Nuevamente estás en la cuerda floja por alguien que busca cualquier pretexto para empujarte.
Fernanda Monserrat García Flores
Preparatoria Regional de Casimiro Castillo
Feelings | Jenifeer Micheel Valez González. Preparatoria Regional de El Salto.
“Tempitsolistli Chikuakoli” (Beso callado)
Y entonces la besé. La conocí hace un mes. Gracias al producto del intercambio de miradas en el metro. Esa misma sonrisa de sus ojos me dieron el valor para invitarla a una cita. Al anochecer nos encontrábamos bebiendo y conversando en un bar; una semana después dábamos una caminata por la plaza; dos semanas después conocí a sus padres y el siguiente viernes estábamos solos en mi habitación. En ese momento el silencio fue cómplice, ya que sus manos recorrían de una manera ansiosa mi espalda y entonces… la besé. Acto seguido: la navaja en mi mano atravesaba su abdomen mientras de su cuerpo salía un ligero pujido y acto seguido, se repitió la acción seis veces más, mientras yo sumaba otra víctima a mi record.
Los espejos son cristales que reflejan la imagen capturada por el rebote de luz, de ese modo al colocarte frente a uno podrás ver tu reflejo como si fuera otra persona.
Nika Ivanov llevaba tiempo queriendo un espejo para su habitación, pero siempre había pensado que sería una mala idea, ya que sentía que no sólo podía reflejar luz. Ella sentía que un espejo en un cuarto podría ser peligroso. Para ella un espejo podría reflejar algún espíritu o incluso robar el suyo; de cierta manera los espejos le daban algo de terror. A pesar de eso, Nika quiso tomar ese riesgo, de esa manera compró un espejo plano y alargado que reflejaba bien su figura.
El primer día estaba emocionada por su nuevo espejo. Lo colocó frente a su cama al no saber bien dónde colocarlo. Todo iba bien, una, dos y tres semanas pasaron antes de que comenzara un problema para la joven, pues con el tiempo se le comenzó a dificultar dormir. Dormía más tarde de lo normal y a veces no y terminaba rendida en el tren de regreso a casa siendo despertada por un extraño o por el llanto de un bebé. Mientras más pasaba el tiempo las cosas se ponían más extrañas. La pobre joven sentía una presencia de vez en cuando, incluso llegaba a escuchar su nombre a lo lejos, como si alguien le llamase, a veces pensaba en que se estaba volviendo orate y que tendría que visitar a un especialista, con alguna de esas personas que escuchan los problemas de los demás o con los que medican a los que han perdido un tornillo y corren por los pasillos queriendo cazar dragones como Don Quijote.
Al pasar del tiempo esto no cesaba, al contrario, crecía más y más, de poco en poco. Nika comenzaba a ver de reojo algunas sombras o personas y al voltear no había nadie, y ni hablar de las voces dentro de su cabeza. A veces se encontraba en un lugar público y comenzaba a decir en voz alta que se debía guardar silencio haciendo que la gente rumorara sobre su falta de cordura, pero la verdad es que para ella se estaba volviendo algo inefable de explicar su situación actual. La chica había estado pasando por una circunstancia algo extraña, a veces al despertar sentía que alguien jugaba con su cabello, tomaba una de sus manos o se recostaba a su lado, además ella sentía como si alguien más estuviera en su casa, las cosas a veces se caían de su lugar o se movían de un lugar a otro y en ocasiones se podía escuchar como el bufido del gato venía de otra habitación y al revisar se encontraba el felino solo. Nika llegó a pensar en duendes traviesos queriendo molestarla y otras veces pensaba en fantasmas. Hubo días en los que pensó en llamar a un exorcista. Todo se tornó más extraño un día cuando al despertar y tras estirarse un poco se quedó sentada en la cama con la mirada fija al espejo, en el cual su reflejo (o lo que parecía serlo) le sonreía de una manera extraña. No podía creer lo que estaba viendo, fue una sensación que inundó todo su cuerpo y en cuanto pudo cerró sus ojos un momento y al abrirlos aquel reflejo era normal de nuevo.
