“Un lector vive mil vidas antes de morir. La persona que nunca lee vive solamente una”. (George R. R. Martin)
Prepárate para entrar en un universo de
posibilidades. Vaivén te ofrece un recorrido por la imaginación, donde lo
ordinario se encuentra con lo extraordinario. Vaivén, busca llegar a lo más
profundo de tu inspiración y creatividad, logrando obras que te harán sentir,
pensar, soñar y salir de nuestra realidad
En este recorrido, encontrarás historias
que te harán reír, reflexionar y emocionarte. Desde la magia de la infancia
hasta la complejidad de la condición humana; cada cuento te ofrece una
perspectiva única y emocionante. Ya sea que te encuentres en un reino mágico,
en un futuro distópico o en la vida cotidiana, cada historia te hará sentir,
pensar y soñar.
Así que, prepárate para dejar atrás la
realidad y entrar en un universo de posibilidades. La imaginación no tiene
límites y la aventura está garantizada.
Esta recopilación de trabajos de
estudiantes talentosos se da gracias a la participación de las y los
estudiantes que forman parte del Sistema de Educación Media Superior de la
Universidad de Guadalajara.
Hoy son algunos los que ganan y muchos
los que participan y esto nos lleva a no desistir, a seguir intentando, que ya
llegará nuestro tiempo para estar en estas páginas.
La escritura es un viaje de descubrimiento, un viaje de creación. No te preocupes por el destino, no te preocupes por el resultado. Disfruta del proceso, disfruta del viaje. No tengas miedo de escribir lo que piensas, lo que sientes. No tengas miedo de ser vulnerable, de ser auténtico. La escritura es un proceso de creación, no de destrucción.
Renata Alcalá García de Quevedo
Licenciada en comunicación, publicidad y relaciones públicas. Maestría en Gobierno Electrón
5:00 a.m. A esa hora suena la alarma, interrumpiendo la paz y tranquilidad que
emana mi habitación. Me baño, me arreglo, desayuno, tomo mi mochila y me voy.
7:00 a.m. Las clases y mi día comienza: seis horas de escuchar a mis maestros
hablar y hablar.
1:00 p.m. Por fin salgo, camino al transporte y me voy a mi casa.
4:00 p.m. Otra vez; estudio, hago tarea y vuelvo a someter a mi cerebro a un
repaso de lo aprendido. Información que todavía no sé para qué me va a servir
cuando sea mayor, pero aun así lo tengo que hacer, porque si no, no voy a tener
un futuro, o eso dicen los adultos, ¿no?
6:00 p.m. Mis ojos se sienten pesados y cada vez es más difícil mantenerlos
abiertos. Como cada tarde el cansancio de todo el día llega de golpe, ¡No!
Espera, no es cansancio, es flojera, porque nosotros los adolescentes no
tenemos de qué estar cansados, o eso dicen los adultos, ¿no?
9:00 p.m. Vuelvo a abrir los ojos, el cansancio y mi mal humor desaparecen, pero
llegó otro enemigo: el hambre. Bajo a la cocina en busca de algo.
—¿Qué estabas haciendo? — pregunta mi madre.
—Dormí un rato, estaba muy cansada de la
escuela — contesté tranquila.
—¿Cansada? Ya te cansarás de verdad
cuando seas mayor, mejor ponte a estudiar o a hacer algo de verdad — dice, enojada por mi
respuesta.
¿Por qué la gente mayor siempre hace eso? Regreso molesta a mi
habitación. El cansancio acumulándose otra vez, aunque prefiero ver mi
teléfono, tal vez eso me distraiga de mi aburrida y monótona realidad. Pero,
¿qué tal y mi madre tiene razón? Tal vez solo exagero, tal vez yo no estoy
hecha para sobrevivir a la adultez, porque todos dicen que es lo peor que te
puede pasar, bueno, eso dicen todos los adultos, ¿no?
12:00 p.m. Miro la hora sorprendida de haber pasado tres horas en el teléfono y
noto el frío de la noche y el silencio que me causa un hueco en el estómago,
entonces me di cuenta de que otra vez pasó; éramos yo y mis pensamientos. No,
no y no. No voy a dejar que pase lo mismo otra vez. Miro el techo esperando
quedarme dormida.
