La filosofía son preguntas que funcionan
como faros de luz en la oscuridad, como lugares a los que podemos recurrir para
buscar conocimiento, descansar y luego seguir con la búsqueda de más conocimiento.
Quizás, con suerte, seremos capaces de proponer una pregunta que se vuelva un
faro de luz. Por ello, hacer filosofía consiste muchas veces en encontrar la pregunta adecuada. Al
que otros autores, alumnos y filósofos podemos acudir para darnos una idea de
cómo es el mundo, cuáles son sus problemas y encontrar inspiración para
proponer nuevos conocimientos.
Así pues, el propósito del ensayo
filosófico es desenredar
el problema, aclararlo
y convencer de que es importante que todos nos interesemos en él.
Los problemas que aquí se plantean, ya han sido tratados y pensados por otros alumnos. Pero ahora, contribuyen buscando nuevas preguntas, permeadas por el contexto y tiempo específico. Es posible que con estas pequeñas diferencias abran todo un campo nuevo de pensamiento. La pregunta y el problema permanece, pero las visiones son diferentes. Nuevas perspectivas hacen sea más sólido, sofisticado y cercano a la verdad.
Dr. Dorian Hernández Vázquez.
Licenciado y Maestro en filosofía, con investigación en desarrollo moral. Doctor en humanidades con investigación en filosofía de la ciencia, epistemología y argumentación. Profesor de Filosofía, ética y ciencia en la Preparatoria de Tonalá “Dra. Ruth Padilla Muñoz”.
La violencia estructural que se encuentra presente en el sistema patriarcal, niega la autonomía de las mujeres y las trata como inferior al hombre creando una relación de poder. Aunque las víctimas de este sistema sean principalmente mujeres, terminan reproduciendo estas violencias. Esto es incluso más dañino que si un hombre ejerciera violencia de género ya que al internalizar la ideología patriarcal buscan lograr el ideal de mujer y se autoperciben mejor que las otras mujeres generando una violencia vertical en sujetos que no deberían tener una relación de poder. Está paradoja es explicada a través del concepto de alteridad de Levinas donde el yo es el hombre y el otro la mujer. La internalización del patriarcado y su reproducción de ideología es explicada por Žižek (1992), porque muchas de las mujeres son conscientes que viven en un sistema que las oprime.
La réplica de patrones patriarcales es algo esperado en un sistema que beneficia al hombre, sin embargo parece que los individuos más afectados en la repetición de estos son los que, al replicar generan más violencia que aquellos individuos que el patriarcado pone en la cima de la pirámide. Es cierto que está afirmación es polémica, podría ser una crítica a las mujeres desde la moral individual, pero en este ensayo se sostendrá que si bien no es justo evaluar a alguien con juicios propios, esto es una problemática ética que tiene que ser atendida.
Hay mujeres las cuales se percataron del sistema que generaba esta desigualdad entre los géneros binarios y que este se mantenía mediante la violencia constante, teniendo en cuenta esto decidieron luchar en contra de él y optaron por llevar a cabo un proceso de deconstrucción personal con el fin de evitar la repetición de estos patrones y erradicar la violencia. Si bien existen mujeres que, motivadas por la violencia, participan en este proceso, también hay aquellas que no ven necesario el rediseñar los valores e incluso demeritan a las otras mujeres por hacerlo. Ambos grupos de mujeres actúan de acuerdo con lo que les parece correcto, unas a favor y otras en contra del sistema. No obstante, el primer grupo replica las violencias y las multiplica siendo peor que si los hombres lo practican.
Entendamos a qué nos referimos cuando decimos que replicamos patrones violentos del patriarcado, para eso es necesario entender que es la violencia estructural.
Para existir violencia debe de existir una relación de poder entre el que somete y el sometido, si existiera igualdad de condiciones una parte no sería capaz de someter a la otra. La violencia genera daño en las dimensiones de un individuo ya sean físicas, psicológicas, morales, etc. El daño se caracteriza por ser disruptivo/agresivo, es decir, el individuo no espera ser violentado por lo que no sólo genera daños en sus dimensiones también niega la autonomía cuando se impide seguir su plan de vida.