Estos sucesos la comenzaban a poner nerviosa y a su vez la inquietaban provocando que no se concretara bien y estuviera atónita la mayor parte del día, ya no estaba rindiendo igual que antes y esto daría a consecuencia problemas en su trabajo y círculo social. Sus amistades ya habían notado que se estaba poniendo en un estado algo grave y algunos de ellos le sugirieron ir a visitar a un psicólogo, pero ella siempre se negaba, incluso su madre, quien recientemente había ido a visitarla, le recomendó ir a un psiquiatra. Ella siempre se negaba o decía que iría después para dejar el tema de lado, cabe destacar que no les mencionó nada de lo que estaba pasando a ninguno de ellos y lo poco que mencionaba realmente no era de mucha ayuda, ya que decía cosas como: «No es nada, tal vez de otro mundo, pero nada que no pueda controlar». «Es como una pesadilla, pero al final las pesadillas terminan». «Quizás mañana me veas luchando con algún molino».
Las noches se sentían largas, sólo se ponía audífonos y reproducía música a un volumen alto para no prestar atención a los sonidos que se producían en la casa, podían ser sonidos ligeros como algún objeto pequeño que se dejó caer o de igual manera un sonido algo aberrante. Nika ya estaba muy paranoica con todo este tema.
Como era de esperarse, la falta de sueño empezaba a obligar al cerebro a desactivar ciertas funciones, Nika cada vez era más impulsiva y lenta en su toma de decisiones, de igual manera dañaba otras partes y causaba pérdida de concentración y un empeoramiento general en la memoria. Esto sólo le generó más problemas, pues el bajo desempeño que daba en el trabajo dio por consecuencia que terminaran despidiéndola. Ahora, sin trabajo, tenía más por qué preocuparse. Se mantenía absorta en quién sabe qué cosa.
A veces deliraba un poco y en ocasiones ella charlaba con su reflejo, sorprendentemente algunas por no decir varias veces, su reflejo le contestaba. Y en uno de esos brotes de locura, Nika vio cómo su reflejo le insinuaba acercarse con cierta seña del dedo, simplemente se levantó de la cama acercándose con pasos lentos pero decididos a ir tras el reflejo, y al estar frente a frente con su propio reflejo, extendió su brazo derecho y lo introdujo de poco en poco en el espejo plano, el cual parecía más una entrada a otra habitación. Primero fue su brazo, su pierna y finalmente entró por completo en aquel espejo. Se adentró a lo desconocido.
Desde aquel día se corren muchos rumores sobre lo que realmente sucedió, algunos dicen que falleció en su casa, otros dicen que termino chiflada y otras historias cuentan que se fue a Europa con un hombre adinerado. Sea cual sea la verdad es un hecho que la pobre señorita Ivanov tenía uno que otro tornillo suelto.
Jazmín Alexandra Castro García
Preparatoria 10
¿Qué ves cuando no eres tu? | María Josefina Ramos Cedillo. Preparatoria Regional de Etzatlán.
¡Clock! Puede ser piélago. ¡Clock! Puede ser jamaica.
Mi corazón encanece a los 16 latidos, kilómetros y kilómetros de pecados.
Parecí prostituirme, agregarle ceros a mi alma y así me cobijara el rey de la tierra en llamas. Trepo a la superficie al paso de los gritos continuos desplomándose al lago del sufrimiento eterno. Trepo a la superficie a medida de un milímetro de alteración en este sol negro. Puedo sentir mi espíritu no querer extinguirse. Espera un poco más por este cuerpo perdido, que se encuentra con piedras atadas a los pies, con apuñaladas emocionales en la garganta, viviendo en círculos repetitivos. Mis dos ventanas afligidas contemplan en sueños que se aproxima un gran trago de jugo de limón, un escenario agrietándose; percibo mi presente con burlas, esclavitud y ausencia de piedad; siento el manoseo de un cielo sollozando. Silencio. Abrí paulatinamente mis ventanas: esta atmósfera me he familiar, es siete veces menos densa. Al parecer hay un grano de azúcar