Ave
junio 25th, 2026
¿Les ha pasado ver un ave rara que aparece en medio de la ciudad y no tiene sentido? ¿Cómo puede ser que esas plumas rojas o ese canto estén en medio de la ciudad? Así se siente contemplar la poesía de un alumno.
Nos la pasamos buscando la poesía como perros rastreadores, pero viene de manera inherente; algunos se tardan más que otros en encontrarla, pero nos habita: son esos fantasmas ocultos. Los estudiantes lo entienden, brilla en ellos de manera natural. En la adolescencia algo engrana, se siente tanto y tan fuerte que todo fluye como un río. Como profesora, no queda más que ser espectadora de esas cataratas; permitiendo que se desborden, esperas el momento donde la corriente se amansa, el agua se pone clara y nos ponemos a buscar juntos esos versos que nos muevan y destruyan.
Ese sentimiento de aguantar las lágrimas cuando lees un texto con la fuerza de una granada expansiva que está a punto de autodestruirse… no los quieres tocar porque son frágiles, tampoco los quieres meter en una caja de teoría y conteo de palabras. ¿Quiero enjaular a ese pájaro? ¿cómo hacer para que no crea que quiero cortar esas alas y callar su canto?
Estoy convencida de que la poesía nos habita cuando no nos definimos; nos vinculamos con ella en la incertidumbre: en la incertidumbre de ser adolescente, de ser estudiante, de ser docente, de ser mujer, de ser persona. ¿Por qué quedarme como montaña cuando también puedo ser río?
Esa incertidumbre me colocó en este lugar de espectadora, como quien contempla un atardecer con las aves cantando en los árboles; no sabemos si veremos uno igual de nuevo, pero lo saboreamos hasta el último rayo de luz.
Sabines tiene razón cuando dice que no hay un resplandor visible o un rayo que les salga de las orejas para hacer evidente a un poeta; pero nosotras, como profesoras, lo sabemos, lo vemos. Vemos ese calor como lava brotando de su mirada para crear esas piedras brillantes que se convierten en espejos de obsidiana, que parecen sólidos por fuera pero sin dejar de fluir por dentro.
Dejemos de colocar la poesía como esa reliquia familiar intocable al fondo de la repisa; que deje de ser esa palabra que asusta y nos incapacita cuando la colocan frente a nosotras. La poesía está para romperse, ser maleable y confrontarnos. Si observamos lo suficiente y somos pacientes, podremos ver de nuevo a esa ave en medio de la ciudad, volando en el atardecer.
Isis Jashira Sandoval Sotelo
Docente, investigadora y artista plástica, cuya trayectoria se caracteriza por un enfoque interdisciplinario que entrelaza la enseñanza de la historia, la promoción cultural y la expresión visual. Es docente y promotora de lectura en preparatoria número 4.