Sombras y fuego
junio 25th, 2026
Ricardo Antonio Ramírez Ruelas
Preparatoria 4
En un pequeño pueblo de Jalisco, la gente hablaba en voz baja cada vez que encendía la televisión. Las noticias repetían un nombre que parecía pesar en el ambiente: Lichto, un hombre del que se decía tenía mucha influencia en la región. Para algunos era solo un nombre más; para otros, una sombra que se extendía sobre carreteras y montañas.
Mateo, un joven de 16 años, no entendía del todo lo que pasaba, pero sí notaba que cada vez que los adultos escuchaban esas noticias, el ambiente en casa cambiaba.
Una tarde, el cielo del pueblo se llenó de humo a lo lejos. Las noticias hablaban de vehículos incendiados y bloqueos en distintas carreteras del estado. La gente lo llamaba “la quemazón”. No era algo que Mateo hubiera visto antes, y el miedo se sentía diferente: más real, más cercano.
Su mamá cerró el negocio antes de tiempo. Su papá pidió que nadie saliera. En la escuela, los rumores iban y venían, y el nombre de Lichto aparecía en casi todas las conversaciones, aunque nadie sabía realmente qué era verdad.
Mateo miraba por la ventana preguntándose cómo las acciones de una sola persona podían alterar la tranquilidad de tantas familias. El humo no solo estaba en el aire; también parecía meterse en los pensamientos de todos.
Con el paso de los días, las carreteras se despejaron y el humo desapareció. El pueblo volvió poco a poco a su rutina. Las noticias dejaron de repetir el nombre y la vida siguió adelante.
Esa noche, su padre le dijo algo que Mateo guardó para siempre:
El miedo se propaga rápido, pero la esperanza también, si uno decide alimentarla.
Mateo entendió que no podía controlar lo que hacían otros, pero sí podía decidir quién quería ser. Y eligió un camino distinto, lejos de las sombras y más cerca de un futuro mejor.