Comprendiendo el concepto de violencia estructural; la noción de patriarcado, como estructura, aún no se encuentra del todo clara. La profesora Kiss afirma lo siguiente:
El patriarcado es un sistema de opresión que se basa en la dominación masculina y la subordinación femenina. Este sistema de opresión perpetúa las normas y los valores que refuerzan la supremacía masculina y mantienen a las mujeres en una posición de desventaja y subordinación. (2025).
Lo que el patriarcado hace es generar una relación de poder por cuestión de género y negar la autonomía de las mujeres a través de esta distinción (Butler, 1990), no sólo niega a la mujer, permite que los hombres violenten a la mujer debido a esta relación de poder.
Considerando que la sociedad ha mantenido un sistema patriarcal durante siglos, resulta lógico suponer que este sistema de opresión imparte valores que contribuyen a la formación de una ideología destinada a normalizar e integrar estas normativas, presentándose como algo natural y, por ende, verdadero.
Las mujeres que aceptan está ideología y replican las violencias a mujeres que van en contra de lo que ellas creen correcto estarían actuando bajo lo ideal del sistema. Se consideraría que la mujer está reproduciendo las mismas violencias que un hombre, no obstante, teniendo en cuenta que el patriarcado ya establece una jerarquía entre ambos géneros la violencia de hombre a mujer sería vertical y de mujer a mujer horizontal.
Parecería que al decir que la violencia de una mujer a otra, es más dañina que la de un hombre a mujer, solo estamos esperando que la responsabilidad de cambiar la estructura violenta recaiga en un solo género. También se puede inferir que estamos esperando una sororidad incondicional y sería incongruente dado que “la sororidad no se obtiene por la identidad de género, no es natural ni es sencilla, demanda analizar críticamente el orden social en el que se vive” (Melissa Cardoza, 2021, p. 6).
Para sustentar mi postura me apoyaré en la teoría de Emmanuel Levinas, específicamente en su concepto de Alteridad. Emmanuel toma la idea de alteridad para explicar que la individualización que tomamos al formar una identidad propia sin pensar en los demás como importantes, niega nuestra propia identidad porque rompe con el compromiso que nos hace humanos, es decir al reconocer al otro que existimos (existe el yo). (Levinas,1935 citado por Quezada, 2011: 227).
Ahora planteemos que el yo es lo conocemos como hombre y el otro es la mujer. La mujer patriarcal no ve que la relación la cual ofrece el patriarcado entre hombre y mujer, hace que el hombre tenga el poder de reconocer o no a la mujer como individuo y a través de eso quitarle derechos. Ella cree que al cumplir con el ideal, ella puede deslindarse del papel del otro y ser el yo autopercibiéndose como “una más de los chicos” y ejerciendo la violencia para negar el reconocimiento de las otras mujeres. Al replicar esta violencia ella no se ve a sí misma en posición de igualdad con las otras chicas, ella ya no está en el mismo nivel en la pirámide patriarcal, lo que haría que ejerza una violencia vertical.
Según Žižek, la ideología es clave para entender por qué pasa esto (1992). Žižek plantea que la ideología no es más que una distorsión de la realidad, una mentira que no solo creemos, sino que estructura nuestra realidad social; que aunque tiene fallas seguimos siendo partícipes de él, aún si nos damos cuenta que nos daña, nos aferramos porque obtuvimos un goce de ella y si nos damos cuenta que es una mentira, decidimos no verlo porque nos evita enfrentar lo real: “la ideología no es una ilusión tipo sueño que construimos para huir de la insoportable realidad, es una construcción de la fantasía que funge de soporte a nuestra ‘realidad’ ”. (Žižek citado por Hernández, 2006). La mujer patriarcal cree que la ideología representa su realidad y la sigue replicando, aún si se ve violentada por hombres que la cosifican, ella recibe su aprobación y es más fácil aceptar la ideología donde te ves violentada, pero “recompensada” que en aquella donde tienes que ir en contra de todo un sistema que solo te violenta.
