden ayudarnos a construir un marco ético sólido basado en principios fundamentales que trascienden los intereses particulares y garantizan que los derechos humanos sean universales.

Si los derechos humanos se consideran verdaderamente universales, entonces no pueden depender de ideologías políticas, sociales o económicas; en cambio, deben fundamentarse en principios éticos fundamentales. Para ello, me respaldo en la filosofía de Immanuel Kant y en las ideas teológicas de Joseph Ratzinger, quienes desde diferentes enfoques coinciden en la idea de que la dignidad humana es un valor intrínseco e intransmisible. Al analizar sus argumentos y posturas, permitirá comprender por qué la ética debe ser el pilar fundamental de los derechos humanos y cómo esto los fortalece ante las influencias ideológicas y el relativismo.

En el texto Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1999), Kant planteó la idea de que la dignidad humana se fundamenta en la autonomía moral de cada individuo, y su concepto de imperativo categórico establece que las personas debemos actuar solo con aquellas máximas que pueden convertirse en una verdad universal, lo que significa que los principios que rigen nuestras acciones deben ser válidos para todos sin excepciones. Aplicado a los derechos humanos, me hace pensar que su razón no puede depender de circunstancias particulares o ideologías populares, sino de principios universales basados en la razón y la práctica.

Kant afirma que cada ser humano posee un valor absoluto, pues debe ser tratado no como un medio para un fin, sino como un fin en sí mismo (Kant, 1999). Este concepto de dignidad es crucial para entender los derechos humanos, ya que implica que su fundamento no puede estar sujeto a cambios según intereses sociales o políticos, ni ser utilitario en cualquier otro sentido. En este sentido, la ética propuesta por Kant ofrece una base sólida para garantizar que los derechos humanos no sean manipulados o relativizados, sino respetados en su universalidad.

Desde un enfoque teológico, Ratzinger también ofrece una defensa de que los derechos humanos estén basados en principios universales, criticando el peligro del relativismo en la moral. En Entre razón y religión: Dialéctica de la secularización (1929), en compañía de Jürgen Habermas, Ratzinger enfatiza la «dictadura del relativismo» y la amenaza que esto supone al disolver los valores fundamentales al reducirlos a meras construcciones sociales. Según él, si no hay principios objetivos sobre los cuales fundamentar la dignidad humana, entonces los derechos humanos se convierten en meros acuerdos temporales sujetos a cambios según la voluntad de la mayoría (Ratzinger, 2005).

Ratzinger argumenta que la dignidad humana no puede depender solo de consensos sociopolíticos, sino que debe tener un anclaje más profundo, ya sea en la razón o en la tradición moral y religiosa. En Luz del mundo: El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos (2010), hace énfasis en que la moral no se opone a la razón, sino que la complementa, dándonos una visión más amplia, que trasciende el materialismo y el utilitarismo actuales (Ratzinger, 2010). Esta perspectiva refuerza la idea de los derechos humanos deben inventarse sobre principios éticos firmes y no en posturas subjetivas, que pueden no garantizar su universalidad.  Un ejemplo de esto es el derecho a la vida, pues la dignidad humana es innegociable y que el relativismo moral puede llevar a prácticas que atenten contra ella, como lo es el caso del aborto.

Aunque Kant y Ratzinger provienen de contextos diferentes y tradiciones distintas, ambos apoyan la postura de que los derechos humanos deben basarse en principios universales y no solo en conveniencias temporales. Kant lo fundamenta desde el punto de vista de la razón y la autonomía moral, mientras que Ratzinger enfatiza la necesidad de una verdad objetiva que proteja la dignidad humana de la arbitrariedad relativista. En ese sentido, la ética emerge como el punto medio de encuentro entre la razón filosófica y la visión teológica, ofreciendo una base sólida para la defensa de los derechos humanos universales más allá de cualquier ideología relativista.

Al analizar estos argumentos, queda claro que los derechos humanos necesitan una justificación ética que garantice su validez para todos. Tanto las ideas de Kant como la visión de Ratzinger nos ayudan a entender que la dignidad humana no es meramente una construcción arbitraria, sino un principio fundamental que debe ser protegido y promovido ante todos.

Para que los derechos humanos sean verdaderamente universales no deben depender de ideologías sujetas al cambio ni de consenso circunstanciales; deben basarse en principios éticos sólidos que garanticen su validez para todas las personas a través de la perspectiva de Immanuel Kant y Joseph Ratzinger. Hemos visto como la razón y la religión pueden converger en la defensa de la dignidad humana como un principio fundamental e inalienable.

Kant nos ofrece una perspectiva filosófica basada en la autonomía y la razón, asegurando que los derechos humanos no sean tratados como simples herramientas de utilidad política o de ideologías sociales. Ratzinger, por otro lado, nos alerta sobre los peligros del relativismo en la moral y la necesidad de encontrar un fundamento moral que trascienda el contexto inmediato. Juntos estos enfoques refuerzan mi idea de que los derechos humanos deben construirse sobre principios éticos fundamentales y universales, y no sobre intereses particulares y posturas ideológicas.

En un mundo donde los derechos humanos son constantemente debatidos e inclusive instrumentalizados, es crucial recordar que su esencia radica en la dignidad de cada ser humano que es innegociable e intransferible (Rawls, 1995). Comprenderlos desde una perspectiva ética, como lo propone Kant y Ratzinger, nos permite asegurar que sigan siendo un pilar fundamental para el desarrollo de la sociedad.

Si los derechos humanos dependen de intereses cambiantes, dejan de ser derechos y se vuelven privilegios temporales. Solo principios universales pueden garantizar su verdadero valor, evitando que la dignidad humana se vea afectada por ideologías pasajeras.

Bibliografía:

Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights

Kant, I. (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Espasa Calpe.

Ratzinger, J. (2005). Entre razón y religión: Dialéctica de la secularización. Ediciones Sígueme.

Ratzinger, J. (2010). Luz del mundo: El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos. Herder.

Rawls, J. (1995). Teoría de la justicia. FCE.