1:30 a.m. Me volteo, quito mi almohada, la pongo, cierro los ojos, hago el
estúpido método de contar ovejas y nada funciona, los ojos se me llenan de
lágrimas ¿Otra vez? Miro mis piernas y brazos con una decepción profunda, casi
tan profunda como los cortes que tengo en ellas. Volteo a mi estante, veo el
cajón, pienso en el próximo día que se avecina, otro día igual que el de hoy
¿Vale la pena? Casi como un fantasma que me sigue a todas partes, la tristeza
profunda me invade, las lágrimas salen por sí solas y el pecho se vuelve cada
vez más pesado, parece que mi corazón deja de latir o late más rápido, no lo
sé, pienso en mi familia, en mis amigos ¿Quién me extrañaría? Casi por reflejo
abro el cajón de mi estantería y veo las tijeras que mantengo más afiladas de
lo normal, las pongo frente a mí, sobre mi cama, siento cómo todos los huesos
de mi cuerpo comienzan a temblar, no veo nada, las lágrimas que corren por mi
rostro me tapan la visión ¿Qué pasará después? ¿Realmente lo haré esta vez o el
miedo será más fuerte que yo? Como todas las noches me quedo ahí observando lo
que podría ser mi fin, estaba a punto de saltar al vacío sin saber si existiría
algo más.
2:30 a.m. No sé qué hacer. Mi mente da vueltas, mi cuerpo está débil y yo lo único
que logro hacer es mirar esas tijeras que tengo frente a mí, siento que mi
corazón arde, como si me quemara y al igual que todas las noches el miedo se
apodera de mí.
3:00 a.m. La decepción y tristeza es lo único que cabe, cortes nuevos llegan a mi
cuerpo, marcándolo de por vida, siento mis ojos pesados otra vez y con el alma
hecha pedazos logro conciliar el sueño.
5:00 a.m. A esa hora suena la alarma, interrumpiendo la paz y tranquilidad que
emana mi habitación. Me baño, me arreglo, desayuno, tomo mi mochila y me voy.
7:00 a.m. Las clases y mi día comienza, seis horas de escuchar a mis maestros
hablar.
Mi mente repite los sucesos de la noche pasada, pero eso no es nada, al
fin y al cabo, los adolescentes no tenemos preocupaciones ni por qué sufrir, o
eso dicen los adultos, ¿no?
Dulce Valeria Díaz Verde. Preparatoria Regional de Santa Anita
Estaba desesperado, no le encontraba más palabras para añadir a mi historia, en una crisis psicótica decidí ponerle el punto final, que resonó en mi apartamento como un disparo.
Entre el cielo y la soledad Ximena Guadalupe Haro Barba Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga
Yo nunca me he bajado en la estación Urdaneta
del tren ligero, y creo fielmente que no se puede bajar ahí (ignorando que no
lo he intentado).
Dejaré el sesgo de un lado y te invito a dejarlo tú también en aquella
mesita de allá, y pienses ¿Cuándo fue la última vez que te bajaste en Urdaneta?
Sea hace unas semanas, medio año, o ayer, cuestiónate, porfa; ¿realmente te
bajaste en Urdaneta? ¿Viste los carteles, ese símbolo que representa la
estación (el cual no logro imaginar y sospecho no existe) y saliste del
subsuelo por la misma salida que siempre lo haces? ¿Puedes jurar por tu vida,
la de tu familia y por la gente que vive en Urdaneta, que te bajaste en
Urdaneta? No lo creo.
Urdaneta, y con esto sigo suponiendo con la mayor confianza posible, no
es un lugar. No uno en el que tú o yo podamos estar, no del todo, no completos.
Bajarte ahí por un motivo concreto te hace olvidar quién eres, que te
constituye. Te centras en la tarea urgente que te da la estación: salir.
Las puertas fueron hechas un poco más grandes a propósito, aunque sea
por milímetros. Se prioriza que la gente salga y entre lo más rápido posible
por aquellos que guardan este no lugar
y sus puertas. Los que se les ve trabajar dentro viven lejos, trabajan lejos,
en otras estaciones y líneas. Sucede que, al distraerse un poco por ver pasar
los trenes y la gente, ya se encuentran en Urdaneta, y por estar ahí ya no lo
cuestionan. Ellos, enfermos de Urdaneta, están seguros de que viven en
Urdaneta; no sus calles y casas fuera del suelo; dentro, donde nacieron y
eventualmente morirán por ella. La mayoría tienen la suerte de perderse otra
vez, en ese vacío cognitivo llamado estación, y al llegar su hora de salida ya
están en su estación usual, o en el hospital, según los 3 casos del 2023 que me
acabo de inventar.