La violencia de género que perpetúa a una mujer, genera un retroceso en la lucha en contra del patriarcado. La réplica de patrones patriarcales es algo esperado en este sistema, sin embargo, parece que los individuos más afectados generan más daños al repetir estos patrones que aquellos individuos que el patriarcado pone en la cima de la pirámide. Las mujeres patriarcales, al cumplir con las expectativas, se auto perciben como un hombre más, generando una brecha de poder entre ellas y las mujeres que están en contra de este sistema, dando así una violencia vertical. Las mujeres patriarcales muchas veces deciden participar en esto por distintas razones, sin embargo, es importante reconocer que pelear en contra de un sistema es agotador. Exigir que todas las mujeres se deconstruyan es negar sus realidades, pero es importante seguir luchando y exponer estas violencias que todas sufrimos.
Referencias
Butler, J. (1990). El género en disputa. Paidós.
Cardoza, M. (2 de mayo de 2021). Alteridad y sororidad en el autocuidado feminista: algunas de las propuestas en debate. Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe. Recuperado de:
Del griego topos (τόπος: lugar) y frenia (φρένεια: mente, pensamiento)
El crítico literario Rober Tally Jr. explica la topofrenia con espacios
íntimos y seguros que, de pronto, se vuelven agrestes. Es como ese cofre del
tesoro que resulta ser un mimic en las historias de aventuras o a la otra
madre, Beldam, de Coraline; pero esto
se desarrolla en espacios específicos. ¿Qué pasa cuando mi cuarto ya no es un
lugar para protegerme en los sueños, sino un espacio amenazante y, en el
umbral, puedo ver la silueta de alguien que me acecha?
Dicen que los escritores somos un termómetro moral de la sociedad;
claramente, no podemos negar que estamos mal como ciudadanos: llenos de una
inseguridad malsana que nos presiona el costado en el camión y que se sube a
nuestras espaldas cuando caminamos en soledad por las calles. Sin embargo,
también los escritores somos quienes podemos mostrar la versión más horrible de
la realidad para hacer una denuncia social de aquello que nos incomoda.
La narrativa sí cuenta historias incómodas, Guadalupe Nettel tiene un libro
con ese título, justamente; pero quedarnos en silencio en esos espacios y no
hacer ninguna denuncia sería ser cómplices de ese mal, una contradicción a lo
que los escritores buscamos hacer al sentarnos frente a la computadora, al
abrir el celular, al sacar nuestra libreta y presionar el bolígrafo para
empezar a dibujar esa realidad.
Leamos el siguiente corredor de narraciones como una advertencia de lo que podemos encontrar en la vida real y pensemos en que allá, en el centro de los maizales, podríamos encontrar una sonrisa descolocada que nunca habíamos visto.
Ome Galindo*
Crítico literario y escritor. Además de tener el doctorado en Humanidades, es autor de diversos géneros con distintos premios nacionales e internacionales. También es locutor, promotror de lectura y gestor cultural. Actualmente es docente de la Preparatoria 8,
Cuando regresé a la granja de mi abuelo no sentía miedo, la verdad solo quería vender el lugar y ya. Desde que él murió, nadie más había vivido ahí y el terreno estaba medio abandonado.
La primera noche fue rara, pero no pasó nada grave, lo único extraño era el silencio. En la ciudad siempre hay ruido, pero ahí no se escuchaba nada, solo el sonido del maíz moviéndose con el viento. Era como si las hojas se movieran todo el tiempo, aunque no hubiera viento.
Esa noche escuché un silbido, pensé que fue mi imaginación. Fue un sonido largo, bajito, como cuando alguien intenta silbar pero no le sale bien. Me quedé quieto y en silencio esperando que se repitiera, pero ya no se volvió a escuchar nada más.
Al día siguiente fui al maizal, las plantas estaban más altas de lo normal, casi me tapaban la vista. Caminando empecé a sentir algo raro, era una sensación como si alguien me estuviera observando; se que suena raro y exagerado, pero era una sensación muy clara.
