Rompo en llanto mantenerme es muy complicado, día, tarde, medio día, noche, intervalos, compases, claves. Cada nota siguiente más tensión. El círculo de C# me ahorca. La punta de mi arco es como una pistola que intrépidamente apunta al lado derecho de mi cabeza. Esté tocará el último disparo con el ff más súbito del mundo, para que luego el imprevisto pp de mi cuerpo caer contra el suelo sea la dominante que me deje yacer. Será extraño escuchar las corcheas intensas de las ambulancias que junto con llantos intercalando en negras y blancas del público, llegarán a un terrorífico y desgarrante destiempo.
Brillo | Pamela Abigail Romo Raymundo | Preparatoria Regional de San Juan de los Lagos
El color blanco, un trozo de papel, la textura del mismo, líneas; no hay espacio para que mis ojos las perciban a todas ellas. No hay más, no tengo nada que no sea; una pluma, una piedra y un papel para plasmar lo que soy, lo que siento. Al final somos un conjunto de piel y huesos entregados a la tierra, a los granos de arena que podemos tocar, que las palmas de nuestras manos y pies pueden tener. Soy todo y nada, existo o simplemente no, estamos a una decisión, equilibrados en la cuerda, una cuerda de hilo delgado que corre el riesgo de soltarse, de soltarme.
Esa es mi cabeza, la que me ilusiona o decepciona, la que me insista a volar y correr la que me toma, me estruja y me avienta lejos, al abandono, a la intemperie, donde lo único que tengo son mis alas en migajas que forman parte de lo que fui, de lo que un día existió. No más sombras, hay ausencia de luz; no más luz, hay ausencia de luna; nada nos ilumina, nada se asoma, nada nos conforma, ya nada somos en la memoria.
Una ilustración, una letra, una palabra, un enunciado que… ¿Formará parte de alguien más? ¿Mi existencia será la de alguien más? No quiero, no puedo, ya no es mi turno. ¿Será el de alguien más? ¿Serán nuestras memorias las de alguien más? Es que no sé si mi conjunto de piel y huesos a alguien más lo haga sentir, si lo puedan beber o si logre estremecer. ¿Será acaso el soplo de mi sangre es el que te haga sentir que estoy ahí?
Renata Ramos González | Preparatoria Regional de San Juan de los Lagos
En la sobra eterna, la muerte observa, tranquila y fría, como sombra vieja. se abraza el alma en sus brazos negros y en su abrazo, la vida se desarma. ¿Qué hay más allá de este último suspiro? ¿Acaso un éter sereno o un abismo? La duda nos consume, la certeza es incierta, en la entrada de la muerte, la verdad despierta. Como hojas al viento, caemos al final, en el silencio eterno, se debilita el mortal. La noche nos envuelve, el día nos desvanece, en la danza macabra, la existencia perece. En el corazón de la oscuridad, luce la esperanza, frágil claridad. Quizás tras la muerte, un nuevo amanecer, donde el alma libere, su último querer. En el río del tiempo, flotamos sin rumbo, hacía el océano infinito, donde encontramos el adiós. Pero en la memoria, permanece el eco, de aquellos que partieron, dejándonos un hueco. En la sobra eterna, la muerte observa, tranquila y fría, como sombra vieja. se abraza el alma en sus brazos negros y en su abrazo, la vida se desarma. ¿Qué hay más allá de este último suspiro? ¿Acaso un éter sereno o un abismo? La duda nos consume, la certeza es incierta, en la entrada de la muerte, la verdad despierta. Como hojas al viento, caemos al final, en el silencio eterno, se debilita el mortal. La noche nos envuelve, el día nos desvanece, en la danza macabra, la existencia perece. En el corazón de la oscuridad, luce la esperanza, frágil claridad. Quizás tras la muerte, un nuevo amanecer, donde el alma libere, su último querer. En el río del tiempo, flotamos sin rumbo, hacía el océano infinito, donde encontramos el adiós. Pero en la memoria, permanece el eco, de aquellos que partieron, dejándonos un hueco.
“Black” Melanie Yamile Hernández Mendoza Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga
La tierra también siente,
la tierra también ríe,
la tierra también llora,
la tierra también anhela.
¿Sabes qué anhela la tierra?
Un profundo y prolongado silencio,
un silencio por los que ahora habitan bajo ella.
Una eternidad de paz y armonía.
Un último disparo.
¡No más sangre!, ¡no más muertes!,
¡no más fuego!
Por la noche, entre sollozos, lloró, oró y rogó
por menos almas abatidas,
más corazones animados,
las paces entre los unos y los otros
de la misma especie.