A lo que voy con todo esto es que tengo miedo. No por mí, sino por ti;
de que algo suceda fuera de tu poder y termines bajándote en esa estación,
seguro de que es tu propósito y motivo de existencia. Yo mismo tengo días de mente
en blanco, donde no puedo más que asumir que me encontraba en Urdaneta; ahí,
sentado en el suelo, esperando la conciencia rumbo a Periférico Norte. Otros
días parpadeo entre estaciones y he gastado mi vida; me sobran bolsas en las
manos y años en mi espalda. Y aun estando seguro de haberme detenido en Zapopan
Centro, yo sé que ese día, unos instantes, Urdaneta se encontraba en la línea
3, conmigo.
Procuro hacer lo posible para dejarla ahí, dársela sutilmente a otra
persona que sube cuando yo bajo las escaleras, para que la devuelva a esa
estación inexistente. Ese no lugar tan suyo, tan no, tan Urdaneta, como debe de
ser, donde debe de estar.
Quizás algún día pueda bajarla de mi espalda, sacarla de mis bolsillos y lo que queda entre mi ropa y piel. Arrancarla de mí, pero me cuesta mucho. Es muy difícil perderla, estando perdido en ella. Dentro de Urdaneta, y te lo aseguro (aunque nunca hayas pasado siquiera por esa estación) que lo que menos quieres es hacerte parte de ella. Hacerla algo. Hacerse uno, Urdaneta.
Nota al pie: la estación Urdaneta de la Línea 1 del tren ligero de
Guadalajara se encuentra a nivel de calle, no bajo el suelo, a diferencia de
Urdaneta, que se encuentra debajo de ti.
Grito silenciado Ángel de Jesús Buenrostro Prieto Preparatoria Regional de El SaltoEl monstruo debajo de mi cama Mariana Martínez Sierra Preparatoria Regional de El SaltoElegancia submarina Ángel Naim Celic Sánchez Flores Preparatoria 11
Piel con piel, ¡qué éxtasis tan efímero! Tus suaves labios, mejillas regordetas, pechos voluptuosos, caderas espléndidas. No me equivoqué al elegirte, supiste deliciosa.
Flotanto entre merluzas Luna Fernanda Parra Palacios Módulo San Agustín de la Preparatoria Regional De Tlajomulco De Zúñiga
Ambas suplicaban por la vida del hombre al costado de su camilla. Una era su esposa con la que cumpliría 16 años de casado el próximo domingo y la otra, una figura ennegrecida, alta y flaca que no soportaba trabajar los fines de semana.
Tengo todo, te tengo a ti Cesar Ernesto Pedroza Guillén Preparatoria 9
Sergio Uriel Díaz Bejarano. Preparatoria Regional de Tuxpan
A veces veo a mamá. Pero no como normalmente solía hacerlo. Ahora
la veo demacrada, agonizante, como si sufriera; se le ve triste, y no sabe
dónde está, como si estuviera demente.
En esas ocasiones donde veo a mamá me preguntó si realmente valió la pena vender su alma al demonio.
Psicosis Jorge Alexander de la Torre Rodríguez Preparatoria Regional de San Juan de los Lagos
Diego Israel López Bernal. Módulo Cajititlán de la Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga
Me alteré al recibir la llamada del
colectivo “Madres buscadoras», diciendo que posiblemente habían encontrado
a mi hijo y que me mandarían la dirección por mensaje para que fuera a
reconocer su cuerpo.
Emocionada y conmovida de saber algo de
mi hijo que desapareció de mi lado hace más de 2 años esa maldita noche, me
apresure a abrir mis mensajes.
Mi rostro se estremeció drásticamente cuando me di cuenta de que me citaron en más de 5 direcciones distintas.
Cuento de criadas Vania Navarro Gómez Preparatoria 10
Diego Israel López Bernal. Módulo Cajititlán de la Preparatoria Tlajomulco de Zúñiga
“Si insistes en no usar condón, al
menos sácala a tiempo imbécil, ¡No quiero volver a lidiar con otro embarazo!”,
le advertí gritándole a mi esposo.
Minutos después, en la baja luz del sótano, apenas pude verlo asentir, mientras continuaba desnudando a nuestra nueva invitada, todavía inconsciente en el suelo.
Día nublado Tadeo Ascencion Cervantes Valdez Módulo Teuchitlán de la Preparatoria Regional de Ahualulco de Mercado
La incesante voz de mis pensamientos me grita que soy cobarde, un
inútil incapaz de lograr su cometido.
Veo el bote de pastillas, tentándome a que lo haga.