Entonces lo escuché otra vez, el silbido de aquella noche, pero esta vez sonó más cerca. Me detuve y volteé rápido, pero no había nadie. Ni siquiera viento, todo estaba demasiado quieto. Intenté convencerme de que solo me estaba sugestionando. La gente del pueblo siempre decía que esa tierra era “extraña”, pero yo nunca creí eso.
Esa noche soñé con mi abuelo; estaba parado en medio del maíz, de espaldas. Yo le hablaba pero no contestaba y cuando intentaba acercarme, las plantas crecían entre nosotros y no me dejaban llegar. Desperté sudando, fue ahí cuando escuché mi nombre, no fue tan fuerte, fue casi un susurro. No quise ni pensarlo. Me levanté y revisé toda la casa; no había nadie. En los días siguientes, todo empeoró. El silbido ya no era solo un sonido cualquiera. Empezó a tener ritmo. Empezó a sonar… igual que mi respiración. Cuando yo respiraba rápido, el silbido también, cuando intentaba contener el aire, el sonido se detenía. Fue cuando entendí algo que me dio más miedo que cualquier cosa: no me estaba llamando, me estaba copiando.
Una tarde encontré un espantapájaros en medio del maizal. No recordaba haberlo visto antes, tenía ropa vieja y cuando me acerqué, sentí que algo estaba mal. Di la vuelta para regresar a la casa y justo en ese momento escuché el silbido detrás de mí. Cuando volteé otra vez, el espantapájaros estaba ligeramente inclinado hacia mi lado, como si me estuviera mirando. Esa noche no dormí, a las 3 de la mañana el silbido comenzó a sonar dentro de la casa, lento, imperfecto… como si alguien estuviera aprendiendo a usar una voz. Salí corriendo hacia el maizal sin pensar. Sentía que si me quedaba ahí me iba a volver loco. Las plantas se movían aunque no había viento y todas parecían apuntar hacía el centro. Cuando volví, lo vi. Había otro espantapájaros. Con mi chamarra, con mi estatura, con mi cara, tenía los ojos cerrados, el silbido salía de su boca. Intenté gritar, pero no pude. Sentí que me faltaba el aire, como si algo me lo estuviera quitando poco a poco. Todo el maíz empezó a moverse al mismo tiempo, como si respirara. Y por primera vez entendí que la granja nunca estuvo vacía; algo estaba ahí, esperando aprender de mí. No sé cuánto tiempo pasó después de eso, solo sé que ahora el maizal se ve más alto y que en el centro hay un espantapájaros nuevo, con los ojos abiertos.
Alma Monserrat Bautista Martinez Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga
Había un parque donde siempre había una banca vacía; no porque nadie quisiera sentarse, sino porque, según decían, hablaba.
Una tarde, una niña, Sarahí, decidió intentarlo y sentarse en ella. Se sentó y al instante, escuchó una voz suave:
—¿Eres Sarahí? ¿la misma niña que eras hace un año? ¿O eres la misma niña después de cometer un error?
Sarahí en ese instante pensó en sus malas decisiones, en las peleas con su mamá, en lo mucho que había cambiado su forma de pensar y actuar.
—Sí, soy la misma… pero también no —respondió confundida.
—Si cambiaste tanto, ¿qué parte de tí sigue siendo tú? —insistió la banca.
Sarahí miró sus manos. No eran las mismas de cuando era niña. Sus gustos tampoco. Su forma de pensar menos. Pero había algo que permanecía: una especie de hilo invisible que unía todos sus recuerdos y experiencias.
—Tal vez soy mi historia… mi propia historia —dijo al fin.
La banca no volvió a hablar.
Sarahí se levantó de la banca distinta. Entendió que crecer y equivocarse no es dejar de ser uno mismo, sino aprender que somos un cambio constante y que podemos mejorar… y aun así, seguimos siendo nosotros.