en el salero que me guía a fracturar cariños, ejecutar capullos y emerger enfermedades mortales. Juzgo poseer la certidumbre de que mis actos son a ciegas. Mi habitación parpadea, es lo único que subsiste; sus migajas de incandescencia consideran reconfortarme; sin embargo, obstruyen su luz un segundo y brota de mi espalda púas colosales. Mis pupilas son conquistadas por el rey de los pigmentos, los huesos colapsando y la sangre ansiosa por explorar se exprime por cualquier abertura. Empero desobstruyen su luz provocando escuchar plegarias esquizofrénicas. Estoy bastante cochambrosa. Cinco mililitros menos de vida: este ambiente es frígido. Unos actos en ignorancia, unas palabras torcidas me incitan a poner plomo en mi cerebro y me pregunto: ¿por qué yo? Una gota de piélago, una gota de jamaica se unifican resonando como un vidrio menospreciado, siento ser un papel calcinado; consumar en cenizas, pues grandes o pequeñas obras tiene el poder de gobernar dando brotes malignos. Grito una voz en mi interior. Padre celestial, padre limpio, imploro me duches en fuego, atemoriza esta milla oscura, nútreme de agua siete veces hasta convertirme en una pasa. En gratitud el rastro de piedras en el sendero me hablará de ti y con ellas edificaré mi hogar cálido. Inmortaliza el amor de los de mi sangre, acicala mi presencia con palomas blancas en tierras bravías. El sol está a noventa y tres millones de millas de distancia, y no puedo mirarlo, pero me inclino ante su existencia permitiendo me traspase con su rayo transparente, ceñiré con adoración todos los domingos. Fe, no permitas que la neblina opaque tu rostro, pues esta noche necesito de tu permanencia; pretendo seas mi sostén hacia el altar, pues ahí se encuentra el pan y el vino esperando mi trago y poder resurgir. Los ángeles tocan melodías mientras rocían agua anormal y me cantan oraciones de paz con arpas divinas. Ruego la permanencia eterna de tres hombres enfrente de esta moneda, que uno gire y proclame que limpiará mi sangre, me exhiba la salida a todos mis juicios.
Frida Fernanda Romero Aguilar
Preparatoria 9
Materia Cómico | Jenifeer Micheel Valdez González. Preparatoria Regional de El Salto.
Dioses ineptos, han olvidado por lo que están aquí, para lo que nacieron. Deberían ser la luz de la humanidad, guiarla por el buen camino, velar por ella, vivir por ella; en cambio sólo le brindan codicia, envidia, rencor, arrogancia, egoísmo y crueldad. Condenaron a Pandora, pero son ustedes la viva imagen de los males que atormentan al mundo, no merecen ser alabados, no merecen nada.
Peccatum | Luisa Fernanda Sánchez García. Preparatoria Regional de El Salto.
Serán condenados al olvido, despojados de sus virtudes, vivirán entre sus semejantes, sin alterar el curso de la vida misma y, cada vez que sucumban por su propio linaje, resurgirán con candidez, sin el privilegio de la alusión, es así como buscarán la perfección.
Sólo recuerdo cómo las ninfas cubrían mi cuerpo con seda ¿en manos de quién? ¿Cuántas veces? Dudas que nadie tiene permitido saber, lo único que no sale de mi cabeza es la voz de aquella mujer, sentenciándonos a un pecado que ni siquiera recuerdo.
La oscuridad comienza a ocultarme del resto. Hace días que no logro ver la luz del atardecer… sólo hay una tonta bombilla palpitando y generando un calor insoportable en mi ser. A lo lejos hay un espejo empañado, lleno de pequeñas letras ilegibles. No paro de pensar en que quizá hoy es él día en que se marche la sombra que me aprisiona en este pequeño cuarto con paredes llenas de números que no logro distinguir… Despierto, miro cómo mi cuerpo se desvanece poco a poco con el tiempo. Ha llegado la hora de levantarme y cruzar la puerta. Comienzo a moverme lentamente con las pocas fuerzas que tengo, pero algo toma mi pie… escucho aquella voz en mi mente, sin poder moverme… tiran de mí para nunca volver.