Pienso en mis padres, en lo mucho que los extraño y en lo poco que les importo
ahora; no soy nada ni nadie en este mundo. Recuerdos,
recuerdos inalcanzables de la felicidad, que ya no me sirven para nada. Veo el bote de pastillas, tentándome a que lo haga. Pienso
en mis padres, mis padres… La incesante voz de mis pensamientos ha callado.
El bote de pastillas está vacío, la comida servida y
mis padres…
Mis padres yacen ante mí, inertes, incapaces de causarme más daño.
Woman in the mirror Vania Navarro Gómez Preparatoria 10
Dulce María Huerta Sánchez. Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga
La luz de la pantalla parpadeaba en la
oscuridad de la habitación, proyectando sombras inquietantes sobre las paredes.
Sandra, con los ojos fijos en la pantalla, leía un correo extraño que no
recordaba haber escrito. “Lo sé todo”, decía el correo.
Abrió el mensaje y ahí estaba, una
detallada confesión de un crimen que jamás había cometido, pero las palabras se
sentían como suyas.
La incomodidad recorría su cuerpo con mucho escalofrío.
De repente su teléfono vibró en la mesa. Un mensaje nuevo: “Mira la cámara”.
Giró lentamente la cabeza hacia su computadora, la luz roja de la cámara estaba
encendida.
El mensaje en el monitor cambió:
¡Sonríe para la foto!
Antes de que pudiera reaccionar, su
pantalla mostró su propio rostro, capturado en tiempo real. Pero había algo más
en la imagen. En el reflejo de sus ojos, se veía la silueta de una persona
detrás de ella, observándola a través de la ventana. Su corazón comenzó a latir
con fuerza mientras reconocía la figura. Era la misma persona que había notado
varias veces en la calle, siempre a una distancia prudente, con la mirada
fija en ella.
El teléfono volvió a vibrar, otro
mensaje: “Me gusta cómo luces cuando tienes miedo”.
Un frío intenso recorrió su cuerpo al
darse cuenta de que no estaba sola en la habitación, lentamente giró la cabeza
hacia la ventana, y allí estaba él, mirándola fijamente desde la penumbra, con
una sonrisa torcida en su rostro. Las luces de la calle apenas iluminaban su
cara, pero lo suficiente para que ella pudiera ver la cámara en su mano
apuntándola directamente.
El monitor mostró un último mensaje:
“Sonríe, esta vez es para la portada de tu desaparición”.
Susurros desde dentro Joseline Guadalupe Estrada Corvera Preparatoria 8Lo bello duele Kimberly Esmeralda Yarely Rodríguez Orozco Preparatoria 9
Sandra Addaí García Pérez . Regional San Juan de los Lagos
El campo de lirios azulados se extendía más allá de la vista, un
océano de tranquilidad que contradecía la tormenta que llevaba dentro.
Mientras lentamente me arrodillaba junto al cuerpo inerte de mi padre,
me pregunté si él alguna vez había contemplado la belleza de este lugar o si su
corazón estaba tan marchito que ni siquiera los lirios podrían conmoverlo…
Mis manos aun temblaban, no por el peso de lo que había hecho, si no por
el alivio que sentí al saber que el mundo finalmente estaba libre de su
presencia. Durante años, soporté su crueldad disfrazada de “paternidad” matando
lentamente cualquier vestigio de esperanza que quedara en mi alma, pero… ¿Y
ahora?, todo había terminado, aquí en este campo de lirios, su vida se apagó
como una vela en medio de la noche. Había soñado tantas veces con este momento
pero la realidad era mucho más dulce de lo que jamás podría haber imaginado.
Con cada respiración el aire se vuelve más ligero, más puro. Como si los mismos
lirios estuvieran agradecidos por la sangre derramada.
No siento culpa, ¿Cómo podría?, ¿Por qué lo haría?
Aquí entre los lirios, su maldad se desvanece, se convierte en nada. Y
yo, por primera vez en mi vida puedo mirar al horizonte y sentir
libertad. Abro lentamente mis ojos y siento cómo ese tranquilo campo de lirios
se desvanece reemplazado por las paredes de la realidad, las paredes de esa
casa oscura ahora iluminada por las luces rojas y azules que parpadean a través
de la ventana permitiendo vislumbrar mis manos manchadas de sangre…
No siento miedo, a cambio siento una profunda paz acompañada de una sutil sonrisa tirando de la comisura de mis labios.
Puente Cinthia Karina García Ledezma Preparatoria Regional de El Salto