Donde las miradas hablan la tormenta susurra Paola Guadalupe Limón Ríos Preparatoria Regional de El Salto, Módulo Juanacatlán
En un pequeño pueblo de Jalisco, la gente hablaba en voz baja cada vez que encendía la televisión. Las noticias repetían un nombre que parecía pesar en el ambiente: Lichto, un hombre del que se decía tenía mucha influencia en la región. Para algunos era solo un nombre más; para otros, una sombra que se extendía sobre carreteras y montañas.
Mateo, un joven de 16 años, no entendía del todo lo que pasaba, pero sí notaba que cada vez que los adultos escuchaban esas noticias, el ambiente en casa cambiaba.
Una tarde, el cielo del pueblo se llenó de humo a lo lejos. Las noticias hablaban de vehículos incendiados y bloqueos en distintas carreteras del estado. La gente lo llamaba “la quemazón”. No era algo que Mateo hubiera visto antes, y el miedo se sentía diferente: más real, más cercano.
Su mamá cerró el negocio antes de tiempo. Su papá pidió que nadie saliera. En la escuela, los rumores iban y venían, y el nombre de Lichto aparecía en casi todas las conversaciones, aunque nadie sabía realmente qué era verdad.
Mateo miraba por la ventana preguntándose cómo las acciones de una sola persona podían alterar la tranquilidad de tantas familias. El humo no solo estaba en el aire; también parecía meterse en los pensamientos de todos.
Con el paso de los días, las carreteras se despejaron y el humo desapareció. El pueblo volvió poco a poco a su rutina. Las noticias dejaron de repetir el nombre y la vida siguió adelante.
Esa noche, su padre le dijo algo que Mateo guardó para siempre:
El miedo se propaga rápido, pero la esperanza también, si uno decide alimentarla.
Mateo entendió que no podía controlar lo que hacían otros, pero sí podía decidir quién quería ser. Y eligió un camino distinto, lejos de las sombras y más cerca de un futuro mejor.
Jacqueline Elizabeth Vázquez Amaya Escuela Vocacional
Bajo otras circunstancias, me hubiera presentado distinto, tendría derecho a dar una mejor imagen, pero en este momento, ni siquiera yo misma me reconozco. Incluso usaría otro nombre que, a pesar de no recordarlo, me gustaba más que el que cargo ahora.
Me presento como el Caso 457, apodo tan repetitivo que, en estos cinco años, me ha hecho olvidar mis apellidos. Somos miles dentro de este lugar de amnesia, donde nuestro nombre de pila se convierte en «Caso» y nuestra historia en un código destinado a perderse en papel. Eso sí, no somos tan desafortunados como aquellos que no llegan siquiera a valer lo suficiente para sumar un número en la estadística. Por eso no perdemos la fe; incluso nuestro club de podredumbre podría ser clausurado algún día. Pero ya que ha llegado hasta aquí, ¿podría decirme a usted qué le ocurrió? Al ser el nuevo, le pregunto no por entrometida, sino porque temo que quien nos redacta, distorsione también su realidad. Después de todo, ya forma parte de la cuenta.
El suelo donde nací Iliana Lynette García Torres Preparatoria de Jalisoc
Que asco me dan ustedes las ratas, ustedes que roban, ustedes que toman las cosas, ustedes que se llevan la comida, ustedes que mantienen una asquerosa y enferma familia. Me repugna ver cómo se llevan los medicamentos para curar a sus pestilentes crías enfermas, ustedes malditas que no pueden pagar un hogar, ustedes seres repulsivos que ya no creen en las falsas esperanzas que les ofrecen los de arriba Malditas ratas asquerosas. Me da asco que intenten sobrevivir.
Autopsia del conejo inocente María Isabel Alejo López Preparatoria de Jalisco
Joselyn Gómez Salcido Preparatoria Regional de Santa Anita
Querida amiga, gustosa de darte la bienvenida, espero puedas estar cómoda y disfrutar tu estadía. Hace mucho que no te veía, hasta había olvidado el peculiar sonido de tu voz, tremenda ironía. Volvió tu pequeña sumisa y con eso puedes quitarle la vida. Háblale sucio, dile mentiras, compara todo lo que ella sería. Cuéntale historias, enséñale imágenes; ella seguro te escuchará, seguirá cada paso y contará cada caloría. Pero esa es tu cualidad más efectiva, convencer a cualquiera de que gozas de sabiduría. A quién trata de engañar tu pobre víctima, si no ha olvidado tus insensibles carcajadas, los pensamientos con los que entras en su mente, y la labia con la que la deshacías. Juega con su energía, debe de sentirse culpable al final del día, porque toda esa comida solo la hace sentir más perdida.