La tierra también espera,
la tierra también sueña,
la tierra también ama,
la tierra también odia.
¿Sabes qué odia la tierra?
Las granadas y los bofetones que recibe de los
cuerpos al caer,
los profundos hoyos en zig zag que la atraviesan
como “resguardo”,
la muerte de uno, la muerte de muchos,
el miedo penetrante
de que se vuelva la muerte de todos.
Por la noche, entre el cielo, las nubes y la tierra,
las charlas
amenas se vuelven, comparten la misma visión,
las paces entre los unos y los otros
de la misma especie.
La tierra también habla,
la tierra también calla,
la tierra también evade,
la tierra también escucha.
¿Sabes que escucha la tierra?
Cómo discuten por falsas sospechas,
cómo las bombas le aturden,
cómo asesinaron a más de un grupo que del otro,
cómo hay más perdida que ganancia.
Por la noche, entre la tormenta y los estruendos
la tierra se acongoja, una última esperanza,
las paces entre unos y otros de la misma especie.
La tierra también muestra,
la tierra también oculta,
la tierra también da,
la tierra también recibe.
¿Sabes que recibe la tierra?
Una historia con un final,
una lluvia que reconforta,
un suspiro de alivio,
unos pasos ligeros.
Por la noche, entre besos y abrazos
la tierra se alegra, la luz se hace ver,
las paces entre los unos y los otros
de la misma especie,
se hacen realidad, ¡Ya no existe una guerra.
Avísenme si buscan mi alma, probablemente esté platicando con la tuya. Dando vueltas a mi cama, perdiéndome en el techo. Abrazando mi almohada, para pensar que, por un soplo tú te encontrabas ahí. Gasté miles de horas esperando tu regreso. Aguardé como un niño, dormía con el teléfono en la mano, ansioso de tu llamada. Cuando duermo, te espero y me decepciono al despertar lejos de ti. Duermo temprano y me despierto tarde; como si las horas de sueños fueran a acortar el camino sin ti. ¿Sigues vistiéndome como tatuaje o ya has intentado tallarme de ti?, -me pregunté. Te pienso siempre que cae el sol, siempre que hace fresco. Te pienso cuando escribo, te huelo en cada cigarro, te bebo en cada sorbo de café. Antes de dormir, al despertar. Te pienso tanto, que lo único que no puedo hacer es pensar. Preguntándole a la Luna si sabe si tú también me extrañas. Me he vuelto violento, cuando habló solo grito y cuando grito solo sé decir tu nombre. Tu nombre en mi boca, y el nudo en la garganta. No soporto el alboroto de tu ausencia, quiero regresar a tus silencios que calmaban el ruido en mi mente. Gritos en mis sueños, me das la espalda. Y hoy, 18 de octubre, cerca del día de muertos, bebiendo un café de olla en tu taza, mientras miro tu foto, sé que sabes que mis pulmones no danzan a tu tempo. Me da risa las noches que salgo a buscar a mi fiel amigo, porque sé perfectamente, que te estoy buscando. Extraño sus oídos dispuestos a abrigar mi llanto. Esa boca que siempre sabía qué decir. Extraño los brazos que me hacían sentir seguro, pero no extraño lo fácil que era amarte. Ni siquiera arrancarme el corazón te hizo una mala persona, te conocí, no como los demás te conocí a tu manera, -una- que sólo a mí me dejaste. Te conozco y terminé de hacerlo cuando te fuiste. Jamás pensé que fueras un problema, hasta que conté cada lágrima después de tu ausencia. Quería odiarte, pero recuerdo esa sonrisa que con melodioso canto me cobijaba. Ojalá decir que no eras para tanto, que ignorar tus sencillos ojos, cuando en realidad a lo único que no podría ser indiferente, es a tu profunda mirada. Te quiero, no con una carta, ni con rosas, ni siquiera una disculpa, sólo te quiero a ti, extrañamente, quiero que mi vida vuelva a ser mía.