Carlos Alberto Montero Ortiz
Preparatoria Regional de Tala
Por entro | Braulio Gutiérrez Ayón. Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga
Observas tus propios pensamientos mientras los ojos apuntan a la ventana del cuarto blanco en un segundo piso, al que llaman “aula”. Confundes el ruido idiota de las conversaciones efímeras con el silencio de las divagaciones mentales. Volteas por instinto a la cara imbécil de tu amigo que te taladra con tu nombre desde que olvidaste que es “el nombre” te corresponde. Asientes con la cabeza como si comprendieras que lo que sale de su boca no es sólo aire. Te das cuenta de que garabateaste el ensayo final con la pluma que hace un momento masticabas. Intentas recordar cuándo sacaste la pluma de tu boca. Sumerges los pies en una laguna mental. Por casualidad, ves en el fondo al profesor que entra por la puerta. Detrás de él un mulo —su lamebotas predilecto— carga con proyector, portafolio, listas, cuadernos, libros. Desciendes la vista, que cae en la mochila. Le siguen tus manos. Buscas la libreta de la materia. Sólo encuentras los cuadernos rancios de hace dos días. Regresas tu postura a su sitio. Te resignas a los cinco puntos menos que te depara el destino. Tus pupilas naufragan en el horizonte de cabellos chinos, secos y enredados dehippie sentado enfrente que te tapa el pizarrón. Sopesas su existencia, la tuya. Tomas las plumas marcadas por la ansiedad dental, el ensayo vandalizado y demás basura escolar. Guardas todo en cualquier parte de la mochila. Te la cuelgas. Los pies te mueven hacia la puerta de acero y enclaustre. Miras el patio con el mismo anhelo con el que observas a la chica que suele pasar por el fresco de la ventana. El profesor cuestiona tu travesía. El aire disemina esa voz mosquera que intenta volar en tus oídos. Sigues tu camino. Cruzas el sendero. Dejas tu mochila tirada en el pasillo. Subes al barandal color azul-libertad. Permaneces ignorante de la carrera del profesor empeñado por frustrar tu intento de autoinmolación. Te dejas caer a los brazos maternales del patio. Un instante. Sobrevives. Miras un rostro horrorizado, que pertenece a una amiga de la chica sobre la que acabas de caer, ¡esa!, ¡la que suele pasar por el paisaje del ventanal! Tu mejilla mojada, por la sangre que se encauza sobre sus cortos y —ahora— pelirrojos cabellos. Desdeñas a la horda de mosquitos oportunistas que comienzan a rodearlos. A ti, a ella: a ti sobre ella. Todos quieren chupar de la pestilente escena. Como no hay escapatoria, te rindes. ¿Cuántas veces lo has intentado esta semana? Les das gusto, te entregas. Y regresas. Regresas al bucle de monotonía existencial.
Esteban A. Velázquez
Preparatoria 8
Ilumina el camino hacia tu vida | Karla Michelle Dávila Vázquez. Preparatoria Regional e Tlajomulco de Zúñiga.
El primer asesinato nunca lo olvidamos, me lo dijo mientras tomaba mi mano. Él fue mi primer amor y mi último respiro.
Jorge Alberto Carmona Hernández
Preparatoria de San José del Valle de Tlajomulco de Zúñiga
La última cena
El primer asesinato nunca lo olvidamos, me lo dijo mientras tomaba mi mano. Él fue mi primer amor y mi último respiro.
Hilda Saraí Gómez García
Preparatoria de San José del Valle de Tlajomulco de Zúñiga
Historia de terror
Estaba aterrado cuando lo primero que vi fue una puerta de mi casa que estaba abierta, y el problema es que yo tuviera una manía por mantener todas las puestas cerradas, el problema es que esa puerta nunca antes estuvo ahí.
Ana Carolina Escobedo González
Preparatoria 19
Olvido de vuelo
Cuatro paredes. Ansiedad. Gritos internos. Sollozos de soledad. Llegó el día. Se abren las puertas. Mis alas se extienden… Demonios, lo que faltaba: ¿cómo se vuela?
Lourdes Montsserrat Rodríguez González
Preparatoria 19
Receta de mamá
Doctor, doctor…mi hijo no reacciona, le juro que le di sus medicamentos tal como se los receté.
Lo estuve buscando por todos lados sacando todo de los cajones, revolviendo ropa sucia con limpia, hasta que lo encontré. Quién iba a pensar que estaba tumbado en el fondo del armario empolvado “desgastándose”. Tenía que ponérmelo para esta ocasión, para volver a sentir cómo se sentía usarlo de nuevo, sentir esa calidez que rodeaba todo mi cuerpo me hacía sentir como persona normal. Salgo de casa usando todo lo que necesitaba: corbata, zapatos voleados y brillantes, esmoquin limpio y planchado, pero sobre todo la única pieza que no encontraba y estaba en el fondo del armario: mi alma.
Cynthia Hernández Mendoza
Preparatoria 6
Sé que todo estará bien… pero no esta noche | Angie Gabrielle Lupercio García. Preparatoria Regional de El Salto.
Dalias
Caminó con un gran ramo de dalias, dispuesta a dárselo a la persona que más amaba. Al llegar paró frente a la tumba de quien fue la mujer que la crio.
Uniforme
Inspirado en la película Mulán
Ella usa uniforme fingiendo ser hombre y él se enamoró de ese soldado antes de saber que en realidad es mujer.