Creyendo que alguien la amaría, con todo el desastre que es su patética familia, hasta olvido como era amarse a sí misma.
El diagnóstico de la doctora no era mentira, esa mentalidad tan maldita le trajo una sorpresita. Ya no era digna de ser una arpía, mucho menos una persona, dejó de valer algo. Solo era el experimento mal hecho de la niña que ya no era tan niña.
6 letras, una palabra y todo su problemita por delante. Pero está vez no hubo gritos, o regaños, ni fue digna de golpes.
El silencio se adueñó de la sala y ninguno de los presentes podían decir nada, excepto mi querida amiga, que reía y aplaudía en su silla, poniéndose de pie para admirar el espectáculo que había creado.
Con esa pícara sonrisa y su jodida vocecita, expresó:
– Felicidades, pequeña idiota, ahora serás reducida a una etiqueta – Rió más fuerte y aplaudió sarcásticamente.
– Eres mía y ya nunca más podrás escapar, princesita- hizo una pausa corta, con ese gesto burlón y lastimero que ya le era familiar -¿O debería decirte «anemiquita»?
Y ahí estaba su patética obra, escuchando a la doctora, atada a algo invisible para los presentes, pero era esclava de su propia mente.
Espero se sienta bienvenida señora Anemia, siéntase como en su casa, tome la siesta, porque este será su hogar y su permanencia será crucial para la pequeña; la pendeja que puedes manejar a tu antojo, la marioneta de la que te encanta jugar con sus cuerdas, de la perra que aguanta hambre para ser delgadita y bonita, de tu muñequita bien maquillada.
Pero recuerda, nada de vómito, después de todo la «anemiquita» no puede humillarse más siendo la «bulimiquita».
Mi Vaticano del diluvio María Isabel Alejo López Preparatoria de Jaliscoíntegro Jonathan Daniel Rafael De Santiago Preparatoria Regional de Tequila
Podríamos decir que es fácil enamorarse cuando lo tienes todo. La gente de países de primer mundo no sabe lo que es el amor, y eso que hay grandes historias europeas sobre parejas que lo tenían todo en contra y aún así forjaron una relación que prevaleció ante los peores escenarios; y son realmente hermosas, pero eso es ficción. Es fácil caer ante esa premisa si ignoramos que la mayoría de ellos no se preocupan por el techo que los cubre, los servicios públicos de salud en donde viven, la educación que reciben, o tal vez, sin divagar mucho, sobre si las calles que rodean su casa son lo suficientemente seguras para caminar por ellas cuando el sol ya se ha escondido.
Sonaré muy patriota, aunque mentiría si dijera que no amo a mi país, pero no es solo eso, no es solo el amor que le tengo a México lo que me hace pensar que un romance de barrio es mejor que uno en París o Roma. Creo fielmente que una de las formas más puras de amar es en un ambiente lleno de caos y de conflictos económicos y políticos. En pocas palabras, es muy diferente amar a alguien cuando sobrevives entre la crisis del tercer mundo y tus propios problemas personales, que cuando amas teniéndolo todo en la palma de tu mano. La vida no es fácil para nadie, este mundo tiene la rara y oportuna tendencia de jodernos a todos en el momento y lugar menos indicado, pero si mezclamos eso con vivir en un país altamente inseguro, la idea de perder la comodidad de la soltería y aventurarse a desnudar tu alma frente a otra persona de repente suena descabellada, y aún así lo hacemos. En especial los jóvenes, como nos encanta enamorarnos de todo y todos, y los amores más intensos son justo en esta etapa de nuestras vidas; sentimos todo demasiado. No entiendo cómo eso se acaba en la adultez, o si en realidad no se acaba y solo es que los adultos son demasiado cobardes para salir de su zona de confort y deciden buscar cosas “serias” y “estables” y no una explosión de emociones como nosotros los chavos.