Desde mi cielo pude ver como tu alma se desvanecía sin ti todo quedó en silencio por favor no me digas que te vas en el templo del adiós te esperaré era el fin del camino en tu funeral estaré contigo por favor hazme un sitio entre tu piel te traeré el horizonte solo no entres al callejón del infierno escucharás el violín del diablo que entonará una melodía mis demonios despertarán aún amanece gratis allá, -dijiste bajo los sueños dormidos te ocultaste yo entre sueños diabólicos, desperté es hora de marchar a un mejor lugar no queda si no batirnos mañana empieza hoy en nombre de Dios te espero juro que siempre te voy a amar la voz dormida en ti quedó el pacto que tuvimos se marchó hasta que tu muerte nos separe te decía por fin el ángel caído me escuchó si te vas me pondré triste de nada sirvió la conquista a tu corazón vuela alto sin miedo a nada algún día moriré siendo de ti recuerdo que sacabas mi lado salvaje entre hechizos, pócimas y brujería que vimos al viajar sigue la luz hasta el final del túnel buscaré el libro de las sombras lo leeré en el lago donde fuiste mía extraño esos días cuando bajo mi piel dormiste fue un amor brujo lo que ocurrió y ahora espera en el cielo que pronto estaré que nunca te falte un te quiero entre nosotros hubo más que una intención dama negra, dama del amanecer mujer amante, me diste tu querer en un lugar donde te pude ver dame tu amor, siempre te imploré ahora no sabes cuanto cabe en un adiós te guardo un beso por si lo llegas a querer el hombre de la mirada triste por ti voy a ser
Ernesto Gabriel González Santiago | Preparatoria 7
Todos arriba contra la pared en orden alfabético vayan contando Aguilar / Bustos / Correa pobre Zúñiga un pedazo de techo / las llamas / inundación lo alcanzaron No volteen atrás, niños con calma y en fila india respirando fuerte si fuera un incendio /explosión / humo al suelo y con un trapo rodando pobre Samantha, en silla de ruedas tardó en agacharse está mareada / inconsciente / muerta tú continua cierra los ojos y corre al punto de reunión el juego / simulacro / colapso sigue
Todos bajo el sol sin edificios en cunclillas, hablando de sus lonches y la reta de al rato bien hecho, niños, en tiempo record dice la directora que nunca fue niña todos aplauden y ella respira orgullosa suena el timbre empieza a nublarse / llover / diluviar todos los niños acostados en la cancha / baños / salones pueden levantarse / abrir los ojos / revivir y buscar techo / refugio / un barco.
Más allá de mis ojos en la oscuridad | Paula Joselyn Téllez Casillas | Preparatoria Regional de El Salto
Karol Santiago Villalever Guerrero Preparatoria 15
Entonces, sujeté las partituras, las trocé; resultó un polvo. Tuve la osadía de inhalarlo. En un instante, mi sangre colérica y el polvo aquel convergieron. Buscaron la fuga de mi cuerpo, fui su cómplice. Nos escapamos de la materia corporal y fuimos música. Jamás regresamos. Decidimos habitar aquello abstracto. Decidimos vivir donde yacen los verdaderos: Chopin bebía con Liszt sobre la cola de un pulcro clavicémbalo. Schubert besaba a un hombre desconocido; mi sangre asumió que era el lamento mimetizado en varón. Beethoven discutía con una mujer en estado de desnudez. Nosotros, fumábamos, danzábamos con Duncan y sus llantos y velos. Olvidábamos las voces humanas. Procurábamos no evocar nuestra historia, Procurábamos la vida.
Lara sostiene que nuestras experiencias del mundo residen en
la lengua, dirigido maravillosamente al equívoco, que heredamos y actualizamos
entretanto es usada. ¿Qué es la poesía sino lengua, sistema que nos habita cada
que lo ejecutamos por medio de la voz? Dentro de las implicaciones de lo que
constituye el ser, repudiamos aquello en donde nos vemos reflejados. La poesía
no es sino eso que nos rodea, satisface y vivifica en tanto que somos lanzados
a un mundo colmado de suplicio.
Creemos que las palabras son construidas a partir de
reglamentaciones clásicas y expresan puramente sentimientos bucólicos, épicos o
románticos, enmarcados en una línea del tiempo reconstruida y memorizada por
nosotros mismos. Sin embargo, en las palabras se encuentran las vivencias del
mundo, el vocablo que en medio del silencio se agita para devenir en grito.
En este número de Vaivén, almas viejas en cuerpos lozanos
advierten sobre ser humano: de la desesperación por la compañía, de nacer en
ausencia del padre, de las injusticias que inocentes pagan por los impunes; de
lo lúdico, lo profano, de la desolación, la corporeidad astrológica, la
traición, la persistencia, la resignación y la identidad.
En la lírica externamos eso que nos conforma y reconstruye,
que nos repele y atrae, que nos vuelve dóciles e indómitos a la vez. En la
lírica nos descubrimos.
Esta generación nos enseña aquello que repelíamos, por temor
o por ignorancia.
Patricia Lizeth Juárez Silva*
*Estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad de
Guadalajara. Ha colaborado en programas como correctora de estilo y en
congresos como ponente. Actualmente está interesada en cuentos de lo
fantástico, lo siniestro y el horror, así como en la memoria dentro de la literatura.