Otra madrugada más, me vuelve a levantar el llanto de un bebé. Cada vez que suena, se vuelve más fuerte, tanto que penetra las paredes del cuarto, es demasiado tétrico, pero lo que me desconcierta es cuando la madre va y arrulla al niño, porque me hace recordar que yo soy el muerto.
Juan Ricardo Emmanuel Ramírez García Preparatoria 19
Dimensión oculta
Tardé en dormirme, por la pintura del hombre sonriente… Hasta que me di cuenta que no era un cuadro sino un espejo.
María Leonor García López Preparatoria Regional de Colotlán
La vida por delante
Doce años para recibirse. Tenía que celebrarlo. —Estaría iniciando la maestría. —Es una pena —dijo mientras colocaba el expediente junto a los de otras mujeres desaparecidas.
Andrea Jazmín Valenzuela Morales
Preparatoria de San José del Valle de Tlajomulco de Zúñiga
Las cosas hoy dispersas se reúnen y las que están más próximas se alejan: soy y no soy aquel que te ha esperado en el parque desierto una mañana junto al río irrepetible adonde entraba (y no lo hará jamás, nunca, dos veces) la luz de octubre rota en la espesura.
José Emilio Pacheco
La poesía es un género que se ha cultivado desde la antigüedad. Ya en Las mil y una noches, los personajes, motivados en expresar su estado emocional más profundo, recurrían a recitar versos para conmover a quien los escuchaba. Ejemplo de ello sucede en la noche 35, cuando Alí-Nur entrega como regalo a Dulce-Amiga, su hermosa esposa, al califa, Harún Al-Raschid, disfrazado de pescador; pero antes de despedirse le recita amargamente estas dos estrofas: “¿Vas a huir de mí, ¡oh, sangre pura de mi corazón!, cuando tu sitio está en este corazón herido, entre mi pecho y mis entrañas?/ ¡Ah! ¡Te suplico, oh, tú, el clemente sin límites, que reúnas a los que se separaron! ¡Qué repartas, oh, generoso, los beneficios entre los hombres!”. Ha transcurrido mucho tiempo y el ser humano sigue encontrando en la poesía la forma más emotiva de expresarse, particularmente los jóvenes. Ellos buscan un nuevo lenguaje, más rico, subjetivo y polisémico. Inventan la palabra, la liman, la tallan, la acarician y la depositan en el corazón de los lectores. Los poemas que leeremos en este número de Vaivén hacen un recorrido por la soledad, la ausencia y la tristeza, elementos propios de una juventud en busca de sí mismos y de una felicidad inalcanzable. Pero hay otros que son cantos nostálgicos a la naturaleza, a las estrellas y a los espacios habitados por fantasmas. Y para quienes gustan de las vanguardias, un poema al estilo estridentista que nos recuerda “Prisma”, del poeta veracruzano, Manuel Maples Arce. Invitamos al lector a unirse y contagiarse de susurros, voces y lamentos, de jóvenes creadores de nuevas realidades; éstas, muchas veces, próximas a ellos mismos. Invitamos a tocar sus poemas, en algunas ocasiones sentirás texturas suaves y tersas que te envolverán en cálidos sueños; en otras, apenas te rozarán y sentirás el fuego, el dolor, el desvanecimiento.
Pedro Lomelí Hernández*
* Licenciado en Letras por la Universidad de Guadalajara y maestro en Educación por Tercer Milenio. En la actualidad imparte clases de Habilidad verbal y Estilo y corrección en la Preparatoria de Tonalá.
El primero por mi madre, por ser quien sostiene mi templo El segundo por mi abuela y su estantería de libros viejos El tercero por mi pareja, que me sana con consejos Y el cuarto por mí mismo que me obligó a apuntar lejos
Escribiendo frases que te marcan pa’ poder llegar al alma escribo las indicaciones para guiarme cuando parta. Siempre soy esclavo de las frases que digo y me considero un mendigo aun sabiendo que el rey es la carta más alta.
Me gusta la escritura pero no si las censuran Fan del pensamiento y del cielo pero no si están nublado Tomo cristales con las manos porque siento que son sueños y me identifico con ellos, rotos y desordenados.
Mi poesía no habla de ocasos, ni bellezas ni fracasos ni de plantas, ni de aves, ni tropiezos, ni balazos No me considero un poeta, sólo soy un garabato que un día conoció un cometa y ahora escribe en su regazo.