—¿Y todo ese choro por qué me lo cuentas, Gael? —preguntó Fer, una chica hermosa de cabello castaño, cada mechón, un perfecto espiral destilante de la misma belleza y alegría que te transmitía su rostro con solo verla sonreír.
Ella es mi sol, mi luna y las estrellas, no la amo, la “cielo”, como dijo Frida Kahlo, porque decir que la amo más que a nada, hace a la nada parecer mucho. Somos mejores amigos desde hace años, y no siempre estuve enamorado de ella, aunque con el revoltijo de pensamientos que tengo en la cabeza, no soy capaz de afirmar o negar nada, tal vez siempre la miré con otros ojos, lo que no me sorprendería; ella siempre ha estado ahí, cuando he llorado con las rodillas raspadas por caer en el suelo, o cuando también he llorado pero por motivos más densos. Es ella, ella a la que quiero y busco cuando las manos me tiemblan de ansiedad por un problema en mi casa o la escuela. Es la única en la que me gasto los últimos cincuenta pesos de mi cartera a mitad de la semana, sabiendo que si algún profesor pide material de papelería probablemente ya valí, pero todo eso merece el esfuerzo cuando escucho su risa, cuando siento su cabeza en mi hombro, justo como ahora, que estamos en la calle sentados en la banqueta con el atardecer pisándole los talones al reloj, tomando de la misma botella de plástico agua mezclada con algo de licor que le robamos a su mamá. Me gustaría saber si los españoles o primermundistas conocen este sentimiento. No tengo nada en su contra, pero no creo que puedan encontrar a alguien más radiante que ella; que les otorgue la paz que ella me otorga en medio del caos latino.
—Nada más, ¿no te suena interesante mi teoría? —le quité un mechón de cabello de la cara, riéndome un poco de como no podía acomodarse detrás de su oreja, una tontería, pero en defensa propia, ningún pensamiento que pudiera crear en mi cabeza estaba saliendo ileso ante la influencia del alcohol.
—Los poetas podrían diferir —le dio un pequeño trago a la botella de agua, el sonido de sus manos apretando el plástico de la misma; llenando el silencio que antes ocupaban el viento y nuestras respiraciones—. tienes suerte de que sea pintora y no poeta, el concepto de un amor prosperando en medio del desastre es buena inspiración para una pintura.
—¿Y quiénes serían los protagonistas de esa historia que retratarías?
—Dejame pensarlo… —se apoyó en mi hombro para levantarse del suelo, me ofreció la mano para hacer lo mismo y la tomé, porque odio el contacto físico, pero no cuando viene de ella—. ¿Qué tal tú y yo?
Me quedé paralizado, como si el tiempo se hubiera detenido de repente y solo existieramos ella y yo en este mundo, bueno, ella, yo y el caos. Pero antes de que mi mente intentara autosabotearse, hablé.
—Va. Tú, yo y el caos.
Y la besé.
La comida Evelyn Astrid Renteria Gomez Preparatoria 3Lo que el fuego no se llevó Angel Abraham Arreola Dueñas Preparatoria Regional de El Salto
Siempre he tenido una relación bastante estrecha con mi papá, siendo cariñoso, atento y amistoso. Nuestros conocidos siempre recalcaban que era una gran persona, sobre todo un padre ejemplar. Todas las noches él tenía la costumbre de arroparme y decirme “dulces sueños mi niña, no olvides que te quiero mucho”, concluyendo con un beso en la frente. Este hábito lo tuvo hasta la noche que cumplí 16. Después fue distinto, recuerdo algunas cosas como el vacío que formaba la oscuridad de mi cuarto junto con un frío indescriptible, también recuerdo haber visto a mi papá a lo lejos, viéndome fijamente desde la puerta mientras desabrochaba su pantalón.
Detrás del morbo Enrique Gallegos Orozco Preparatoria 9