Aunque ni siquiera escribo, sólo le doy forma al alma para poder protegerme por si llegan los fantasmas regando polvo de estrella por si mi mente se estrella saber que en algún lugar quedan mis cartas.
Yo, más que un artista, me considero un artesano por tomar un diccionario y darle forma con las manos, por jugar con las palabras como si fueran pelotas y hacer que reboten y resbalen como en el vidrio las gotas.
Ahora me oculto de mí mismo, escribiendo a escondidas una mano sobre mi pecho y otra en mi papel con tinta Después de tantos gritos mi alma yacía dolida tomando mi pluma cual suicida a una cuchilla.
Digo lo que es necesario porque aquí nadie hace caso a soñadores, locos y niños nunca nadie los escucha quien presume de buen criterio y nunca tomar un bando en cada discusión dirá salir ganando.
Escribo mi última estrofa sobre educación moral con el profesor Reflexión hay mil lecciones por tomar Cuando aceptes que tu vida vale igual que las demás estarás dejando el nido de una vida artificial.
Pasé mi mano por mi mejilla tal como alguna vez pasaste la tuya; enredé mis brazos sobre mí mismo lo más que pude. Entrelacé mis dedos como cuando paseábamos atrayendo las miradas juiciosas de quienes no entendían nuestra forma de amar.
Pese a tocarme como tú lo hiciste, no fue lo mismo: mi mano no es tan suave ni tan larga como la tuya, mis brazos no alcanzan ese recóndito lugar en mi espalda como lo hacían los tuyos mis manos no tienen tu calor ni tu color ni la precisa fuerza para sujetarme sin aprisionarme como lo hacían las tuyas.
Me toqué pensando en ti y unas lágrimas furtivas navegaron por mi rostro siguiendo los trazos de las caricias que hiciste con tus dedos. Mis fuerzas cesaron entendí, de nuevo, que ya no estás conmigo.
Owaldo Javier Anguiano Medina
Preparatoria 12
Mente Floreciendo | Issa Apola Sánchez Álvarez. Preparatoria Regional de El Salto.
Juzgado. Por según conocerme, por haber escuchado. Tachado. Para siempre, a causa de mis turbios pensamientos, desmesurados. Ellos creyeron conocerme por lo que vieron, dijeron o escucharon mí, pero pocos, muy pocos han podido presenciar mi verdadero yo; sus voces, gestos y sonidos, su suave y ocasional feroz tacto, los pasos livianos y toscos que doy en las noches de incesante e incómodo silencio. Ese que lastima quema y atormenta a la mente, que dirige al corazón a un malestar profundo, ese dolor que pocos conocen, incómodo y nauseabundo.
Y si hablamos de conocedores quién mejor que las estrellas o las hojas de los árboles, sólo hablo con ellas, sin decir nada, sólo mirándoles.
Hay días que parecen ser mejores, cuándo todas mis palabras suenan bellas, acabando el día estoy en mi fresca cama, sólo contándoles. Pensando. Finales buenos me sobran, para aquellos cuentos que de vez en cuando escuchan, los árboles ya no me dirigen la mirada, sólo susurran. Deseando. Si no hubiera hecho nada, no tendría que haber inventado final alguno, de cientos de cuentos no habría ninguno. Llorando. Los árboles comienzan a enojarse conmigo, sospechan de la veracidad de mis cuentos, piensan que no son reales, los finales ya son repetitivos. Y cómo no ser así si de esos desenlaces no he vivido nada, si arruiné todo antes de acabarlo. Les contaba lo que hubiera querido que pasara, para que ese clímax de ensueño que viví cuadrara, pero ahora ellos gritan “por mentiroso vamos a enterrarlo”. Muriendo. Que lo inculpen, señores árboles, suplica éste enfermo y dañado, no era mi intención mentirles, pues no quería llorar a su lado, porque ustedes me acogían tanto que no quería decirles, por mi absurda torpeza en el amor soy fracasado.
Al siguiente día me encontraron colgado. una rama me sujetaba fuertemente, pues ellos me habían perdonado; escucharon de mí palabras tan hermosas que decidieron [regalarme otra oportunidad, que afortunado.
Lastimosamente, señores árboles, les he mentido de nuevo, creyeron escuchar por primera vez un final verdadero, pero a eso vengo en esta ocasión, escribiré un cuento con inicio y final bueno, si las cosas parecen ir mal seguiré hasta que lo vea completo, sus hojas escucharán algo increíble la próxima vez que me vean venir, se los prometo. Naciendo…